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Efectos de la guerra en Oriente Medio

Corea del Norte pierde a Irán, uno de sus pocos aliados, y acentúa su compromiso nuclear como única vía de supervivencia

Según los expertos, Pionyang cuenta con 50 ojivas y cuenta con material suficiente para construir otras 40

DIRECTO | Ataques de EEUU e Israel en Irán, en directo: última hora de la escalada en Oriente Medio

El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, para revista a las tropas en una base de Pionyang, el pasado 3 de marzo.

El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, para revista a las tropas en una base de Pionyang, el pasado 3 de marzo. / KCNA / AFP

Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Pekín
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Estados Unidos ataca a Irán porque tiene un programa nuclear y no ataca a Corea del Norte porque tiene un programa nuclear. Esa chanza que circula estos días traza la brecha entre las amenazas presuntas, en Irán o Irak con aquellas armas de destrucción masiva, y decenas de ojivas listas para ser calzadas en un misil intercontinental. La captura de Nicolás Maduro y el asesinato de Alí Jameneí, últimos añadidos al listado de damnificados, apuntalan la certeza norcoreana de que sólo el arma nuclear les mantiene en pie.

Está menos inquieta Pionyang estos días por un ataque estadounidense que por la pérdida de su último aliado en Oriente Medio. No le sobran las amistades y menos aún tan antiguas y sólidas. Una teocracia islámica y una antigua dictadura marxista-leninista sin más culto ahora que hacia sus líderes han forjado durante décadas sus relaciones económicas, militares y diplomáticas desde el antiamericanismo. Incluso levantó Corea del Norte, el país más alérgico a las religiones, una mezquita en su capital para los diplomáticos iraníes. En la subida al poder de Alí Jameneí, de hecho, influyó Pionyang: su visita en 1989, con desbocada fanfarria en las calles, convenció al ayatolá Jomeini de que era su sucesor idóneo, contaba este en sus memorias. Ya antes, en su guerra contra Irak, Corea del Norte le había enviado tanques y misiles soviéticos. La cooperación se acentuó tras las sanciones de la ONU a Pionyang tras su primer ensayo nuclear en 2006 con vuelos regulares cargados de equipamiento misilístico. Hasta Teherán llegaron sus proyectiles Musudan y en los diseños norcoreanos se inspiraron los submarinos iraníes de la clase Ghadir. Abundan las evidencias del auxilio norcoreano al programa balístico iraní; en el programa nuclear, en cambio, no hay evidencias.

La acentuada fiscalización internacional de las sanciones, con inspecciones marítimas, redujo el trasiego armamentístico. El mayor daño para Pionyang es diplomático porque su huella en la región fue profunda. "Ya había perdido a Libia, Egipto y Siria por los cambios de régimen, así que su relación con la zona va a ser muy complicada. Ahora perdería a su principal socio, a un apoyo en la ONU, a una fuente de financiación... A Corea del Norte le gusta airear su listado de amigos internacionales y cada vez tiene menos", señala Ramón Pacheco, profesor de Relaciones Internacionales del King College londinense y experto en Corea del Norte.

Otros casos

Durante el mandato de Barack Obama, el mundo intuyó en Irán la hoja de ruta para Corea del Norte. El acuerdo multilateral, firmado tras años de negociaciones, levantó las sanciones a cambio de su programa nuclear. Pero Donald Trump, empeñado en destruir el legado de su predecesor, lo canceló a pesar de que los inspectores habían acreditado el cumplimiento iraní y en contra de la comunidad internacional, los expertos y el sentido común. Corea del Norte entendió que ni siquiera su acatamiento escrupuloso (y ese no es un supuesto muy realista si atendemos a los precedentes) aplaca a Estados Unidos.

Irán no es un caso aislado. Moammar Gaddafi sacrificó en 2004 su arsenal nuclear a cambio de garantías de seguridad y siete años después fue derrocado y brutalmente asesinado por rebeldes con el apoyo de la ONU. La prensa norcoreana presentaba aquellos días su cadáver mancillado como el corolario de que Occidente no es de fiar. También Pionyang sufrió la volatilidad estadounidense. En 1994 firmó un acuerdo ambicioso con Bill Clinton que funcionó razonablemente bien hasta que su sucesor, George W. Bush, incluyó a Corea del Norte en el eje del mal junto al Irak que se disponía a invadir.

Esa montaña de precedentes permite preguntarse de qué hablarán Kim Jong-un y Trump en las negociaciones que ambos pretenden. Ya ha repetido Pionyang que esta vez, a diferencia de las cumbres durante el primer mandato de Trump, no se planteará su desnuclearización "completa, verificable e irreversible". Corea del Norte incluyó años después en su Constitución la condición de Estado nuclear y esa decisión, ha insistido, es irreversible. "Si Estados Unidos respeta nuestra condición de Estado nuclear y evita sus políticas hostiles, no hay razón para llevarnos mal", invitó recientemente Kim.

50 ojivas

El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI), el más prestigioso 'think tank' sobre armas en el mundo, calcula que Corea del Norte cuenta con unas 50 ojivas y suficiente material para fabricar otras 40. Washington contemplaba el congelamiento o incluso reducción del programa nuclear pero el ataque a Irán plantea dudas de si Pionyang estará dispuesta a esa cesión. Pacheco considera que los últimos acontecimientos no afectarán a esas hipotéticas negociaciones. "La pausa del programa nuclear ya sería un éxito para Trump y podría también pactar una moratoria en el lanzamiento de misiles. Para Corea del Norte no sería un problema porque su arsenal actual ya es más que suficiente para amenazar a Estados Unidos", señala.

Corea del Norte ha expresado su "grave preocupación" y "condenado con fuerza" las agresiones de Estados Unidos e Israel que "socavan la paz y seguridad regionales e incrementan la inestabilidad en el mundo". A su hiperbólica y vocinglera prensa le ha dado de repente un ataque de mesura china. Ni siquiera ha mencionado a Trump. Juzgan los expertos que Pionyang, cómoda tras sus armas nucleares, no quiere cerrar la puerta a las negociaciones con Estados Unidos ni siquiera después de su última tropelía.

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