Fuera de órbita
Lideresas de extrema derecha

La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni. / GIUSEPPE LAMI / EFE

Uno de los fenómenos de este siglo es la exitosa irrupción en la escena política europea de los partidos de extrema derecha. Una de las peculiaridades de esta nueva derecha radical y populista es el protagonismo cada vez mayor que han adquirido las mujeres. A lo largo de este primer cuarto de siglo, 14 políticas europeas han liderado partidos de ultraderecha. De ellas, cinco siguen estando al frente de sus formaciones: la italiana Giorgia Meloni, la francesa Marine Le Pen, la alemana Alice Weidel, la finlandesa Riikka Purra y la noruega Sylvi Lishaus. Nacionalistas y conservadoras, reniegan del feminismo y combaten con tintes xenófobos la inmigración. Parte de su ideario es defender las raíces cristianas de Europa y los valores de la familia tradicional. Eso al menos sobre el papel. Meloni es madre soltera, Le Pen está divorciada dos veces y convive con una amiga de la infancia y Weisdel es lesbiana.
La primera ministra italiana es la más poderosa de todas ellas. De 48 años y madre de una hija se define como "mujer, madre y cristiana". En 2022 se convirtió en la primera mujer en ocupar el cargo de jefa del Ejecutivo en la historia del país transalpino. Meloni se mueve como pez en el agua entre los dirigentes masculinos del resto del mundo. Hija de un comunista que abandonó a su familia, de joven militó en un partido neofascista que ensalzaba la figura de Benito Mussolini. "Todo lo que hizo (Mussolini) lo hizo por Italia", dijo entonces. Su partido, Hermanos de Italia, mantiene el lema "Dios, patria, familia", el mismo que popularizó el dictador en los años 20 del siglo pasado. En un país donde las crisis de gobierno son recurrentes, el de Meloni es uno de los más duraderos y estables de la historia reciente Italia. Ya lleva más de tres años al frente del Ejecutivo.
Por su lado Marine Le Pen, de 57 años y madres de tres hijos, se hizo cargo en el 2011 de la entonces formación de extrema derecha francesa Frente Nacional (FN). Recogió el testigo de su padre, Jean Marie Le Pen, fundador del FN, a quien apartó del partido por sus comentarios antijudíos. Esta fue una de las primeras medidas que tomó en el proceso de "desdiabolización" de la formación política que, a partir de entonces, pasó a llamarse Agrupación Nacional (RN, por sus siglas en francés). Su logotipo dejó de ser una incendiaria llama para convertirse en una rosa azul. El objetivo fue mostrar un partido moderado y limpio de toda masculinidad agresiva.
Desde entonces, RN no ha dejado de crecer en votos, aunque Le Pen no ha logrado todavía tocar la cima del poder. Su éxito electoral se ha visto ensombrecido por el juicio que le ha condenado a cuatro años de prisión y a cinco de inhabilitación para cargo público por malversación de fondos europeos. Actualmente el juicio está en apelación. La sentencia definitiva se conocerá este verano y puede vetar su candidatura a las presidenciales del 2027.
Xenofobia y discursos del miedo
El de Alice Weidel, es, sin duda, el caso más singular y paradójico. Es la máxima dirigente de Alternativa para Alemania (AfD), un partido nada fácil de gobernar por las diferentes facciones que lo forman. Su pareja sentimental es una mujer nacida en Sri Lanka, con la que tiene dos hijos adoptivos. Su orientación sexual le ha permitido dotar al partido de un aire tolerante y más abierto, aunque Weidel, de 37 años, utiliza su identidad como mujer lesbiana para radicalizar su discurso antiinmigración, sobre todo contra el islam. Se presenta como la protectora del colectivo LGTBI+ ante las "pandillas musulmanas" y la "homofobia de la cultura islámica". La líder ultra considera a los inmigrantes irregulares "la fuente de todo mal".
El discurso de Weidel lo comparten también sus colegas ultras. "No hay lugar para el islam en Europa", repite Meloni. "No a las voces islamistas y a la inmigración masiva y sí a la seguridad en las fronteras". Para Le Pen, los inmigrantes son los culpables de la mayoría de violaciones sexuales y de la falta de seguridad de las mujeres francesas. Asegura que los derechos de las mujeres retrocederán debido a la "normalización" del islam en Europa. Se presenta como la "madre protectora de Francia".
Xenofobia y discursos del miedo que han ido calando y que son, en parte, causa del éxito de sus formaciones y también de las del partido Verdaderos Finlandeses, dirigido por Riikka Purra, actualmente ministra de Hacienda y viceprimera ministra del Gobierno de coalición en Helsinki, y el Partido del Progreso, que encabeza Sylvi Lishaus, líder de la oposición en Noruega.
Fuera del continente, la ultraderecha avanza con paso firme en Australia y de la mano también de una mujer, Pauline Hanson, máxima dirigente del partido Una Nación. Los últimos sondeos otorgan a su formación política hasta un 20% de apoyos. En el grupo se podría incluir también a la ultraconservadora Dama de Hierro japonesa antiinmigración, la flamante primera ministra, Sanae Takarchi. La última vez que una mujer dirigió el país de sol naciente fue en 1771, cuando la emperatriz Go-Sakuramachi ocupó el trono imperial.
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