Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Conflicto de Oriente Medio

El impacto de la guerra en la economía de Irán: 23.000 fábricas dañadas y casi un año de riqueza vapuleada

Con 270.000 millones de dólares en daños, una inflación disparada y dos millones de empleos perdidos, el coste de la guerra podría determinar el desenlace de las negociaciones con EEUU y las perspectivas de supervivencia del régimen

Un cartel con los rostros de los lídeers supremos de Irán Ruhollah Jomeini, Alí Jameneí y Mojtaba Jameneí, en una calle de Teherán.

Un cartel con los rostros de los lídeers supremos de Irán Ruhollah Jomeini, Alí Jameneí y Mojtaba Jameneí, en una calle de Teherán. / ABEDIN TAHERKENAREH / EFE

Ricardo Mir de Francia

Ricardo Mir de Francia

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

“¿Qué está pasando en este país, señor Pezeshkian?” En la televisión estatal iraní raramente se piden directamente explicaciones a los líderes del país, pero eso es precisamente lo que hizo esta semana la presentadora Elmira Sharifi dirigiéndose al presidente de la República Islámica. Mirando a cámara con semblante serio, escribe uno de los medios de la oposición, Sharifi le leyó la cartilla asegurando que muchos iraníes ya no se pueden permitir productos básicos como la leche, el arroz, el azúcar o las medicinas. La destrucción ocasionada por la guerra ha agravado un poco más la delicada situación económica del país. La inflación se situó en marzo en el 70%, según datos oficiales, y el rial tocó un nuevo mínimo esta semana en su cotización contra el dólar. Dos millones de empleos se han evaporado como consecuencia de los ataques de Israel y Estados Unidos, que no solo se han cebado con instalaciones militares sino también con infraestructuras civiles, incluida una parte sustancial del tejido productivo de Irán.

Algo más de cuatro semanas después del frágil alto el fuego, no hay guerra como tal pero tampoco paz en Irán. El diálogo entre las partes está en gran medida estancado, con más tentativas para negociar que negociaciones reales. La confrontación militar ha dejado paso a un pulso económico, donde el desenlace podría depender de cuál de las partes puede aguantar más tiempo la sangría provocada por el doble bloqueo del estrecho de Ormuz. Irán impide el paso a los buques vinculados a EEUU, Israel y sus aliados, mientras la Marina estadounidense hace lo propio bloqueando los puertos iraníes. No acaba de se un cierre hermético, pero ambas partes están sufriendo y por el camino mantienen a la economía mundial como rehén.

El impacto sobre el tejido industrial del país es masivo. Los bombardeos aéreos han dañado o destruido 23.000 fábricas, según el medio EcoIran, una cifra equivalente al 20% de las plantas de producción del país. Algunos sectores se han paralizado. Desde la famosa industria de las alfombras hasta las siderurgia, de acuerdo con Associated Press. Otros como el sector lácteo están teniendo dificultades para empaquetar sus productos y llevarlos al mercado.

Para justificar sus ataques sobre el entramado civil del país, ataques prohibidos por el derecho internacional humanitario salvo en circunstancias muy específicas, tanto EEUU como Israel han esgrimido que parte de la economía iraní está en manos de sectores del régimen como la Guardia Revolucionaria. Pero a nadie se le escapa tampoco que el objetivo inicial de ambos países era crear las condiciones para provocar un levantamiento popular que pudieran derrocar a los ayatolás, algo que de momento no ha sucedido.

Coste de la guerra: 270.000 millones

Y lo han hecho diezmando su tejido productivo. Fábricas de aluminio, acerías, cementeras, complejos petroquímicos, refinerías y pozos de hidrocarburos, laboratorios farmacéuticos, centros de investigación y universidades. O muchos de los aeropuertos internacionales del país, como los de Teherán, Tabriz o Urmia. A eso hay que añadirle las consecuencias del bloqueo de Ormuz, que han paralizado el comercio por vía marítima, casi el 90% del comercio exterior del país. Incluidas las importaciones, imprescindibles para algunos sectores. Teherán estima los costes de la guerra para su economía en 270.000 millones de dólares, una cifra muy similar a los 300.000 millones que proyecta el Fondo Monetario Internacional. Esa primera cifra representa casi el 90% del PIB iraní, es decir, casi un año entero de producción económica.

De acuerdo con el economista iraní del Quincy Institute, Hadi Kahalzadeh, entre 10 y 12 millones de empleos —la mitad de la fuerza laboral del país— están en peligro. De momento, dos millones ya se han perdido, según las autoridades. "Muchas empresas han suspendido sus actividades por la presión combinada derivada de la guerra, la inflación, la recesión y el colapso de la demanda", ha dicho el economista.

Tampoco ayudan los frecuentes apagones de internet, implementados inicialmente por el régimen para restringir las comunicaciones. La principal compañía de comercio electrónico, Digikala, ha comenzado a despedir trabajadores en distintos departamentos, según los medios del país, y muchos iraníes que trabajaban para clientes extranjeros llevan dos meses fuera del mercado laboral. "No tengo nuevos proyectos, ni respuesta de mis clientes. Es como si todo se hubiera parado súbitamente", le ha dicho a la CNN una diseñadora freelance iraní, incapaz ahora de cubrir siquiera sus gastos básicos.

La crisis previa

Todo eso en un país que caminaba ya sobre el alambre antes de esta última guerra, acechado por la inflación, las sanciones y la corrupción. A finales del año pasado cientos de miles de iraníes se echaron a la calle para protestar por la situación económica, unas protestas que no tardaron en adquirir un cariz político para reclamar un cambio de régimen. Las autoridades respondieron con una represión brutal que dejó miles de muertos.

Ya por entonces el presidente Masud Pezeshkian reconoció la incapacidad de su Gobierno para hacer frente a la situación. No solo por la inflación galopante, sino también por el déficit presupuestario o la escasez de energía y agua. "No tenemos dinero, no lo tenemos", dijo entonces el dirigente iraní, según The New York Times. De modo que esperan meses de extrema penuria para la población iraní, una complicación más para los ayatolás, que tratan de obtener reparaciones de guerra, así como el levantamiento de las sanciones en las negociaciones con EEUU para tratar de reactivar la economía.

De momento Pakistán, el mediador en las conversaciones, ha dado permiso a Teherán para utilizar su territorio como ruta terrestre para dar salida a su comercio. Paralelamente el Financial Times señala que todo parece indicar hasta ahora que el bloqueo de EEUU está excluyendo a los buques que transportan petróleo iraní a China, el principal cliente de sus hidrocarburos. Son balones de oxígeno para una economía en cuidados intensivos, una economía de la que podría depender el desenlace de las negociaciones con Washington, pero también la propia supervivencia del régimen de los ayatolás.

Suscríbete para seguir leyendo

TEMAS