Análisis
Cómo la operación Furia Épica de Trump y Netanyahu acaba en victoria de Irán con la 'guerra de Ormuz'
La foto de la llegada este sábado a Pakistán de la delegación de EE.UU, encabezada por el vicepresidente J.D. Vance, para negociar el plan de alto el fuego de 10 puntos de Irán refleja, aunque parcialmente, la cuenta de pérdidas y ganancias de la guerra.
Es la primera vez que ambos países se reúnen desde la crisis de los rehenes de 1979-1981, tras la revolución que depuso al Sha Reza Pahleví, cuando estudiantes islámicos retuvieron a 52 estadounidenses en la embajada de EE. UU. en Teherán durante 444 días, tras la revolución iraní.

Ilustración que muestra a JD Vance nervioso jugando a póker con el ministro de Asuntos Exteriores de Irán y Donald Trump vigilando. Creado con IA / IA

"Dios creó la guerra para que los americanos aprendieran geografía."
Frase apócrifa atribuida al escritor norteamericano Mark Twain (1835-1910).
El pasado jueves, día 9 de abril, a pesar del júbilo inicial de los mercados ante el anuncio del alto el fuego después de que Trump amenazara con destruir la civilización persa los traders o traficantes de crudo entraron en pánico.
El gobierno de Teherán decidió —ante el feroz ataque-provocación lanzado por Israel en Líbano con casi 300 muertos— mantener cerrado el estrecho de Ormuz.
En el mar del Norte, refinerías rusas, asiáticas y europeas pagaron el jueves por el crudo Forties —es el nombre del yacimiento más grande del Mar del Norte, a 170 kilómetros de la ciudad escocesa de Aberdeen—147 dólares/ barril para entrega inmediata.
Es decir, estamos hablando del mercado físico del crudo; no de futuros a tres o seis meses. Mercado contante y sonante. Esas compras de petróleo físico se pagaron ese día casi un 50% por ciento más que los 97 dólares/barril que fijaba el mercado para el precio internacional del crudo Brent con entrega en junio próximo.
Esas refinerías querían asegurarse el crudo porque los buques cisterna que esperaban están varados en el estrecho de Ormuz. 147 dólares/barril es un precio que no se conocía desde la Gran Recesión de 2008.
La frase, apócrifa, atribuida a Mark Twain, sobre la guerra la geografía, tiene su miga. Es precisamente un documento difundido por el gobierno de Teherán esta semana donde se enseña a los americanos, y al mundo, por qué razones geopolíticas la campaña Furia Épica se convirtió en la guerra del estrecho de Ormuz.

Tráfico por el estrecho de Ormuz / Fuente: Kpler, consultora marítima
“Ningún poder va a poder darle la vuelta a la eterna dominación del estrecho de Ormuz. No es un mero pasaje o vía de navegación mundial. Se trata de una estratégica vía de agua que representa el pulso de la economía energética mundial y simultáneamente un potente activo para la República Islámica de Irán para reordenar fundamentalmente el equilibrio de poder en el golfo Pérsico y en el mundo. Irán busca no solo meramente proteger y monitorizar el estrecho de Ormuz sino ejercitar absolutamente la inteligencia y el control para en el corto plazo forzar a cualquier adversario a retirarse, negociar o aceptar los términos de Irán y, a largo plazo, lograr que ese control permanente e inagotable sea una ventaja estratégica”.
El análisis continúa: “Esta autoridad indisputable sobre este punto de bloqueo por donde pasa el 20% de la navegación del petróleo, busca regular el tráfico, cobrar peaje, e influir sobre el suministro global y se trata de reconfigurar como parte de la dinámica en la región en el eje de resistencia de Irán y sus aliados… Ninguna amenaza militar o diplomática puede afectar esta inalterable realidad. Irán con una costa de 1.600 kilómetros en el golfo Pérsico y el mar de Omán. Esta extensa costa incluye numerosas islas de valor estratégico que sirven de puntos de bloqueo. A diferencia del Canal de Suez o del Canal de Panamá, el estrecho de Ormuz es la única ruta obligatoria para el transporte del crudo, gas licuado, y productos químicos camino del Océano Índico y los mercados globales. No existen alternativas viables para eludir el control de Irán”.
Según se ha probado en la guerra desatada por Trump y Netanyahu, lo que dice Irán no es retórica. Lo ha aplicado. Y Trump, al aceptar los 10 puntos de Irán como “plan viable” para negociar la paz, parece haberse dado cuenta que no será fácil dinamitar, como cree Israel, la situación creada.
El vicepresidente Vance no lo tiene fácil. Porque en Islamabad, donde ha comenzado a negociar con el ministro de Asuntos Exteriores de Irán, Abbas Araghchi —el mismo que en Ginebra aceptaba condiciones sin precedentes de control sobre el programa de enriquecimiento de uranio— está escoltado por quienes hicieron abortar el pacto prácticamente firmado el 26 de febrero en Ginebra. Es decir: Steve Witkoff, el millonario amigo de Trump y de Netanyahu, y Jared Kushner, yerno de Trump. Y porque Trump intentará utilizar a Vance, el único que se opuso a desencadenar la guerra de Irán, como chivo expiatorio.
Con todo, EEUU necesita no volver a la guerra. Y entre otras cosas porque el armamento que ha utilizado y el que ha proporcionado a Israel ha vaciado sus depósitos.
Este viernes, precisamente, se informó de que la empresa contratista de defensa Lockheed Martin había obtenido un contrato del Pentágono por valor de 4.700 millones de dólares para el suministro de interceptores Patriot, ampliamente utilizados por Estados Unidos y sus aliados para derribar misiles y drones iraníes. Especialmente por Israel, que registra un agotamiento de sus existencias.
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