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Últimas encuestas de las elecciones en Hungría: así están los sondeos

Protesta contra el primer ministro húngaro Viktor Orbán, antes de las elecciones parlamentarias, en la Plaza de los Héroes, en Budapest, este viernes.

Protesta contra el primer ministro húngaro Viktor Orbán, antes de las elecciones parlamentarias, en la Plaza de los Héroes, en Budapest, este viernes. / Bernadett Szabo/Reuters

Gemma Casadevall

Gemma Casadevall

Budapest
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Hungría, un miembro de la Unión Europea (UE) donde un 90 % de los medios están controlados por el gobierno, donde el partido dominante Fidesz ha fusionado Estado y poder judicial, donde se obliga a la mujer a escuchar el latido del feto para abortar, se discrimina a los colectivos LGTBI+ y se aplica la línea la "acogida cero" al asilo: este el panorama que ofrece este país centroeuropeo de menos de diez millones de habitantes, cuyas elecciones parlamentarias de este domingo son el máximo reto del año para el bloque comunitario.

Se trata de asistir a la perpetuación o la caída del modelo de "democracia antiliberal" -o "iliberal"- trazado por Viktor Orbán en sus 16 años ininterrumpidos en el poder. O de ver cómo alza los brazos en señal de victoria esa página aún en blanco que es su rival opositor, Péter Magyar, el líder del conservador partido Tisza que de militar en el Fidesz de Orbán pasó a combatir la telaraña de corrupción en que se ha convertido su país. Los sondeos apuntan a una victoria opositora. Pero no es la primera vez que Hungría llega a las urnas con los pronósticos anunciando un relevo para ver, como ocurrió en 2022, a Orbán reelegido.

"Realidad paralela"

Pasear por Budapest en estos días es confrontarse con una "realidad paralela", surgida del conglomerado mediático de que se ha dotado Orbán. El primer ministro ha centrado su lucha por la reelección en difamar a Volodímir Zelenski y a lo que considera su "brazo comunitario", la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen. De no ser porque Budapest ha echado el freno, Hungría estaría inmersa en la misma guerra que el país vecino, advierte Orbán.

La otra imagen dominante en la capital es la del apoyo de EEUU a la "era de gloria" que, según la retórica del líder ultranacionalista, significará su reelección, por la amistad inquebrantable que le dispensa Donald Trump. Lejos de la capital, Magyar libra una particular batalla hasta el último minuto. Busca un voto rural que aún se le resiste, lo que es especialmente notorio en el sur, allí donde Orbán plantó en 2015 la valla que aprisionó a las columnas de refugiados en dirección a la Europa comunitaria.

De agrietar el Telón de Acero a la tenaza ultra

Que Hungría haya entrado en esta involución, tras haber sido en 1989 el país tras el Telón de Acero que abrió sus fronteras para dejar pasar hasta 57.000 ciudadanos germano-orientales de tránsito hacia la Alemania occidental, se atribuye a la "agenda Orbán". Budapest lanzó en ese año mágico para Europa "la primera piedra contra el muro de Berlín", como lo definió el entonces canciller alemán, Helmut Kohl. Tras aquella lección histórica pasó a formar parte del grupo de países del este y región báltica que en 2004 ingresaron en la UE.

Por entonces, un joven Orbán ya había tenido su primera experiencia como primer ministro en Hungría. Fue entre 1998 y 2002. Se le veía como un líder liberal. No tenía entonces la mayoría parlamentaria que luego ha usado para extender su poder. Tuvo que esperar a su siguiente victoria, en 2010, para desplegar su agenda ultranacionalista, amparado en el dominio sobre dos tercios del Parlamento.

Legislatura a legislatura

El rastro de esa agenda se ha materializado legislatura a legislatura. En la que se cerró en 2014 se aprobó una nueva Constitución basada en el nacionalismo, los llamados valores cristianos y la definición del matrimonio como la unión entre un hombre y una mujer. También se impuso una ley de medios generadora del control casi absoluto sobre estos. Cayeron las primeras advertencias de Bruselas contra el deterioro de los derechos y valores europeos.

De la Constitución fundamentada en los valores cristianos en su formato más retrógrado pasó Orbán a proclamar en la siguiente legislatura su modelo de “democracia iliberal”. Es decir, cerca de lo que se entiende por ir a votar en Rusia o Turquía. Cuadraba en la estrategia diversificadora de alianzas, lo que se tradujo en su papel de máximo aliado en la UE de Vladímir Putin, un rumbo del que no se ha desviado ni tras el inicio de la invasión de Ucrania de 2022.

A ese segundo mandato en serie corresponde asimismo el rechazo total a la llegada de inmigrantes y refugiados o la construcción de las vallas fronterizas iniciada con la crisis migratoria de 2015. También a ese periodo corresponde la andanada de Orbán contra el ámbito académico, concretamente contra la Universidad Centroeuropea de George Soros, que acabó mudándose a Viena visto que en Budapest se la pretendía asfixiar.

Con el siguiente periodo, entre 2018 y 2022, se convirtió en irreversible el divorcio entre Bruselas y la Hungría de Orbán. En la crisis de la pandemia se mantuvo al margen de la estrategia comunitaria frente al covid. Respondió luego a la guerra de agresión sobre Ucrania bloqueando uno tras otro los paquetes de sanciones contra Moscú y entorpeció mientras pudo el ingreso en la OTAN de Finlandia y Suecia, precipitado por el pánico al expansionismo ruso.

Puntal ultraderechista

El euroescepticismoo de Orbán parece insaciable. Bajo la etiqueta de los "Patriotas para Europa", el tercer grupo de la Eurocámara tras populares y socialdemócratas, ha aglutinado a parte de la familia ultraderechista, desde Países Bajos, a República Checa, Austria, Francia y Vox en España.

Hungría habrá recibido entre 2014 y 2020 unos 39.000 millones de euros de la UE. Bruselas mantiene bloqueados otros 18.000 millones por ataques a los valores europeos. La baza de Magyar es la promesa de liberar esos fondos y revertir la maraña totalitarista creada por más de una década y media de dominio ultranacionalista.

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