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"Acuerdo irrelevante"

El desdén de Trump amenaza con romper el bloque comercial de Norteamérica, vital frente al dominio chino

México y EEUU han iniciado esta semana las negociaciones para extender el acuerdo, firmado en 2020 y calificado entonces por el presidente de EEUU como una "victoria colosal"

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, junto con su homólogo estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro canadiense, Mark Carney, el pasado 5 de diciembre, durante el sorteo del Mundial.

La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, junto con su homólogo estadounidense, Donald Trump, y el primer ministro canadiense, Mark Carney, el pasado 5 de diciembre, durante el sorteo del Mundial. / PRESIDENCIA DE MÉXICO / EUROPA PRESS

Caridad Bermeo

México
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En las negociaciones para la extensión de su tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, México busca algo que escasea profundamente en el mundo de Donald Trump: certeza. Las mesas de discusión bilaterales (Canadá aún no se une a la negociación), que se iniciaron esta semana, forman parte de una revisión programada a los 6 años de vigencia del acuerdo. Pero las conversaciones son todo menos rutinarias. El Gobierno del estadounidense ha amenazado más de una vez con aranceles que quiebran los términos del pacto.

El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) se construyó en el primer mandato de Trump, en sustitución del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), que los tres países mantuvieron durante más de dos décadas. El objetivo de los acuerdos no es solo facilitar el tránsito comercial, sino también integrar las líneas de producción entre las tres naciones: durante su fabricación, un objeto puede pasar varias veces las fronteras.

Sin embargo, la estrecha colaboración, que catapultó a México hasta convertirlo en el principal socio comercial de Estados Unidos, se tambalea en manos del republicano. Los retrasos amenazan con extender una incertidumbre que ha frenado la inversión, destruido la posibilidad de planificación para sectores enteros y, según expertos, amenazado la capacidad del bloque para enfrentar la hegemonía china en el comercio internacional.

En 2020, cuando se firmó el acuerdo, con una vigencia de 16 años, Trump lo calificó como una "victoria colosal" para su Gobierno. Cinco años más tarde, el mandatario cree que es "un acuerdo irrelevante para los Estados Unidos".

Incertidumbre en las inversiones

Las imposiciones proteccionistas echaron por los aires la certidumbre que los inversores encontraron en la integración de las cadenas productivas de los tres países. Renegociar el acuerdo es un desafío complejo para México y Canadá, que destinan un altísimo porcentaje de sus exportaciones —80% y 75%, respectivamente— al país que los separa.

En un informe reciente, la firma de abogados White y Case, especializada en asesorar empresas americanas en México, planteó tres escenarios: una revisión rápida, una revisión compleja y con novedades regulatorias, o una ruptura del tratado. Las tres partes tienen hasta el 1 de julio para asegurar un acuerdo. Si no lo consiguen, el pacto caminará sobre la cuerda floja cada año hasta 2036. En el peor de los casos, cualquier país puede anunciar su retirada unilateralmente.

El secretario de Economía de México, Marcelo Ebrard, viajó a Washington para abrir las conversaciones con el representante comercial de la Casa Blanca, Jameson Greer. Antes de partir, dejó claros sus objetivos: la permanencia del acuerdo y la eliminación de los aranceles que Estados Unidos impuso en 2025.

En declaraciones para el medio local NMás, Ebrard explicó que durante la primera ronda, ambos países presentarían una visión general. Al finalizar la primera reunión, los equipos lanzaron un comunicado conjunto, en principio una señal positiva. Sin embargo, el texto incluía una lista de regulaciones que las delegaciones van a revisar y que podrían ser un dolor de cabeza para sectores estratégicos, como el automotor.

Expectativas limitadas

Fuera de las especificidades técnicas, lo que más preocupa a los expertos es que las negociaciones se prologuen y la discusión e incertidumbre se convierta en una ocurrencia anual. "Yo creo que con Trump vamos a seguir teniendo esta conversación el siguiente año y todos los que le queden", advierte en entrevista telefónica Gabriela Siller, directora de Análisis Económico en Grupo Financiero BASE.

Valeria Moy, directora general del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO), concuerda. La experta mantiene expectativas limitadas sobre la capacidad de negociación del país ante una Administración Trump que prospera en el caos y acude a exigencias maximalistas como estrategia. Si el mandatario extrae concesiones de México cada vez que presiona el botón comercial, no hay razón para que cierre exitosamente las negociaciones, explica.

"Es evidente que la forma de negociar del presidente de Estados Unidos incluye todo. No es solo comercio", advierte Moy. Las conversaciones, remarca, incluirán presiones en otros ámbitos, en especial seguridad.

El año pasado, Trump amenazó con imponer un arancel del 25% a todos los productos mexicanos y canadienses a cuenta de su supuesta permisividad en el tráfico de fentanilo. La justificación fue mutando a lo largo del año, para incluir además quejas sobre el déficit comercial o la cercanía entre México y China.

Guiño a Trump

El Gobierno de Claudia Sheinbaum ha buscado adelantarse a las quejas de la delegación americana. El mismo día de la reunión comercial, el secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, viajó a Washington para aceitar la cooperación entre su cartera y el FBI. A su vez, en enero, el país impuso aranceles del 50% a China. La decisión se vio como un guiño a Trump.

Siller cree que fue un error y que se gastó una de las cartas de negociación mexicanas. Sin embargo, tiene una perspectiva positiva sobre las posibilidades del país en la mesa bilateral. La economista cree que el hecho de que la atención de Trump esté dispersa por la guerra contra Irán podría beneficiar las conversaciones.

La experta también encuentra algo de esperanza en la capacidad que México demostró para navegar las turbias aguas trumpistas. México cerró el año pasado no solo como el principal proveedor de Estados Unidos, sino también como su mayor comprador, explica. Esto ocurrió durante las mayores amenazas arancelarias de Trump, quien además ha demostrado ser mucho más severo con Canadá que con su contraparte latinoamericana.

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