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Reacción antitecnológica

El temor a la IA y a su rápido despliegue amenaza con desembocar en estallidos de violencia política

La preocupación por los "riesgos existenciales" que la industria tecnológica ha vinculado a la IA se ha traducido en un creciente rechazo social que ya ha degenerado en un puñado de ataques violentos

El sospechoso de lanzar bomba molotov contra la casa de Sam Altman fue captado en video

El sospechoso de lanzar bomba molotov contra la casa de Sam Altman fue captado en video

Carles Planas Bou

Carles Planas Bou

Barcelona
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El pasado 10 de abril, un hombre de 20 años lanzó un cóctel molotov contra una opulenta mansión en San Francisco. No era el hogar de un millonario cualquiera, sino el de Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI, responsable de ChatGPT. El presunto autor fue detenido frente a la oficina central de la empresa cuando amenazaba con incendiarla y matar a todos los que estaban dentro.

Esa misma semana, al otro lado de Estados Unidos, un agresor no identificado disparó 13 tiros contra la puerta principal de una casa en Indianápolis y dejó un cartel que rezaba: "NO A LOS CENTROS DE DATOS". De nuevo, no era una vivienda común, sino la de Ron Gibson, un concejal que acababa de votar a favor de la construcción de una de esas infraestructuras.

Lejos de ser anecdóticos, ambos episodios reflejan el creciente rechazo social a la inteligencia artificial. Según una reciente encuesta del canal NBC, casi la mitad de los estadounidenses tiene una opinión negativa de la IA y solo el 26% la valora positivamente. El descontento por el acelerado despliegue de este paraguas de tecnologías en casi todos los ámbitos de nuestra vida se ha traducido principalmente en movimientos de oposición democrática y en iniciativas legislativas para paralizar los data centers. Esa resistencia no es monolítica, sino un amalgama de ideologías que se nutren de preocupaciones que van desde la economía o el medio ambiente hasta la religión.

De la resistencia a la violencia

Sin embargo, cada vez más voces advierten que esa indignación amenaza con mutar para desembocar en estallidos de violencia política. Así lo advirtió a finales de 2025 un informe de The Soufan Center, una reputada organización con sede en Nueva York que estudia el terrorismo. Menos de dos días después del asalto, la policía detuvo a una mujer y un hombre de 25 y 23 años de edad por presuntamente haber disparado con una pistola contra el hogar desde su coche antes de huir.

Aunque han sido denunciados, ambos ataques también han sido aplaudidos en redes sociales por algunos usuarios. "¡Espero que el [cóctel] molotov esté bien!", reza un comentario irónico con miles de likes. Esa celebración memética de la violencia recuerda a la que se vivió cuando Luigi Mangione tiroteó a bocajarro al director de la empresa de seguros de salud UnitedHealthcare.

"Miedo y ansiedad"

Tras el susto por el ataque a su complejo residencial de 27 millones de dólares, el mandamás de OpenAI publicó una reflexión en la que promovía los potenciales beneficios de la IA generativa, pero también validaba la creciente preocupación social. "El miedo y la ansiedad sobre la IA están justificados (...) Estamos siendo testigos del mayor cambio social que se ha producido en mucho tiempo, y quizá de toda la historia", explicaba en una publicación acompañada de una foto de su marido y del bebé que comparten.

En su discurso, Altman lamenta la investigación que The New Yorker publicó poco antes del ataque –que constata que el joven magnate tecnológico miente habitualmente para conseguir lo que quiere– e hizo un llamamiento público a "moderar el tono y las tácticas". Su apelación ha despertado múltiples críticas: no por su rechazo a la violencia, sino por la hipocresía de quién la pronuncia. "Han sido Altman y sus colegas directores del sector de la IA quienes se han pasado la última década hablando de la IA en términos existenciales", recalca el analista tecnológico Casey Newton.

"El desarrollo de una IA sobrehumana es probablemente la mayor amenaza para la supervivencia de la humanidad"

Sam Altman

— Director ejecutivo de OpenAI

Silicon Valley lleva años utilizando la alarma como estrategia de márketing para vender su producto como un ente sobrenatural y todopoderoso. "El desarrollo de una IA sobrehumana es probablemente la mayor amenaza para la supervivencia de la humanidad", escribió Altman ya en 2015. El máximo responsable de ChatGPT ha firmado una declaración que compara el "riesgo de extinción derivado de la IA" al de catástrofes como las "pandemias y la guerra nuclear". Personalidades tecnológicas tan influyentes como Elon Musk (Tesla, SpaceX, X), Dario Amodei (Anthropic) o Demis Hassabis (Google DeepMind) se han pronunciado en los mismos términos. Musk incluso ha flirteado públicamente con las ideas de Theodore Kaczynski, más conocido como Unabomber, el terrorista antitecnológico condenado a ocho sentencias de cadena perpetua por su campaña de atentados de base neoludita.

Reacción social

A pesar de tratarse de una proyección futurista exagerada, la visión de esos magnates de la tecnología ha sido tomada al pie de la letra por muchos ciudadanos. Y, para bien o para mal, eso ha llevado a una mayor conciencia sobre los riesgos de la IA que ha alimentado la oposición a los centros de datos o al uso de asistentes como ChatGPT, sistemas entrenados para generar texto, imágenes o vídeos hiperrealistas que suponen una amenaza para los puestos de trabajo de muchas personas.

La reacción social también tiene una derivada política. Y es que tecnoligarcas como Altman, Musk o Mark Zuckerberg se han convertido en una nueva élite aristocrática que usa con impunidad su fortuna para ignorar la democracia. Sin ir más lejos, el presidente de OpenAI, Greg Brockman, ha donado al menos 25 millones de dólares al comité político de Donald Trump. Además, la firma ha apoyado las maniobras del presidente estadounidense para vetar que los Estados puedan regular la IA, ha cerrado un polémico acuerdo para ceder sus sistemas al Pentágono –después que se vetase a su rival Anthropic por oponerse al uso de su IA para la vigilancia social masiva y la creación de armas autónomas– y está regando la campaña a las elecciones de medio mandato en EEUU para tumbar a políticos contrarios a sus intereses.

Según el analista Brian Merchant, autor del libro sobre el movimiento ludita Sangre en las máquinas, señala que el "motor común que alimenta las furias" contra la industria digital es la "profunda tendencia antidemocrática inherente al proyecto actual de la IA".

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