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"Merzoni", la sombra de un eje germano-italiano sobre la UE
El canciller Merz busca en la italiana Meloni un relevo al maltrecho motor franco-alemán, un giro arriesgado que puede dar alas a los ultras

Friedrich Merz y Giorgia Meloni, en Roma. / ROBERTO MONALDO / AP

¿Se impondrá un "Merzoni" capaz de tomarle el relevo al eje franco-alemán? Por el término "Merzoni" se entiende una alianza entre el canciller alemán, Friedrich Merz, y la jefa del Gobierno italiano, Giorgia Meloni. La sintonía personal entre ambos se plasmó en la cumbre germano-italiana celebrada a principios de año en Roma, a la que siguió un documento conjunto preparatorio para la siguiente cumbre de la UE. Es esta una práctica que hasta ahora se reservaba al eje París-Berlín, con el propósito de acudir con posiciones consensuadas ante el resto de líderes.
Es sabido que Merz y Emmanuel Macron no acaban de conectar, pese a sus socorridos pronunciamientos sobre la solidez de su motor europeo. El eje quedó ya bastante maltrecho en los tres años al frente del Gobierno alemán del socialdemócrata Olaf Scholz. El conservador Merz no ha logrado darle nuevo ímpetu en el año transcurrido desde su victoria electoral, en febrero de 2025. El disenso en torno al caza europeo de sexta generación (FCAS, por sus siglas en inglés), en que están implicados Francia, Alemania y España, pesa sobre la relación bilateral. El proyecto arrancó en 2017, con Angela Merkel en el poder, e incluye, además del avión, un sistema de drones interconectados. El deseo del grupo armamentístico francés Dassault de hacerse con el control del 80% del proyecto -y no del 30 % inicialmente pactado- mantiene en suspenso este proyecto estrella para la defensa europea.
La base del eje franco-alemán es el Tratado del Elíseo, firmado en 1963 entre Charles de Gaulle y Konrad Adenauer, puntal de la reconciliación entre dos países vecinos que llevaban siglos combatiéndose. Se mantuvo entre líderes a menudo de familias políticas distintas, con tándems como el que formaron el socialista François Mitterrand y el conservador Helmut Kohl. Legendarios fueron los que formó Angela Merkel con cuatro presidentes franceses -Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy, François Hollande y Macron- Cuesta creer que ese motor europeo pueda quedar desplazado por una alianza entre la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido fundado por Adenauer, y los Fratelli d’Italia de Meloni, un partido postfascista.
Al margen de referencias históricas, el actual canciller parece atraído por una Meloni que ha roto la dinámica de los gobiernos efímeros italianos. Lleva tres años y medio en el poder y los sondeos apuntan a su reelección para 2027. A Macron le queda previsiblemente un año y medio en la presidencia.
El frágil cortafuegos alemán
A los Fratelli de Meloni y la CDU de Merz les une el pragmatismo de sus respectivos líderes. "Merz juega con fuego", explica a EL PERIÓDICO Franco Delle Donne, analista político de la Universidad Libre de Berlín y autor del libro 'Epidemia Ultra' (Península), donde analiza las corrientes ultraderechistas europeas y del resto del mundo. Acercarse a Meloni es peligroso para la CDU. Supone "abrir la puerta a algo que no le conviene", explica. Sería normalizar la relación con un partido postfascista, lo que no concuerda con el propósito de sostener a escala nacional el "brandmauer", o cortafuegos en alemán. Este cordón sanitario ha mantenido aislada a Alternativa para Alemania (AfD), la segunda fuerza política en el país desde los comicios de 2025 y la corriente más radical de la ultraderecha europea.
Dejar que cuaje esa alianza no solo es peligroso para la política interna alemana. Además "abriría el camino a la cohesión entre los conservadores y los ultras en el Parlamento europeo", advierte Darío Azzellini, investigador de la Universidad de Duisburg-Essen. Se reforzaría la mano tendida a Meloni por la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, y apuntalaría "el discurso antiinmigración y xenófobo" dentro del bloque comunitario, prosigue este investigador. Von der Leyen comparte con su compatriota Merz no solo la militancia en la CDU, sino también la cercanía personal hacia Meloni.
En juego está, añade Delle Donne, una "erosión del estado de Derecho" similar a la emprendida en Hungría por el ultranacionalista Víktor Orbán. En Italia se han producido ya cambios en el poder judicial para dar más peso al poder ejecutivo, por encima del legislativo. El discurso de Meloni se ha moderado desde que alcanzó el poder. Pero lo que cuenta "no son los discursos, sino las políticas" que aplica, explica el analista, sea en forma de una política migratoria aún más restrictiva, los ataques a los colectivos LGTBIQ+ o el no al aborto.
"Alemania ha estado muy callada frente a la política errática de Donald Trump. Meloni es, entre los líderes de los grandes países europeos, la que más firme sintonía exhibe con el presidente estadounidense", advierte Azzellini. Merz respondió a la llamada de Dinamarca a reforzar la presencia militar en Groenlandia, ante a los propósitos de Trump de hacerse con la isla ártica, territorio autónomo danés. En cambio, ni siquiera el afán expansionista del líder de la Casa Blanca contra otro aliado de la OTAN han apartado a Meloni de su sumisión a Trump.
¿Resistirá el viejo efe franco-alemán?
Merz dejó claro en la pasada Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC) su fidelidad a la relación transatlántica. Es un pilar de la política alemana desde el fin de la II Guerra Mundial, pero abogó por reducir su relación de dependencia. "El orden mundial unipolar ha terminado y el liderazgo de EEUU está siendo desafiado (…) Nuestra tarea, como europeos y como alemanes, es reconocer esa realidad, reforzar Europa", afirmó ante la MSC. A la presente edición acudió como representante de EEUU su secretario de Estado, Marco Rubio. Su tono fue más moderado que el empleado un año atrás por el vicepresidente JD Vance, aunque los contenidos no han variado. Estados Unidos sigue contando con sus "mejores aliados", los europeos. Pero aspira a que estos compartan su rumbo en política migratoria, climática y social, dijo Rubio.
Merz exhibió en Múnich, una vez más, cohesión con Macron. Y confirmó que había entablado con el presidente francés "conversaciones sobre la disuasión nuclear europea", algo que, dijo, "ha llegado el momento de refundar".
Meloni y Merz comparten objetivos como la desburocratización, por ser un lastre para la actividad económica para dos países industrializados. También comparten la determinación de seguir apoyando a Ucrania y su compromiso inquebrantable con Israel, los que han llevado al extremo de esquivar tanto como han podido toda condena a la devastadora ofensiva en Gaza.
Disuasión nuclear
Pero si hay algo en lo que Roma no puede relevar a París es en la disuasión nuclear. Francia es la única potencia atómica de la UE desde que Reino Unido abandonó el bloque comunitario. Macron lleva desde 2020 ofreciendo a Alemania extender su "paraguas". Tanto la conservadora Angela Merkel como el socialdemócrata Olaf Scholz rehuyeron esa pretensión. Merz, en cambio, lo ve como relevante en el propósito de reducir su dependencia defensiva europea respecto a Estados Unidos.
Se estima que en territorio comunitario hay un centenar de bombas atómicas estadounidenses, parte de ellas en la base de Büchel, en el oeste de Alemania. Lo que actualmente se discute entre París y Berlín es cómo reforzar el brazo atómico europeo.
Macron esgrime su papel como única potencia atómica de la UE. Merz insiste en que su propósito es dotar a su país “del mayor ejército convencional de Europa”, pero descarta traspasar la línea roja del armamento nuclear propio.
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