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Guerra en Irán

La escasez de petróleo y la crisis energética golpean con fuerza a Asia

Países del sudeste asiático recomiendan el uso de la bicicleta en lugar de vehículos a motor, vestir ropa ligera para evitar el aire acondicionado o usar las escaleras en vez del ascensor

Motoristas hacen cola para repostar en una gasolinera de Bangkok, Tailandia, el 26 de marzo de 2026. Los precios del combustible en Tailandia se dispararon tras la escalada del conflicto en Oriente Medio

Motoristas hacen cola para repostar en una gasolinera de Bangkok, Tailandia, el 26 de marzo de 2026. Los precios del combustible en Tailandia se dispararon tras la escalada del conflicto en Oriente Medio / RUNGROJ YONGRIT / EFE

Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Barcelona
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Quizá no era una buena idea que el continente más poblado del mundo confiara en los hidrocarburos de Oriente Medio para cubrir su ingente demanda energética. Asia, a diferencia de Europa o Estados Unidos, carece de vías alternativas de suministro al estrecho de Ormuz. Ninguna zona sufre más la guerra en Irán que Asia, volcada de nuevo al carbón, muy contaminante, pero con un horizonte esperanzador si aprende la lección: la seguridad energética pasa por las energías renovables domésticas.

Sri Lanka ha instaurado una semana de cuatro días laborables para las instituciones públicas, con el miércoles de vacaciones; Tailandia recomienda sustituir el traje por la camisa de manga corta para ahorrar en aire acondicionado y usar las escaleras en lugar del ascensor; Birmania solo permite a los vehículos privados circular en días alternativos; Bangladesh ha normalizado los apagones energéticos y cerrado las universidades, y Vietnam aconseja a sus ciudadanos quedarse en casa o usar la bicicleta o el transporte público. Las medidas desesperadas para racionar un bien cada vez más escaso son habituales desde que Estados Unidos empezó a descargar bombas sobre Irán. Entre los principales damnificados están sus principales aliados en la zona. Japón, una isla sin recursos naturales, liberó al mercado las reservas de crudo privadas primero y las públicas después para embridar los precios. Corea del Sur ya restringió el uso del vehículo entre sus funcionarios y lo hará en el sector privado en cuanto el barril de crudo alcance los 120 dólares. No ocurría algo así desde hacía 35 años, con la Guerra del Golfo.

Tampoco China es inmune, pero su panorama es mucho menos dramático. La seguridad energética no falta en sus discursos políticos y años atrás ya aceleró la transición a las renovables. La mitad de los vehículos vendidos en la actualidad son eléctricos, pero la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, el órgano regulador, intervino hace dos semanas para amortiguar las subidas de precios y aliviar la factura de los 300 millones de conductores de vehículos de gasolina y diésel. “Esta crisis actual da crédito a su estrategia de diversificar tanto las fuentes de energía como el suministro de petróleo. La mayoría de países buscan la diversificación. Incluso los de Oriente Medio, que cuentan con tremendas reservas, tienen intereses estratégicos más allá del petróleo para aumentar su resiliencia. Solo Estados Unidos parece ir en contra de esa tendencia”, asegura Calvin Quek, director de la organización Transition Asia.

Personas circulando en motocicleta por Hanói, Vietnam, el 30 de marzo de 2026. El Gobierno vietnamita ha aprobado una financiación anticipada adicional de 303,7 millones de dólares estadounidenses para el fondo de estabilización de los precios de los combustibles, con el fin de contribuir a estabilizar los precios internos de los combustibles.

Personas circulando en motocicleta por Hanói, Vietnam, el 30 de marzo de 2026. El Gobierno vietnamita ha aprobado una financiación anticipada adicional de 303,7 millones de dólares estadounidenses para el fondo de estabilización de los precios de los combustibles, con el fin de contribuir a estabilizar los precios internos de los combustibles. / LUONG THAI LINH / EFE

El cuello del gas

Asia dejará de recibir pronto gas natural licuado y no es un problema menor. El continente compra el 90 % del que produce Oriente Medio. Su principal fuente es Qatar, el mayor exportador global, que detuvo la producción al inicio de la guerra. Hasta ahora, Asia ha aguantado las estrecheces con los barcos que habían zarpado antes de los ataques estadounidenses, pero los últimos llegarán a puerto en los próximos días. Después, la situación será crítica para Japón, Singapur, Tailandia y Pakistán, que obtienen de él un tercio o más de su energía nacional.

El gas natural licuado es un combustible de transición, menos sucio que el carbón y más fiable que las energías verdes. También es demasiado frágil frente a la geopolítica: la invasión rusa de Ucrania y la guerra de Irán han cortocircuitado su suministro y disparado los precios. Dos crisis en un lustro lo descartan como una fuente fiable y razonablemente barata. Goldman Sachs pronostica que su precio en 2028 será un 57 % más alto que antes de la guerra.

En ese contexto, el efecto es un súbito viraje hacia el carbón, que perjudicará al medio ambiente y a la salud. Bangladesh, Pakistán, Filipinas y Tailandia han aumentado su quema. Corea del Sur estaba en pleno proceso de descarbonización y pretendía cerrar todas sus plantas en 2040, pero hace semanas aprobó la suspensión temporal de las limitaciones.

La salida renovable

El carbón es el remedio inmediato; las energías renovables, la cura definitiva. El embajador chino en la ASEAN, la organización del sudeste asiático, animó recientemente a ver esta crisis como una oportunidad para profundizar en la transición a la energía limpia. No parece sensato que un continente con tantos deberes pendientes en su lucha contra la pobreza confíe su prosperidad a una estructura energética tan inconsistente.

“Esta guerra dará más ímpetu a muchos países, pero ya había una tendencia en Asia hacia la electrificación y la diversificación. Cuando un país elabora un plan energético, no lo hace basándose en los últimos acontecimientos, como una guerra, sino pensando en lo que es mejor para toda su población a largo plazo. Y las energías renovables te dan la independencia definitiva porque el viento y el sol no se detienen”, sostiene Quek.

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