Cuatro años de guerra en Ucrania
Ksenia Koldin, el rostro de las "deportaciones forzosas" de niños ucranianos a Rusia: "Nos intentaban lavar el cerebro"
En una entrevista con EL PERIÓDICO, la joven ucraniana relata cómo fue su traslado y el de su hermano a la Federación Rusa, y el periplo para regresar a Ucrania

Madrid. 27.02.2026. Ksenia Koldin, joven ucraniana que fue deportada a Rusia y regresó a Ucrania con la ayuda de Save Ukraine / José Luis Roca / EPC

La Corte Penal Internacional emitió el 17 de marzo de 2023 una orden de detención contra el presidente ruso, Vladímir Putin, y su comisionada presidencial para los "derechos del niño", María Lvova-Belova, a cargo del programa de traslado de niños ucranianos a Rusia. Consideran que existen motivos razonables para creer que son culpables del crimen de guerra de deportación y traslado ilegal de niños desde zonas ocupadas de Ucrania a la Federación Rusa.
Ksenia Koldin y su hermano Serhii tenían respectivamente 17 y 11 años cuando fueron trasladados a Rusia desde la ciudad ucraniana de Vovchansk, que acababa de ser ocupada por el Ejército ruso. Era el verano de 2022, pocos meses después de que comenzara la invasión rusa a gran escala de Ucrania.
Las calles estaban repletas de soldados, se escuchaban explosiones y tiroteos constantemente, recuerda Ksenia Koldin en una entrevista con EL PERIÓDICO en Madrid, adonde ha venido para participar en el Foro Global para la Reconstrucción de Ucrania.
Ella y su hermano son originariamente de Járkov, la segunda mayor ciudad ucraniana, pero antes de que comenzara la guerra se fueron a vivir con una familia de acogida a la mencionada ciudad de Vovchansk. Su madre biológica tenía problemas con el alcohol y no podía cuidarlos.

Madrid. 27.02.2026. Ksenia Koldin, joven ucraniana que fue deportada a Rusia y regresó a Ucrania con la ayuda de Save Ukraine / José Luis Roca / EPC
Con la ocupación, dice, la vida cambió de la noche a la mañana, también en la escuela. Al principio intentaron mantener parte del currículo ucraniano, pero pronto empezaron a desaparecer letreros y símbolos en ese idioma, y la presión para rusificar la ciudad se extendió sobre profesores, familias y alumnos. Ksenia Koldin recuerda ver la bandera rusa y una enorme Z, emblema de la invasión. Las autoridades comenzaron a empujar a la gente a irse "más adentro" en Rusia, presentándolo como una opción más segura.
La separación y traslado a Rusia
El traslado de ambos, y su separación, llegó bajo la apariencia de una oportunidad educativa. A Ksenia, que estaba a punto de cumplir 18 años, la presionaron para ir a Rusia a estudiar. Ella no quería, pero le cerraron las alternativas. "No podemos darte un título ucraniano, pero podemos ayudarte a conseguir uno ruso", le dijeron. A Serhii, por ser menor, lo convencieron por otra vía: le ofrecieron un campamento de verano para descansar en Rusia. Ese ha sido el cebo por el que muchos niños ucranianos han terminado en territorio ruso, dentro de familias de acogida rusas.
Ksenia presintió de inmediato que algo no iba bien. Había señales de que algo raro estaba ocurriendo. Por ejemplo, a Serhii no le dejaban llevarse un teléfono móvil al campamento. A pesar de todo, ellos y su familia de acogida terminaron aceptando ir a Rusia, a finales de agosto de 2022. Ella, a la ciudad de Shebekino, donde fue inscrita en un centro de estudios tecnológicos. Vivía en una residencia para estudiantes. Él, primero a Gelendzhik, el lugar del campamento. Después, con una familia de acogida en Yeysk.
"Yo no elegí ir allí", confiesa. Fue presionada y acosada hasta que aceptó. En su lugar de destino, describe una sensación constante de opresión: "Es como si alguien te estuviera asfixiando. Estás todo el tiempo vigilada".
"Lavado de cerebro"
Les hacían cantar el himno ruso cada lunes. Había clases tituladas "lo que hay que saber" que, en realidad, eran sesiones de propaganda, cuenta Ksenia: se repetía que Rusia hacía lo correcto al invadir Ucrania, lo bueno que era Putin. Ella, politizada, sabía que lo que escuchaba eran "mentiras evidentes", pero no podía contradecirlas, por miedo. Era una forma clara de "lavado de cerebro", explica. Al mismo tiempo, la presionaban para que adquiriera la nacionalidad y el pasaporte ruso. Se negó y la expulsaron de la residencia, dejándola en una situación de precariedad.
Mientras, su hermano fue integrado en una familia y colegio rusos. Dice que los profesores lo despreciaban y sus compañeros rusos le acosaban. Había visitas de militares, en las que enseñaban a los menores cómo montar un kalashnikov.
Ksenia decidió que había que volver. Intentó contactar con su hermano, pero la familia se había trasladado a otra ciudad, según su testimonio, para evitar el reencuentro. La familia de acogida estaba muy alineada con el discurso oficial. Finalmente, consiguió hablar con él y él aceptó la propuesta de volver.
La familia de acogida en Ucrania, que tenía otros cuatro hijos, ya no los quería de vuelta. Ella contactó con los servicios sociales de Járkov, su ciudad natal. Le recomendaron que hablara con Save Ukraine, la organización ucraniana dedicada a rescatar a niños atrapados en territorios temporalmente ocupados o deportados ilegalmente a Rusia.
La ONG organizó el viaje de Ksenia para encontrarse con su hermano. Serhii le había dicho por teléfono que quería volver con ella. Pero, cuando se vieron, todo había cambiado. Estaban delante los padres rusos de acogida, y oficiales rusos. El pequeño, de solo 11 años, parecía distante. Repetía consignas sobre el peligro de volver a Ucrania. Ella propuso hablar con él a solas, y le dijo que podían regresar solo un mes a Ucrania para probar y, si no funcionaba, volver a Rusia. Serhii aceptó.

