Claves del conflicto
¿Qué está pasando en Mali? Un ministro asesinado y una insurrección coordinada entre independentistas y Al Qaeda
Los separatistas del Frente de Liberación del Azawad (FLA) y el Grupo yihadista de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM) lanzaron este sábado una serie de ataques en múltiples puntos del país, llegando a conquistar la ciudad de Kidal
Asesinado el ministro de Defensa de Mali en su residencia en un ataque vinculado a Al-Qaeda
Grupos armados lanzan un ataque sorpresa coordinado a gran escala en la capital de Mali y otros puntos del país

Un grupo de gente pasa frente al monumento en apoyo al Ejército de Mali en la capital, Bamako, el 26 de abril de 2026. El país se encuentra desde el sábado bajo los ataques coordinados de los rebeldes tuaregs del FLA y el grupo satelital de Al Qaeda, JNIM. / / AFP
Un ministro asesinado junto a su mujer, una insurrección coordinada que ya ha tomado la ciudad de Kidal, y una docena de programadores musicales de España confinados a un hotel en Bamako. Este sábado 25 de abril, Mali volvió a convertirse en el escenario de un levantamiento protagonizado por dos fuerzas rebeldes: los separatistas tuaregs del Frente de Liberación del Azawad (FLA) que reclaman la región del norte, y el Grupo yihadista de Apoyo al Islam y los Musulmanes (JNIM, filial de Al Qaeda en el Sahel) quienes este sábado lanzaron una serie de ataques coordinados en múltiples puntos del país, entre ellos la capital de Mali, Bamako; así como Kati, Gao, Sévaré, Mopti y Kidal. Esta última tomada por las fuerzas secesionistas.
Se trata, pues, de una ofensiva considerada como la más amplia en más de una década, y que pone en evidencia la fragilidad de un gobierno dirigido por una junta militar bajo un contexto de permanente inestabilidad y violencia prolongadas.
El principal motivo tras el éxito de esta nueva insurrección está siendo la colaboración entre los rebeldes tuaregs y los yihadistas del JNIM. Ambos, en una maniobra poco habitual que enlaza las reivindicaciones separatistas del FLA con la agenda islamista transnacional, se están coordinando abiertamente en una ofensiva que amplifica seriamente las probabilidades de éxito. Un frente común interpretado como un giro político y militar sin precedentes que podría reconfigurar el equilibrio de poder en el Sahel, pero que se remonta a varios meses atrás, cuando ambos grupos trataron de asfixiar Bamako mediante ataques a varias rutas de combustible.
De hecho, en marzo de este año, fuentes de la emisora internacional francesa Radio France Internationale (RFI) ya dieron cuenta de las conversaciones entre ambos grupos para protagonizar ofensivas conjuntas en el país con el apoyo de sus principales aliados internacionales: mercenarios rusos del África Corps, conocido anteriormente como Grupo Wagner.
Hasta ahora, la víctima más notoria en el marco de esta ofensiva ha sido el ministro de Defensa de Mali, Sadio Camara, quien este sábado fue asesinado por las fuerzas del JNIM junto a su segunda esposa. Según la información recogida el domingo por AFP a través de sus familiares y fuentes gubernamentales y militares, la muerte de Camara, uno de las principales figuras de poder desde el golpe de 2020, se produjo durante el ataque a la ciudad de Kati cuando la residencia del ministro fue destruida por la explosión de un coche bomba conducido por un suicida. Un ataque que destruyó también una mezquita cercana en la que, según la junta militar, hubo víctimas civiles.
Hasta la fecha, uno de los principales éxitos para los separatistas tuaregs y la filial de Al Qaeda en el Sahel ha sido la toma de Kidal. Una ciudad estratégica al norte del país que la FLA dijo haber conquistado tras expulsar a las tropas del África Corps. Se trata de un bastión histórico para la rebelión tuareg que perdió esta ciudad en 2023 gracias al apoyo ruso a la junta militar de Mali.
Entre las víctimas colaterales de los levantamientos se encuentra un grupo de programadores musicales provenientes de España que el domingo tuvieron que confinarse en un hotel de la capital para refugiarse de la ola de explosiones y ataques en los que se ve sumido el país. Entre ellos, se encuentra la directora del Guitar BCN, Judith Llimós, quien confirmó a ACN que "están todos bien" y que la embajada española les está prestando ayuda. Esta decena de programadores, que se encontraban en Mali por un proyecto con Casa África, recibieron el domingo la visita del embajador en el país y tenían previsto viajar por la noche a Casablanca.
Desde su llegada al poder con los golpes de Estado de 2020 y 2021, la junta militar entabló una alianza regional con otros dos regímenes similares: la junta de Burkina Faso y la de Níger, bajo el rechazo común a Francia, su antigua potencia colonial, y su proximidad a Rusia. Las tres componen la Confederación de Estados del Sahel (AES) que el domingo denunció estos ataques considerados como un intento de socavar la soberanía de Mali y aterrorizar a la población. En un comunicado, AES subrayó que estos actos "cobardes" y "bárbaros" llevan la marca de un "complot monstruoso" impulsado por enemigos de la lucha por la liberación del Sahel.
Desde que en 2020 se produjo el derrocamiento del entonces presidente electo, Ibrahim Boubacar Keïta, el país situado en África Occidental no llegó a consolidar por completo un nuevo gobierno civil y el poder acabó concentrándose cada vez más en mandos militares como Abdoulaye Maïga, primer ministro desde noviembre de 2024; y la junta militar encabezada por el general Assimi Goïta, presidente de transición desde el segundo golpe de estado en 2021. Aunque la transición no era más que una formalidad, puesto que la junta militar maliense otorgó a Goita un mandato presidencial de cinco años, renovable "tantas veces como sea necesario" y sin elecciones, incumpliendo su compromiso de devolver el poder a los civiles en marzo de 2024.
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