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Crisis energética

La crisis de Oriente Medio reaviva el debate sobre los precios de la energía en la UE

La guerra en Irán "demuestra, una vez más, que la mejor manera de asegurar un futuro energético es incrementar la producción nacional de energía", dice el presidente del Consejo Europeo, António Costa.

Vista de la planta de producción de gas natural licuado en la ciudad industrial de Ras Laffan, en Qatar

Vista de la planta de producción de gas natural licuado en la ciudad industrial de Ras Laffan, en Qatar / Stringer/dpa

Beatriz Ríos

Beatriz Ríos

Bruselas
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La Unión Europea tiene un problema energético serio. Su dependencia de terceros para proveerse de energía la hace mucho más vulnerable a las oscilaciones de los precios que sus competidores. En plena crisis del gas y del petróleo, como consecuencia de la guerra en Oriente Medio, el debate sobre cómo abordar la cuestión del precio de la energía frente a otros competidores vuelve a encenderse en la UE. 

"El conflicto actual en Irán demuestra, una vez más, que la mejor manera de asegurar un futuro energético predecible y fiable es incrementar la producción nacional de energía", ha dicho el presidente del Consejo Europeo, António Costa, a su llegada a la cumbre. El debate sobre cómo abordar la crisis energética ha sido uno de los principales en esta reunión. 

El impacto de la guerra en el precio de la energía, pero no solo, preocupa a los líderes. "La gente no quiere vivir con esos precios tan altos y necesitamos encontrar una solución. Pero tenemos que mirar hacia el futuro porque no sabemos cuánto durará la guerra en Oriente Medio", ha dicho la primera ministra letona Evika Siliņa.

"Es una situación muy grave y somos muy conscientes de las repercusiones que puede tener", ha reconocido el primer ministro irlandés, Michael Martin. "Nuestra prioridad inmediata es intentar aliviar la presión sobre la población, en particular sobre las familias, y asegurarnos de hacerlo de una manera que no perjudique la economía ni genere efectos secundarios en términos de inflación", ha añadido. 

Déjà vu

"Ya hemos pasado por esto", reconoció la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en una carta a los líderes hace unos días. La invasión rusa de Ucrania puso en jaque un sistema, el europeo, que dependía en gran medida del baratísimo gas ruso. El bloque ha hecho importantes esfuerzos en los últimos años para reducir esa dependencia. El problema es que algunos de los proveedores alternativos, como Qatar, están ahora en el punto de mira. 

En paralelo, la UE ha hecho importantes esfuerzos para incrementar su consumo energético procedente de fuentes renovables. Según Von der Leyen, junto con la energía nuclear, el 70% de la electricidad se produce actualmente a partir de fuentes de energía bajas en carbono. 

Sin embargo, algunos sectores como el transporte o las industrias intensivas siguen teniendo una dependencia importante de combustibles fósiles importados. "Una interrupción prolongada del suministro de petróleo y gas de la región del Golfo podría tener un impacto significativo en nuestra economía", advirtió la alemana. "Para minimizar el impacto, tenemos que actuar", ha dicho tras la cumbre.

Un mercado fragmentado

El otro problema es que, en realidad, la situación varía notablemente de un país a otro. Lo que para algunos gobiernos es un problema, para otros es una ventaja. Y así, encontrar una solución que funcione para los 27 estados que forman el bloque es prácticamente imposible. "Es muy importante que las medidas sean temporales, personalizadas y dirigidas", ha dicho Von der Leyen. La presidenta ha explicado que tomará medidas inmediatas donde sea posible y propondrá cambios estructurales "donde sea necesario".

A corto plazo, la presidenta de la Comisión presentó a los líderes una serie de medidas que parecen contar con un amplio respaldo entre los Veintisiete. Esto pasa por relajar las normas para las ayudas de Estado a las industrias más afectadas, imponer límites al precio de la electricidad por el aumento del coste del gas mediante mecanismos de emergencia, o permitir rebajas fiscales. "Propondremos bajar los impuestos a la electricidad y asegurarnos de que está sometida a menos impuestos que los combustibles fósiles", ha dicho.

A largo plazo, sin embargo, el debate es mucho más complejo. "Debemos impulsar nuestra transición energética y esta es nuestra principal tarea. Por supuesto, debemos hacerlo teniendo en cuenta las particularidades de cada Estado miembro y de ciertos sectores económicos con alto consumo energético", ha reconocido Costa. 

Problemas estructurales

Una decena de países, entre ellos Austria, Grecia, Italia, Polonia o Hungría, piden revisar el mecanismo de comercio de derechos de emisiones. "El marco actual se ha convertido en un riesgo existencial para muchos sectores industriales estratégicos europeos", han alegado en una carta dirigida a la propia Von der Leyen y Costa. 

Otros gobiernos, como el de Países Bajos, recelan. "El mecanismo de comercio de derechos de emisiones ha sido crucial para acelerar la transición", ha dicho el primer ministro holandés Rob Jette. Sin él, ha añadido, "estaríamos importando millones y millones de combustibles fósiles". El holandés se ha abierto a revisarlo, pero sin acabar con políticas verdes clave. La revisión del mecanismo, en cualquier caso, estaba prevista en julio de este año.

Mientras tanto, algunos países han vuelto a plantear la necesidad de desvincular el precio de la electricidad del coste del gas, aunque parece que tiene poco recorrido. Un sistema que tanto en el pasado como en la actualidad ha resultado tener un impacto desproporcionado para países que generan electricidad de otras fuentes, principalmente renovables o nuclear, que son ahora más baratas. 

Ese debate deberá traducirse ahora en propuestas concretas de la Comisión. Algunas deberán abordar el impacto de la crisis, aun lejos del alcance de 2022. Otras deberán traducir ese debate en reformas que permitan abordar cuestiones estructurales. De momento, Von der Leyen ha asegurado que el problema no es de suministro sino de exposición al alza de los precios. Mientras continúen los ataques sobre las infraestructuras energéticas, aún podría ir a peor. Por eso, los líderes han llamado también a la desescalada.

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