Madrid. 27.02.2026. Ksenia Koldin, joven ucraniana que fue deportada a Rusia y regresó a Ucrania con la ayuda de Save Ukraine / José Luis Roca / EPC
Save Ukraine organizó los papeleos para salir de la Federación Rusa y el viaje de regreso. Ella, adulta, no podía ser retenida. Para el menor, había que conseguir autorización rusa.
Ksenia describe el alivio y la emoción que sintió al ver de nuevo, en la frontera, la bandera ucraniana. "El aire se sentía diferente", afirma. "Me sentía de nuevo en libertad".
"Niños deportados" de Ucrania a Rusia
¿Cómo se describe a sí misma y a su hermano? ¿Niños evacuados de Ucrania? ¿Niños deportados? "Lo que vivimos fue una deportación forzosa", asegura. No fue a punta de pistola. Fue, según su relato, a base de presiones, amenazas y falsos incentivos. Y con un objetivo último: su rusificación.
El Kremlin niega que deporte forzosamente a menores ucranianos. Asegura que solo trata de proteger de la guerra a los menores ucranianos que han perdido a sus familias o que viven en casas de acogida.
La Oficina de Derechos Humanos de la ONU, sin embargo, ha constatado deportaciones y traslados forzosos de menores. Han podido verificar el caso de al menos 200 niños, pero explican que no pueden acceder a los territorios ocupados y que la cifra puede ser muy superior.
Al inicio de la invasión, el Gobierno ucraniano documentó casi 20.000 casos de deportación ilegal o secuestro de niños. Las autoridades rusas han dicho públicamente que han "evacuado" a alrededor de 700.000 niños ucranianos. Las organizaciones ucranianas de derechos de la infancia estiman que hasta 1,5 millones de niños siguen fuera del alcance de Kiev: o bien atrapados en territorios temporalmente ocupados, con riesgo de deportación, o ya trasladados a Rusia.
Ksenia Koldin ahora vive en Kiev, donde estudia periodismo televisivo y colabora con Save Ukraine para exponer la situación de los niños deportados. Tiene 21 años. Su hermano, Serhii, ya un adolescente de 15 años, también vive en la capital, a cargo de otra familia de acogida. La guerra que les cambió la vida sigue, ya en su quinto año de invasión a gran escala.
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