Magnicidio fallido
El tercer atentado contra Trump pone en cuestión al Servicio Secreto de EEUU y los protocolos de seguridad
El propio atacante ridiculizó la seguridad en el hotel donde se celebraba la cena de corresponsales con presencia de Trump

Trump asegura que la violencia política "siempre ha estado" presente en Estados Unidos / Europa Press/ @realDonal

El hombre armado que el sábado por la noche atravesó corriendo un control de seguridad en el hotel Washington Hilton estaba convencido de que el Servicio Secreto no estaba preparado para proteger a los altos cargos de la Administración. Así lo dejó escrito antes de intentar acercarse al salón donde Donald Trump, el vicepresidente JD Vance y cientos de periodistas participaban en la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca.
El episodio ha abierto un frente político inmediato. El presidente de la Cámara de Representantes, Mike Johnson, que también asistió al acto, aseguró este lunes que el Servicio Secreto debe "reforzar" sus protocolos tras lo ocurrido. "Desde la perspectiva de un profano, parecía un poco laxo en cuanto al acceso al edificio", declaró en Fox News. "No vi los magnetómetros, pero no parece que fuera suficiente".
El atacante, identificado como Cole Tomas Allen, californiano de 31 años, y que ya ha sido formalmente acusado por el Departamento de Justicia por "intento de asesinato", fue detenido en cuestión de segundos, antes de que llegara al salón principal. Aun así, el hecho de que pudiera cruzar parte del perímetro ha reactivado una pregunta incómoda en Washington: si el dispositivo que protege al presidente de Estados Unidos está preparado para una etapa marcada por el aumento de las amenazas y de la violencia política.
Un ataque frenado en segundos
El fiscal general en funciones, Todd Blanche, defendió el operativo. "El sistema funcionó", afirmó el domingo en una entrevista en la cadena NBC. Según su relato, Allen solo avanzó unos metros más allá del perímetro de seguridad antes de ser reducido por los agentes.
La versión oficial insiste en que el sospechoso nunca alcanzó la zona donde estaban Trump, Vance y los invitados. Pero su presencia previa en el hotel, donde se habría alojado un día antes con una escopeta, una pistola y un cuchillo dentro del equipaje, ha alimentado las críticas.
En los escritos hallados por los investigadores, Allen expresaba sorpresa por haber podido entrar en el edificio con esas armas. También especulaba con que un terrorista iraní equipado con material más peligroso habría podido causar un daño enorme.
El dispositivo bajo examen
El portavoz del Servicio Secreto, Anthony Guglielmi, sostuvo que la agencia diseña un plan específico para cada acto. "Estas medidas se prueban rigurosamente durante el proceso previo y fueron decisivas para mitigar la amenaza y evitar daños significativos", señaló.
El perímetro de seguridad tenía varias capas. Algunas eran visibles, como los detectores de metales instalados en la entrada del área protegida. Otras no. Tras el control había agentes encargados de impedir que cualquier persona no autorizada avanzara hacia el salón. Dentro, equipos de respuesta armada estaban preparados para intervenir si la amenaza llegaba al interior. También había agentes vestidos de camareros, mezclados entre los asistentes.
Para Michael R. Centrella, exdirector adjunto del Servicio Secreto, coincidió en que lo ocurrido demuestra que el diseño se probó eficaz. "Una persona intentó entrar desde una zona sucia, una zona no segura, a una zona segura, y fue detenida antes de poder acceder al acto", explicó. "La capa de protección, tal como estaba diseñado el plan de seguridad, funcionó exactamente como debía".
Johnson pide una reevaluación
Johnson, que accedió al Washington Hilton por una entrada trasera junto a miembros del gabinete y otros altos cargos, pidió revisar cómo se protegen los grandes eventos con presencia del presidente. "Esto no puede continuar", afirmó. "Trump es la figura política más atacada y difamada de la historia. Es muy resistente, pero necesita una mayor protección".
El dirigente republicano adelantó que esta semana la Casa Blanca abordará los protocolos de seguridad de los actos de Trump con el Servicio Secreto, el Departamento de Seguridad Nacional y otros responsables. La revisión llega, además, antes de una agenda cargada de celebraciones por el 250 aniversario de Estados Unidos este verano.
También habrá examen en el Congreso. Según Johnson, el presidente del Comité de Supervisión de la Cámara, James Comer, revisará lo ocurrido y convocará pronto una audiencia con el Servicio Secreto. "Haremos lo que podamos en el Congreso", dijo. "Pero necesitamos que los líderes del Servicio Secreto se pongan las pilas y reevalúen estas cosas. Esa crítica es correcta".
Críticas y defensa de los agentes
Las imágenes grabadas dentro del salón muestran momentos de miedo y confusión. Los agentes se movieron hacia el estrado para proteger a Trump y a Vance, aunque el equipo del vicepresidente lo retiró unos segundos antes de que el presidente fuera evacuado.
Esa diferencia ha generado preguntas, pero antiguos responsables de seguridad sostienen que no implica necesariamente un fallo. Los dispositivos del presidente y del vicepresidente tienen protocolos distintos, equipos de distinto tamaño y funciones específicas. También influyen factores como la edad, la movilidad y la evaluación inmediata de si conviene evacuar, cubrir al protegido o mantenerlo en el sitio para no desplazarlo hacia una zona de mayor riesgo.
Un hotel difícil de blindar
El Washington Hilton es desde hace años la sede habitual de la gala de corresponsales, pero no es un espacio sencillo de asegurar. Es un edificio grande, abierto al público, con huéspedes entrando y saliendo de sus habitaciones y del propio hotel.
Además, el acto reúne en un mismo lugar a buena parte de la línea de sucesión presidencial, con el presidente, el vicepresidente, el presidente de la Cámara y otros altos cargos. Solo el tercero en la línea de sucesión, el senador republicano Chuck Grassley, de 92 años, y presidente pro tempore del Senado, no asistió a la cena del sábado.
Algunos políticos y comentaristas han pedido que, en futuras ediciones, el perímetro de seguridad se aleje del edificio para que cualquier intento de irrupción se produzca fuera del hotel. Antiguos responsables de protección presidencial advierten, sin embargo, de que ampliar demasiado ese perímetro también puede dispersar a los agentes y debilitar los puntos donde la respuesta debe ser más rápida y precisa.
La sombra de Butler
La presión sobre el Servicio Secreto no nace de este episodio. Desde julio de 2024, cuando un tirador disparó contra Trump en un mitin en Butler, Pensilvania, la agencia arrastra dudas profundas sobre su capacidad para anticipar amenazas.
En aquel caso, el atacante logró subirse al tejado de un edificio cercano y disparar ocho veces. Una bala rozó la oreja de Trump. Un asistente al mitin murió y otras dos personas resultaron heridas. El tirador fue abatido por un francotirador del Servicio Secreto. Después llegaron los ceses, la revisión de protocolos y un rediseño parcial de la seguridad presidencial que sin duda continuarán debatiéndose en las próximas semanas.
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