Fuerzas armadas
La guerra en Irán abre el debate sobre la falta de medios y financiación en el Ejército británico
Starmer insiste en sus planes de aumentar el gasto en defensa, pero los malos pronósticos económicos han dejado a su Gobierno con poco margen de maniobra

El primer ministro británico, Keir Starmer, durante su intervención en el Parlamento este miércoles. / AFP

La inestabilidad provocada por la guerra en Irán ha abierto el debate sobre la falta de medios y de financiación en el Ejército británico. Las presiones para que el Gobierno laborista apruebe inversiones adicionales han ido en aumento esta semana tras las críticas del exsecretario general de la OTAN y exministro laborista George Robertson, quien ha acusado al primer ministro, Keir Starmer, de no impulsar las medidas necesarias para poner freno al deterioro de las fuerzas armadas. Starmer ha insistido en sus planes de aumentar el gasto en defensa, pero los malos pronósticos económicos han dejado a su Gobierno con poco margen de maniobra.
El Reino Unido prevé aumentar el gasto militar hasta el 2,6% del PIB en 2027 y hasta el 3% en la próxima legislatura. Pero altos mandos militares alertan de que, a pesar de los planes de inversión, seguirá habiendo un agujero de 28.000 millones de libras esterlinas (unos 32.000 millones de euros) en los próximos cuatro años. El Ministerio de Defensa está presionando para aumentar la partida destinada al gasto militar con el objetivo de reforzar unas fuerzas armadas que han perdido cerca de un 20% de su personal en poco más de una década y que cuentan, en muchos casos, con un material militar obsoleto.
Starmer está tratando de liderar una alianza internacional para garantizar la seguridad tanto en Ucrania como en el estrecho de Ormuz una vez alcanzado un alto el fuego. Pero las dudas sobre la capacidad del Reino Unido de proveer material y efectivos suficientes han ido en aumento en los últimos meses, así como sobre la capacidad de repeler ataques enemigos. El impacto de drones iraníes en la base de la fuerza aérea británica en Akrotiri, en Chipre, y la lentitud en el despliegue del buque HMS Dragon en la zona, han sido una muestra de la escasa preparación ante un escenario bélico.
Aumento del gasto
El primer ministro ha asegurado que está llevando a cabo el mayor aumento en defensa desde la Guerra Fría y ha rechazado las acusaciones de "autocomplacencia corrosiva" lanzadas por Robertson. "Mi responsabilidad es mantener a salvo a los británicos y esta es una obligación que me tomo muy en serio, por eso no estoy de acuerdo con sus comentarios", ha asegurado Starmer este miércoles en un encendido debate en la Cámara de los Comunes. "Hemos heredado unos planes que no tenían presupuesto y que eran inviables. No cometeremos los mismos errores", ha añadido en referencia a los anteriores gobiernos del Partido Conservador.
El Ejecutivo está tratando de encontrar la forma de reforzar la partida de defensa en un momento muy delicado para las finanzas públicas. Las últimas previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), publicadas este lunes, han rebajado las perspectivas de crecimiento del Reino Unido del 1,3% al 0,8% este año, la caída más pronunciada entre los países del G7. Algo que ha dejado muy poco margen de maniobra a la ministra de Economía, Rachel Reeves, quien prevé aumentar la financiación de las fuerzas armadas en menos de 10.000 millones de libras adicionales en los próximos cuatro años, según el diario The Times.
Recortes sociales
El aumento del gasto militar propuesto por Reeves no ha sido suficiente para complacer a los altos mandos militares ni a la oposición, que exige al Gobierno que aplique nuevos recortes en las prestaciones sociales para tapar el agujero. "No podemos defender Gran Bretaña con un presupuesto de bienestar social en constante crecimiento", ha asegurado Robertson esta semana.
El Gobierno está optando por ahora por la prudencia y ha evitado anunciar nuevos recortes sociales, consciente de que un movimiento de este tipo puede provocar una nueva rebelión interna en un momento especialmente delicado para Starmer. El primer ministro se enfrenta en apenas tres semanas a unas elecciones locales y regionales que se presentan muy difíciles para los laboristas y cualquier movimiento en falso podría acelerar los intentos de acabar con un liderazgo ya de por sí muy cuestionado.
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