Guerra en Oriente Medio
Invasión terrestre de Irán: los peligros que prevén los marines de EEUU
Manuales tácticos de la infantería de marina estadounidense señalan los riesgos de desembarcos anfibios como el que podría ordenar el Pentágono para tomar la estratégica isla iraní de Jark

Marines norteamericanos hacen ejercicios con un helicóptero en el mar de Filipinas el pasado 30 de enero. / Cabo 1º Víctor Gurrola - USMC

La propaganda militar de Irán ha reaccionado rápido según subía de volumen la previsión de una invasión terrestre de territorio iraní por Estados Unidos. Un canal televisivo de Teherán, Press TV, emitía este jueves un vídeo, sembrado luego en redes sociales. Se ven armados y en uniforme de campaña soldados de fuerzas especiales, quizá de la Unidad Saberin de la Guardia Revolucionaria. Uno de ellos se dirige a cámara y envía un mensaje a los marines norteamericanos: “Ven. Te hemos fabricado un ataúd con una de nuestras cajas de misiles. Te enterraremos en esta tierra”.
La última ocasión en que los marines hicieron un desembarco anfibio de guerra fue la toma de la isla de Granada, el 25 de octubre de 1983. Esta vez no sería un desembarco en una pequeña nación caribeña, sino colocar tropas de invasión en un país con 90 millones de habitantes. En ese país, las defensas antiaéreas, las fábricas de drones y misiles, buena parte de la marina de guerra y la capacidad nuclear han sido muy castigadas por los bombardeos aéreos... pero no las fuerzas terrestres.
Desde el momento en que el presidente estadounidense, Donald Trump, ha pasado a estimar una fase de “botas en el suelo” en la guerra de Irán, mientras un contingente de marines se sitúa en el teatro de operaciones del Golfo Pérsico, se ha vuelto a recordar el largo y costoso despliegue en Afganistán y se han vuelto a descabalar las previsiones de duración de este conflicto.

Un vehículo de asalto anfibio de los marines de EEUU, en un ejercicio en la osta de California. / USMC
El Pentágono, lógicamente, no desvela sus intenciones. No trasciende cuánto de real es la previsión de tomar la isla de Jark (o Kharg) para asfixiar la capacidad exportadora de petróleo de Irán. Pero sí hay certezas negro sobre blanco, y están en los manuales de los marines. En tres de ellos se señalan riesgos de las operaciones anfibias o la incursión en tierra en estos tiempos. La línea roja en todos los casos es lo que llaman “inaceptable risk”.
El riesgo primero
Las últimas ediciones de los manuales tácticos del Cuerpo de Marines MCTP 3 y MCTP 2 y especialmente una reflexión, el Littoral Operations in a Contested Environment (Operaciones de costa en un entorno disputado), redundan en la idea comúnmente aceptada de que un desembarco anfibio moderno contra costas defendidas se considera muy costoso, incluso aunque lo apoye la artillería naval y los bombardeos aéreos.
Por eso, entre otras razones, en la guerra de Ucrania no se ha visto a las fuerzas rusas tomando Odesa o Mariupol con un desembarco anfibio.
Jark mide 20 kilómetros cuadrados. Es más pequela que La Graciosa, la más pequeña de las islas habitadas de Canarias. Es un paraje desértico con acantilados por el oeste, una ciudad partida en dos por una pista de aterrizaje en el noreste y la mayor parte del terreno ocupado por área industrial y de almacenamiento de gas y crudo.

Acantilados en la zona menos poblada, una ciudad en torno a un aeródromo y una extensión de instalaciones industriales petroleras llenan la isla iraní de Jark / Google Earth
Para el caso de que el Pentágono decidiera finalmente tomar la isla de Jark, el manual 3, dedicado a acciones con vehículos anfibios, desaconseja la formación más poderosa, en línea frente a la costa: “Requiere el máximo despliegue de fuerzas en vanguardia”, dice, y eso le da “gran concentración de potencia de fuego”, pero “mínima flexibilidad”.
Ante esa línea, guerrilleros locales con armamento transportable a mano es la principal oposición que podría encontrarse la fuerza americana de invasión. “Cuando el enemigo tiene ventaja de movilidad, una defensa lineal implica asumir un riesgo extremo”, dice la obra de doctrina de los marines para este tipo de operaciones militares.
En una invasión anfibia, ese “riesgo extremo” se da sobre todo en lo que el manual llama “surf zone”. Es la zona donde rompen las olas, donde los vehículos se hacen menos controlables, precisamente cuando más se exponen al fuego de los defensores sin haber tocado todavía tierra.
Una nueva Gaza
El mismo manual habla con mucha cautela del avance de un contingente de marines en zonas urbanas. Los defensores de la isla pueden camuflarse entre la población local, ocupar subterráneos y azoteas, llenar el camino de trampas… EEUU e Israel tienen fuerzas aéreas muy poderosas, pero un bombardeo masivo para neutralizar a esa guerrilla no haría otra cosa que convertir a Jark en una nueva Gaza. Ahí lo inasumible no sería el coste en vidas de marines, sino el descrédito internacional para Estados Unidos.
“El terreno urbanizado impone restricciones a la maniobra, el mando y control, la logística y la protección a la fuerza”, dice el MCTP 3. A los marines no les gusta la ciudad como campo de batalla. A nadie, en realidad. La zona urbana hostil “proporciona a la amenaza una excelente cobertura y ocultación. El combate cuerpo a cuerpo suele aumentar la vulnerabilidad de los vehículos a corta distancia”, dice el prontuario, que anota además otro riesgo para los marines: en ciudad aumenta considerablemente el fuego amigo.

Un marine a bordo de un buque de desembarco en el Caribe, el pasado mes de febrero. / Emily Hazelbaker - USMC
Tomar Jark por su área urbana, o cualquier avance de marines desembarcados por una ciudad, además “incrementa la necesidad de una narrativa informativa que compita con la población conectada y todas las fuerzas adversarias que intentan influir en ella”, apunta el libro, y su lectura trae el recuerdo de Mogadiscio y el Black Hawk derribado.
Coste en vidas
El mando central norteamericano podría optar por un despliegue directo, sin desembarco, llegando por aire como en Afganistán. El MCTP 2, dedicado a los asaltos aéreos, llama la atención sobre el riesgo que corren los marines en la LZ. Con esas siglas se conoce el punto de aterrizaje o “landing zone”, donde las tropas “estarían desorganizadas y sin cobertura”, vulnerables a los fusiles Kalashnikov de los iranís, y con unos primeros momentos de la invasión sin apenas acceso a armamento pesado.
Este segundo manual de los marines subraya que para ese tipo de invasión necesitan “apoyo aéreo cercano” con aviones o helicópteros. Podría ser una hora decisiva para los A-10 Thunderbolt, los aviones-cañón que ya actuaron en Irak con sus balas de uranio empobrecido.
Los marines son un cuerpo con una nutrida historia de grandes bajas. Iwo Jima es su más triste precedente, con un 30% de soldados muertos. Pero aquella era la II Guerra Mundial. Este conflicto es muy diferente -por más que pueda abrir las puertas a la III- y, dada la crispación de la opinión pública estadounidense con esta guerra, nadie puede apostar por cuántos ataúdes de regreso a América aguantaría el trumpato.
El tercer manual reflexiona sobre los problemas de un contingente de invasión en una guerra asimétrica moderna. Advierte sobre el riesgo de que “actores estatales y no estatales que implementen estrategias de negación del acceso marítimo” podrían “controlar puntos estratégicos”, lo cual terminaría “imponiendo un riesgo inaceptable”.
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