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Guerra en Oriente Medio

Los bandazos de Trump y su Gobierno en el relato de la guerra contra Irán

Dos semanas después del inicio del conflicto, EEUU sigue enviando señales cambiantes sobre los objetivos, la duración y la gestión de una ofensiva que ha multiplicado la incertidumbre política y económica

El presidente de EEUU, Donald Trump, durante un acto el pasado jueves.

El presidente de EEUU, Donald Trump, durante un acto el pasado jueves. / ANDREW LEYDEN / DPA / EUROPA PRESS

Irene Benedicto

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Barcelona
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Dos semanas después del comienzo de la ofensiva sobre Irán, Estados Unidos sigue sin definir claramente qué busca ni en qué condiciones daría por cerrada la operación. Tampoco ha despejado quién empujó la entrada en guerra, si fue decisión de Donald Trump o qué peso tuvo Binyamín Netanyahu en persuadirlo para lanzar una ofensiva presentada como compartida.

Mientras el bloqueo del estrecho de Ormuz trastorna el comercio mundial y dispara el precio del petróleo, Trump y sus principales mandos continúan ofreciendo versiones enfrentadas, se desdicen y contradicen sobre puntos esenciales, como la autoría del bombardeo sobre una escuela de niñas que dejó 175 muertos, la mayoría menores, los plazos del conflicto, o la promesa de proteger el tráfico de petroleros. A continuación, repasamos los puntos más conflictivos del relato presentado por la Administración estadounidense:

Desde el inicio, la Casa Blanca ha oscilado entre presentar la ofensiva como un ataque preventivo contra la amenaza nuclear iraní y forzar una rendición política del régimen. Trump comenzó prometiendo "enviar ayuda" al pueblo iraní que se manifestaba en las calles contra la represión del ayatolá, pero después justificó la guerra asegurando que tenía la "sensación" de que Irán se preparaba para atacar a EEUU. Poco después, la secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, corrigió esa versión y sostuvo que era una sensación "basada en hechos".

Pero Trump endureció el tono y proclamó: "No habrá ningún acuerdo con Irán salvo la rendición incondicional", reforzando la idea de cambio de régimen y avivando esperanzas de los opositores iraníes. De nuevo Leavitt, así como el secretario de Defensa, Pete Hegseth, negaron que bastara con una capitulación verbal y dejaron en manos del presidente decidir cuándo Irán dejara de ser "una amenaza creíble y directa". La ambigüedad de la formulación sigue sin resolverse.

La duración de la guerra ha cambiado casi cada día, al compás del frente, de los mercados y del coste político interno. Trump empezó anunciando que los bombardeos seguirían "durante toda la semana o el tiempo que sea necesario". Después afirmó que continuarían "hasta que se cumplan todos nuestros objetivos" y más tarde habló de una previsión inicial de "cuatro o cinco semanas".

Hegseth amplió todavía más la horquilla: "Puede decirse cuatro semanas, pero podrían ser seis, podrían ser ocho, podrían ser tres". Cuando aumentó la presión por el precio del petróleo, las bajas y las encuestas, Trump volvió a virar y habló de una "excursión corta", aseguró que la guerra estaba "muy completa, más o menos" y prometió que terminaría "pronto, muy pronto". Sin embargo, casi de inmediato volvió a endurecer el mensaje: "No hemos ganado lo suficiente" y "no hemos terminado todavía".

La guerra se abrió con responsabilidades disputadas desde el primer gran error: el ataque contra la escuela de niñas de Minab. Al principio circularon versiones cruzadas sobre quién había golpeado el edificio. El misil identificado era un Tomahawk, un arma utilizada por EEUU, que aunque estos exportan a un número limitado de países, ninguno de ellos parece involucrado en este conflicto.

La primera reacción de Trump fue atribuirselo a Teherán. "En mi opinión, por lo que he visto, eso lo hizo Irán", dijo, y sugirió que el régimen podía disponer de Tomahawks, algo que se demostró incorrecto. Más tarde rebajó esa acusación y admitió: "Simplemente no sé lo suficiente sobre eso", aunque añadió que aceptaría el resultado de la investigación.

En paralelo, la Casa Blanca evitó respaldar por completo esa primera versión. Leavitt se limitó a afirmar que "la investigación sigue en curso" y, de hecho, con los días, la explicación preliminar cambió: el ataque habría sido estadounidense debido a un error de identificación, por el uso de coordenadas desactualizadas de un edificio que antes había formado parte de una base iraní y que ya funcionaba como escuela. 175 personas murieron, la mayoría niñas.

Durante días, una de las grandes preguntas fue quién empujó a quién a la guerra: si Washington arrastró a Israel o fue al revés. El relato más completo disponible hasta ahora apunta a que Netanyahu desempeñó un papel clave en convencer a Trump de apostar por la respuesta militar, persuadiéndole de que la vía diplomática estaba agotada, dando así un paso que ningún presidente antes que él quiso. "Hacia el final de la negociación, me di cuenta de que estos tipos no iban a llegar a un acuerdo. Les dije: 'Hagámoslo y ya está'", resumió el presidente.

El secretario de Estado de EEUU, Marco Rubio, reforzó esa idea al afirmar que con Irán "es difícil negociar", mientras Steve Witkoff dejó ver hasta qué punto Washington esperaba una rendición al preguntarse por qué Teherán no había "capitulado".

Otro de los bandazos más visibles ha llegado con el estrecho de Ormuz, precisamente porque su bloqueo ha disparado el precio del petróleo al frenar un paso por el que normalmente circula cerca de una quinta parte del crudo mundial. Con el tráfico casi paralizado, la presión sobre la Casa Blanca creció al mismo ritmo que los mercados.

Trump respondió prometiendo que Estados Unidos actuaría. "Cuando llegue el momento, la Marina de EEUU y sus socios escoltarán a los petroleros por el estrecho, si es necesario", afirmó. Pero esa promesa chocó enseguida con las correcciones de su propia Administración.

El secretario de Energía, Chris Wright, rebajó el mensaje y admitió que eso "no puede ocurrir ahora". "Simplemente no estamos preparados", señaló. Explicó que los medios militares están concentrados en "destruir" la capacidad ofensiva iraní, no en proteger barcos. La confusión aumentó cuando Wright llegó a publicar que la Marina ya había escoltado a un petrolero y después borró el mensaje. Más tarde, la Casa Blanca confirmó que no era cierto. El Pentágono se limitó a reconocer que estudian "una serie de opciones".

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