Guerra en Oriente Medio
Destrucción económica, protestas sociales y más represión: el escenario de posguerra en Irán si se mantiene el régimen
La República Islámica ha sobrevivido, de momento, al conflicto lanzado por Israel y EEUU, pero surge del conflicto completamente aislada, con una economía por los suelos y un enorme descontento social

Un hombre en motocicleta pasa junto a un cartel con el rostro del líder supremo iraní, Mojtaba Jameneí, este viernes en Teherán. / AFP

Mehdi Farid, de unos 60 años, fue hasta 2023 funcionario público iraní, pero ahora su apariencia es muy distinta: vestido de azul marino, de presidiario, barba larga y blanca, micrófono plantado delante y, sobre todo, un hilo de voz agudo, asustado, que le sale más a su pesar que por convicción. "Me dieron una dirección de IP, y a través de ella me conectaba a sus servidores y les pasaba información", explica en una entrevista publicada por la televisión pública iraní, Farid. se trata de algo común en Irán: muchos de los condenados por espionaje en el país persa son puestos ante las cámaras en sus confesiones.
Éstas, según oenegés de derechos humanos, son por lo general forzadas. "Yo les transmitía información, y ellos me ofrecieron dinero, y un pasaporte para huir de Irán", continúa Farid en la entrevista
Este funcionario fue condenado inicialmente a 10 años de cárcel, según la organización Iran Human Rights. Pero durante la guerra su caso ha sido revisado, y el pasado miércoles fue condenado a muerte y ahorcado. Su crimen: haber supuestamente espiado para Israel.
Han habido más. El martes, un día antes de la condena de Farid, otro hombre, Amir Alí Mirjafarí, fue ahorcado por haber presuntamente "quemado una mezquita" durante las multitudinarias protestas de enero de este año. Esas protestas fueron sofocadas por la policía iraní con una brutalidad apenas vista anteriormente en Irán. Las fuerzas paramilitares de la República Islámica mataron a cerca de 10.000 personas, la mayor parte de ellas en los dos días en que se registraron las movilizaciones más masiva.
El jueves, dos días después del ahorcamiento de Mirjafarí y uno después del de Farid, otro hombre corrió la misma suerte. Sultan Alí Shirzadí Fajr fue también ahorcado por "trabajar para el espionaje israelí". No han sido los únicos. Desde el inicio de la guerra, el 28 de febrero, Irán ha ejecutado a al menos 13 prisioneros políticos, en una clara aceleración de sus condenas a muerte. Teherán, además, ha detenido a más de 3.500 personas en este tiempo, según la misma oenegé. "Dados los amplios cortes de internet y las estadísticas vagas proporcionadas por las autoridades de la República de Irán, el número actual de arrestos probablemente sea mucho mayor", ha asegurado esta semana Iran Human Rights. La mayoría de los detenidos, por supuesto, están acusados de espionaje.
Una brutalidad que ya está aquí
Muchos temen ahora que el final de la guerra sea el momento en que Teherán ajuste cuentas con su población, castigada no solo por las bombas israelíes y de EEUU, sino por años de protestas y represión, además de una situación económica insostenible, con una inflación desbocada.
"Esta represión de hecho ya está. Un país de 90 millones lleva más de un mes sin internet. Pero eso es solo una parte. En muchas plazas, muchas carreteras, las milicias paramilitares Basijis —el grupo de la Guardia Revolucionaria encargado de reprimir las protestas— ha establecido puntos de control con vehículos armados. Es más que probable que estos controles se mantengan, y que los iraníes se vean forzados a partir de ahora a vivir en una especie de ley marcial, aún con la guerra terminada", explica Javier Gil Guerrero, experto en Irán y profesor de la Universidad de Navarra.
Protestas anuales
Para Irán, la situación no es nueva: ya desde 2017, el país persa ha vivido casi anualmente grandes olas de protesta, sobre todo por la nefasta situación económica, tras décadas de sanciones económicas internacionales y, también, un régimen extractivo que controla gran parte de la economía del país.
Las protestas más grandes —y las reprimidas más violentamente— tuvieron lugar en 2022, con el movimiento de "Mujer, Vida y Libertad" organizado tras la muerte de Mahsa Amini, y el pasado enero. Aun si la guerra acabase ahora y EEUU e Irán llegasen a un acuerdo nuclear, la economía seguiría en bancarrota. La posibilidad de otra ola de manifestaciones —con un Irán mucho más débil que antes— sigue siendo muy real.
"Por eso creo que el Gobierno está manteniendo esta postura obstinada en las negociaciones, porque parecen ser conscientes de que cualquier fin a esta guerra que sea un retorno a la situación de antes, en la que hay paz pero se mantienen las sanciones, es un callejón sin salida. Es alargar la agonía del régimen", asegura Gil Guerrero. A juicio del analista, por este motivo Teherán se muestra firme con el bloqueo estadounidense de Ormuz, y con su rechazo a entregar los 440 kilos de uranio altamente enriquecido.
"Porque no pueden permitirse que el fin de esta guerra sea volver a la situación previa. Si las sanciones económicas siguen, entonces ellos se mantienen en este callejón sin salida, con protestas sociales que continuarán y con el hundimiento económico que mantendrá su marcha inexorable", continúa el experto.
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