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Mural de Diego Armando Maradona en Buenos Aires

Mural de Diego Armando Maradona en Buenos Aires / Rolando Andrade Stracuzzi

Abel Gilbert

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Buenos Aires
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Buenos Aires bien vale una misa. O dos, aunque en uno de los casos sea parte de una religiosidad profana. En esta misma ciudad acaba de recordarse al papa Francisco a un año de su muerte, y a la vez se prepara en junio otra conmemoración: los 40 años del gol de Diego Maradona a los ingleses en el Mundial de México.  La llamada 'Pascua Maradonian'" forma parte de los "milagros" del Diez, según la Iglesia que lleva su nombre. Y si bien esa forma de adoración podría parecer un exceso o una mascarada, sus integrantes se la toman como un culto que tiene hasta excomuniones si alguien se atreve, por ejemplo, a poner a Leo Messi por encima de "el Diego".

Francisco nació en el barrio de Flores. Aunque Maradona lo hizo en Villa Fiorito, en la periferia sur de la ciudad de Buenos Aires, con sus calles de tierra y sin servicios básicos, ha quedado como Jorge Bergoglio indisolublemente ligado a la capital argentina. El Diego ha vivido aquí en dos barrios tradicionales, en Paternal, a pocos metros del estadio de Argentinos Juniors donde inició en 1976 su carrera profesional, un barrio esta vez de clase media, y, a mediados de los noventa, en Villa Devoto, a su regreso después de las peripecias en Italia y España. Esa vez habitó un apartamento lujoso. Pero a estas alturas, ÉL se encuentra en todas partes.

Ascensos y caídas

Buenos Aires podría reorganizarse a partir de esas imágenes y señas a la vista que comenzaron a proliferar a partir de su despedida del mundo que había tenido debajo de la suela de sus botines. Hay Maradonas tamaño natural y gigantes, a la altura de su leyenda, se lo puede observar en su minuto de máximo esplendor, el gol a los ingleses, o pintado con la boca bien abierta y un habano. Hay Diegos con barba, el padre de sus hijas e hijo de sus padres incluidos en el santoral, esbelto y obeso, niño y sexagenario, con alas de ángel plebeyo y una aureola en la cabeza, con las casacas de Argentinos Juniors o Boca Juniors. Pero también existen murales en los que está triste, y no podía ser de otra manera, porque el mito por excelencia de este país ha conocido el cielo y el barro. Sus ascensos y caídas son explicados, aceptados o no, y además objeto de la discusión política. El ultraderechista Javier Milei no deja de confesar su preferencia por Messi y tachar a Maradona de izquierdista y adicto de dudosa moralidad.

Mural de Diego Armando Maradona en Buenos Aires.

Mural de Diego Armando Maradona en Buenos Aires. / Rolando Andrade Stracuzzi

Maradona murió el 25 de noviembre de 2020, en medio de los rigores de la pandemia. El desenlace se palpaba en el aire. El excapitán de la selección estaba irreconocible un mes antes debido a sus problemas de salud. Había padecido una cirugía craneal por un hematoma subdural que lo que obligó a una rehabilitación llevada a cabo en un centro privado en la periferia norte bonaerense. Allí murió debido a un infarto y un edema pulmonar, en medio de un cuadro clínico más vasto y espeluznante que incluía el deterioro neurológico, la cirrosis e insuficiencia renal. La noticia del deceso sobrecogió a un país. Una multitud desafió la cuarentena para despedirlo en la sede del poder ejecutivo. Todo terminó muy mal, excesivamente mal, porque la policía comenzó a agredir a los que formaban la interminable fila que los llevaba hasta el féretro.

El segundo juicio

El Diez puede ser memoria emotiva permanente y actualidad. Entra y sale de las conversaciones según las noticias, y estas se encuentran a flor de piel en la sociedad. Se ha iniciado un segundo juicio para determinar las responsabilidades en la penosa muerte de aquel que era llamado "Dios" en un estado de abandono que no hizo más que añadir otro capítulo a su leyenda. Han sido acusados de homicidio simple con dolo eventual el neurocirujano Leopoldo Luciano Luque, la psiquiatra Agustina Cosachov, el psicólogo Carlos Ángel Díaz. También se sientan en el banquillo de los acusados tres enfermeros y otros dos médicos encargados de controlar su salud.

Argentine football legend Diego Maradona's former medical doctor Leopoldo Luque (C) is seen at a courthouse for a preliminary hearing in a trial over his death in San Isidro, outskirts of Buenos Aires on April 14, 2026. (Photo by Tomas CUESTA / AFP)

En el centro, el neurocirujano Leopoldo Luciano Luque, acusado de su muerte. / TOMAS CUESTA / AFP

El primer juicio debió ser suspendido el año pasado cuando, después de semanas de testimonios, se descubrió que la jueza Julieta Makintach había firmado un contrato con una productora audiovisual para realizar una película sobre ese proceso que la tenía como protagonista. Al momento en que se anuló la actuación de los tribunales habían salido a la luz situaciones espeluznantes: el corazón de Maradona se había deformado completamente por un exceso de grasa al punto de pesar 503 gramos, el doble de lo admitido. En su abdomen se habían acumulado tres litros de agua, indicios para los querellantes de que su agonía fue tan larga como brutal.

Cada martes y jueves, y al menos durante los próximos tres meses, los argentinos conocerán nuevos detalles de lo ocurrido como si se tratara de una serie más sobre el personaje. El juicio se lleva a cabo en la localidad de San Isidro, a media hora de la ciudad de Buenos Aires. Se espera que más de 120 personas sean citadas como testigos. Lo que ya se sabe es que los acusados han cambiado su estrategia defensiva. Los jueces Alberto Gaig, Alberto Ortolani y Pablo Rolón serán los encargados de emitir el dictamen. No será el único acontecimiento maradoniano del año.

Para el 20 de octubre se espera otra velada evocativa. Ese día se cumplirá medio siglo de la iniciación profesional del futbolista. Seguro que la Iglesia Maradoniana evocará a su santo patrono con algún ritual. Para entonces, se supone que se conocerán las responsabilidades de los acusados y, seguramente, se pintarán nuevos murales. La ciudad ha hecho suya la devoción iconográfica que comenzó en Nápoles en los años ochenta y que se puede encontrar en distintas urbes del planeta, desde París y Londres a las calles destruidas del Líbano.

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