Memoria histórica
La trata de esclavos africanos, un crimen que Francia se 'abstiene' de reconocer
La abstención de París en una resolución de la ONU sobre la esclavitud reabre el debate en el país sobre la responsabilidad francesa en los desmanes del colonialismo

El secretario general de la ONU, António Guterres, durante un discurso en la Asamblea General sobre la abolición de la esclavitud. / BIANCA OTERO / CONTACTO / EUROPA PRESS

Hay silencios que pesan más que un voto en contra, y en la diplomacia, la abstención también dice muchas cosas. Francia decidió recientemente abstenerse en la votación de una resolución de la ONU que calificaba la trata de esclavos africanos como el "crimen más grave contra la humanidad".
Una decisión que, según el ministro de Asuntos Exteriores, Jean-Noël Barrot, se tomó para evitar "crear una jerarquía entre los crímenes contra la humanidad y poner en competencia el sufrimiento de estas abominaciones". "Es esencial, si queremos construir un futuro juntos, ser capaces de llevar a cabo esta labor de recuerdo y verdad sobre nuestro pasado, tanto en sus aspectos positivos como en sus aspectos más oscuros", defendió el ministro en un intento por justificar la posición francesa.
El texto en cuestión fue presentado por el presidente de Ghana, John Mahama, cuyo país fue el primero del continente en obtener la independencia en 1957, y su objetivo es reconocer y denunciar la esclavitud transatlántica que afectó a millones de personas procedentes de África Occidental y Central. Además, esta resolución insta a los Estados a participar en un proceso judicial para reparar los daños del pasado, lo que incluye disculpas formales, indemnización para los descendientes de las víctimas, políticas contra el racismo y la restitución de los bienes culturales y espirituales saqueados.
Sin embargo, lejos de ser un primer paso para sanar y reparar, la abstención de Francia ha desatado una gran incomodidad, especialmente, entre los diputados de Guadalupe, Martinica y la Guayana Francesa, quienes criticaron duramente la posición de su Gobierno. "Francia ha enviado una señal profundamente incomprensible que contradice su historial legislativo", denunció Béatrice Bellay, parlamentaria socialista de Martinica, recordando que Francia había sido "el primer" país en dar un paso hacia este reconocimiento con la Ley Taubira del año 2001, donde se reconoció oficialmente la trata transatlántica de esclavos.
Papel histórico
Durante siglos, Francia fue una de las principales potencias esclavistas europeas, junto con Portugal, Gran Bretaña y España. A través del llamado "comercio triangular", barcos franceses partían desde puertos como Nantes o Burdeos hacía las costas de África Occidental para realizar intercambio de mercancías por esclavos.
Estas personas luego eran trasladadas hacía otros territorios franceses, como Martinica o Guadalupe, para realizar trabajos forzados en plantaciones de café, algodón o azúcar. Varios documentos acreditan que más de 1,3 millones de africanos fueron deportados en barcos franceses durante años, bajo condiciones insalubres y castigos extremadamente violentos.
"Se había hecho la trata de 465 Negros, pero en una revuelta tuvimos que matar a 199, y solo quedaron los 266 aquí señalados, cinco de los cuales se los llevó el capitán cuando fue a Santo Domingo", se puede leer en el diario de a bordo de La Sirène, barco negrero que zarpó de Nantes el 22 de junio 1751.
Este sistema esclavista estuvo además respaldado jurídicamente por el Code Noir, una ley promulgada por Luis XIV que regía la compra y venta de esclavos, y que además definía a estas personas como "propiedad" de grandes empresarios de la época. Hasta 2001, Francia no reconoció oficialmente, mediante la Ley Taubira, la trata transatlántica y la esclavitud, además de la responsabilidad histórica francesa.
Un primer paso
La memoria colonial francesa no solo se reduce a la esclavitud. Recientemente, París ha sido presionado para devolver obras de arte y objetos saqueados durante la expansión en África, que han estado expuestos durante años en los museos más importantes del país.
Una presión que llevó a la Asamblea Nacional a aprobar una ley excepcional en 2021 que permitió la restitución de una veintena de obras pertenecientes al Tesoro de Abomey a Benín, y un sable a Senegal. Unos objetos que fueron saqueados por las tropas francesas y que permanecían desde entonces en varios museos de la capital.
"Las restituciones tienen que ser masivas y con un cambio de ley global, que no es algo aislado de una reflexión más amplia sobre la colonización. Esto es parte del amplio giro que tiene que darse en nuestras narrativas, por parte de los países occidentales", reconoce Kantuta Quirós, profesora en Escuela Superior Europea de Arte de Bretaña, en Rennes.
La devolución de estas piezas fue el primer paso para que, hace unas semanas, el Parlamento francés aprobara de forma unánime el primer proyecto de ley sobre la restitución de bienes culturales saqueados por Francia durante la colonización. "El patrimonio africano no puede ser prisionero de los museos europeos", reconoció el presidente Emmanuel Macron en 2017.
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