Cumbre en Barcelona
Albin Kurti, primer ministro de Kosovo: “España debería haber reconocido a Kosovo hace mucho, pero aún está a tiempo”
El mandatario kosovar pide en una entrevista con EL PERIÓDICO que España les reconozca como estado con tal de acceder al proceso de adhesión de la UE

lbin Kurti, primer ministro de Kosovo,en el Global Progressive Mobilisation / El Periódico / Jordi Otix

Albin Kurti (Pristina, 1975) es el primer ministro de Kosovo, reconocido como Estado por 103 países de la ONU y por 22 de los 27 miembros de la Unión Europea. España no es uno de ellos, un obstáculo que la aleja de la adhesión a la UE. Kurti, que fue prisionero de las fuerzas serbias durante la guerra, ha abanderado la lucha contra la corrupción y la regeneración democrática de Kosovo tras el genocidio de 1999. El mandatario se entrevista con EL PERIÓDICO en el marco del foro Global Progressive Mobilisation celebrado en Barcelona, y sostiene que la integracion de Kosovo en la UE es clave para frenar el avance de Rusia en el este de Europa.
¿Qué le diría al liderazgo político español sobre el reconocimiento de Kosovo?
Le diría que España no debería equiparar el caso de Kosovo con sus propias tensiones territoriales. Serbia cometió un genocidio; no cabe establecer paralelismos entre Madrid y Belgrado. No hay comparación posible y España debería haber reconocido a Kosovo hace ya mucho tiempo, aunque aún está a tiempo de hacerlo. Yo trabajo por ello y espero que lo haga. No tenemos ninguna disputa con España. No hay obstáculos para reconocer a Kosovo. Cuanto antes cambie eso, mejor.
¿Ha habido avances con España que le den esperanza?
Durante el mandato del presidente Sánchez hemos tenido el reconocimiento de los pasaportes de Kosovo y la liberalización de visados para Schengen, así que la atmósfera entre nuestros dos países es mucho mejor. Por eso es importante contar con el reconocimiento de España: eso nos ayudaría en el proceso de acceso a la UE. En Bruselas siempre nos han dicho que los cinco países que no reconocen a Kosovo suponen un gran obstáculo.
¿Por qué debería ser reconocido Kosovo?
Somos el país más democrático de los Balcanes Occidentales, según múltiples organizaciones como Freedom House, Transparency International o el World Justice Project, que evalúan el estado de derecho, la lucha contra la corrupción, las libertades civiles y los derechos políticos. Es importante reconocer el progreso. Hemos avanzado en todos los índices democráticos. El PIB per cápita es hoy tres veces mayor que en 2008 y hemos reducido las desigualdades y mejorado la justicia social.
¿Cómo avanza el proceso de adhesión a la UE?
Las relaciones con la UE son buenas. Llevamos más de una década aplicando el Acuerdo de Estabilización y Asociación con la UE. En el último informe, de octubre de 2025, de 38 áreas Kosovo progresó en 35 y en las otras tres no hubo retroceso. Nuestro principal socio comercial es la UE. En Kosovo somos 1,6 millones de habitantes, pero hay al menos otro millón en la diáspora, más del 80 % en la UE, lo que tiende puentes sociales y también para la inversión y el comercio. Lo que necesitamos es obtener el estatus de candidato y poder empezar a abordar las reformas de la administración pública y del poder judicial que nos pidan.
¿Sigue queriendo el pueblo kosovar entrar en la UE?
Sin duda. Más del 90 % de la población quiere entrar en la UE. A veces la moral decae cuando Bruselas nos da negativas, pero luego se recupera. Y la entrada también será buena para la UE: su frontera exterior se reducirá en más de 3.000 kilómetros con la entrada de los Balcanes Occidentales. Eso mejorará la seguridad: una Unión más grande, pero con una frontera exterior más corta. Mientras Rusia se amplía violentamente, soy un defensor de que la Unión Europea debería ampliarse pacíficamente.
¿Cómo viven la guerra de Ucrania desde los Balcanes?
Las imágenes de la masacre de Bucha nos devolvieron al trauma del genocidio de 1999. Más de 10.000 civiles desarmados fueron asesinados, unas 20.000 mujeres fueron violadas, 120.000 casas fueron destruidas o quemadas, 860.000 albano-kosovares fueron expulsados y al menos medio millón más fueron desplazados internos. Pero pensábamos que la nuestra iba a ser la última gran guerra en Europa. Esto nos mostró que los poderes autocráticos se vuelven a imponer si ven la oportunidad. Nosotros entendimos que la lucha de Ucrania está al servicio de la defensa de la democracia y salimos en su ayuda, militar y humanitaria. Nunca hubo vacilación entre la gente de Kosovo sobre qué lado es el correcto y el justo.
¿Le preocupa que Ucrania tenga una vía rápida hacia la UE, antes que Kosovo?
Todo el que quiera entrar en la UE, que sea prodemocrático, progresista y tenga una posición clara frente al Kremlin, cuenta con nuestro apoyo. La envidia no tiene cabida. Así que, si Ucrania entra en la UE, adelante. Cuanto más rápido, mejor. Recuerdo que cuando la presidenta Ursula von der Leyen entregó el cuestionario para la adhesión al presidente Zelenski, yo me puse muy contento. No estoy contento de que todavía no me lo haya dado a mí, pero sí de que se lo diera al presidente Zelenski. Nunca permitiré que mi juicio sobre algo justo quede ensombrecido por algo de lo que nosotros carecemos.
¿Puede haber normalización con Serbia sin reconocimiento mutuo?
El presidente de Serbia tiene una excelente relación con el primer ministro Orbán y es un buen amigo del presidente Putin. No sorprende que fuera ministro de Propaganda de Milošević en 1999, cuando el ejército y la policía serbios cometían genocidio y limpieza étnica en mi país, algo que siguen negando, a pesar de las sentencias firmes del Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia. No es posible normalizar las relaciones entre Kosovo y Serbia sin reconocer los crímenes del pasado. Para la reconciliación necesitamos justicia y confianza mutua. No estamos ahí todavía, pero participamos en un diálogo constructivo entre Kosovo y Serbia en Bruselas que llevó a un acuerdo de normalización. El presidente de Serbia lo aceptó, pero al final se negó a firmarlo.
¿Empeoraron las relaciones entonces?
Desde esa negativa, Serbia ha llevado a cabo varias incursiones en nuestro territorio. En 2023 secuestraron a tres de nuestros policías y mataron a un sargento. En 2024 volaron una infraestructura crítica que proporciona agua a más de la mitad de Kosovo. Ha habido provocaciones contra nuestra soberanía y nuestra paz. Sin embargo, ya no existen dentro de Kosovo estructuras vinculadas a Serbia que operen al margen del Estado y puedan desafiar su autoridad. Lo único que les queda es enviar a veces paramilitares o drones para provocarnos. Pero nosotros somos cada vez más fuertes con nuestra policía y nuestro Ejército.
¿Qué experiencia personal le dejó aquella guerra?
Estuve en prisión durante la guerra; el primer año fue en condiciones que se parecían a las de un campo de concentración. Después, con la retirada de la policía y del Ejército serbio de Kosovo, me trasladaron con otros 2.000 presos kosovares a cárceles en Serbia. Yo fui uno de los que sobrevivió, pero hay más de 1.600 desaparecidos. Es una pérdida inmensa. Pero yo era joven y, cuando sales vivo y sin estragos graves de salud, debes seguir adelante.
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