Guerra en Oriente Próximo
¿Por qué ahora? La pregunta fundamental tras la decisión de Trump de atacar con Israel a Irán
El mandatario, con ansias de grandiosidad, busca aprovechar el momento más vulnerable de Teherán pero también revertir reveses y sus propias debilidades en política nacional

PI STUDIO

Durante meses Donald Trump había amagado con la posibilidad de atacar militarmente Irán aunque también ha pasado ese tiempo dando pasos y lanzando mensajes que apuntaban a caminos diplomáticos para evitarlo. A mitad de la madrugada de este sábado, no obstante, el presidente de Estados Unidos y su homólogo de Israel, Binyamín Netanyahu, han lanzado las operaciones ‘Furia épica’ y ‘Rugido de León’ que abren las puertas a la guerra. La pregunta fundamental es por qué el republicano ha tomado la decisión ahora, y la respuesta no es simple ni se adapta a la versión oficial.
Esa narrativa de la Casa Blanca, según lo que planteó el propio Trump el martes en escasos tres minutos en un discurso de casi dos horas sobre el estado de la Unión y según ha explicado en el vídeo de ocho minutos informando del ataque, incluye la idea de que Teherán representa una “amenaza inminente”. Trump ha dicho que Irán “ha intentado reconstruir su programa nuclear y sigue desarrollando misiles de largo alcance que podrían amenazar amigos y aliados en Europa, tropas estacionadas en el extranjero y podrían alcanzar pronto la patria estadounidense”.
Ninguno de esos argumentos está probado, ni el de que Teherán tiene material nuclear para fabricar una bomba nuclear “en días”. De hecho, el ataque que EEUU lanzó en junio durante la guerra de 12 días entre Israel e Irán a las instalaciones nucleares de Fordow, Natanz e Isfahán no las “obliteró”, como Trump dijo entonces, pero según los análisis de su propio Gobierno las degradó considerablemente.
Respecto a los misiles balísticos con capacidad de alcanzar EEUU, el año pasado la Agencia de Inteligencia de Defensa concluyó que Irán estaba al menos a una década de tener la tecnología y la capacidad de producción para poder fabricar un arsenal significativo.
Grandiosidad
Trump, que no ha buscado la autorización de su propio Congreso y ha vulnerado también la carta de Naciones Unidas que veta un ataque militar si no existe una “amenaza inminente y creíble”, nunca se ha sentido atado por el derecho internacional (en enero, tras la operación contra Nicolás Maduro, le dijo a cuatro periodistas de The New York Times’: “no lo necesito”). Y otra vez se está moviendo claramente por otros criterios.
Ha querido aprovechar el momento de mayor debilidad y vulnerabilidad del ayatolá Ali Jameneí y de todo el régimen iraní, que ha recibido golpes militares, se ha visto asfixiado por sanciones económicas, ve crecer las reticencias a involucrarse de aliados y lleva meses aplacando con brutalidad protestas de sus ciudadanos en las calles.
En la decisión del republicano, que hace escasos 10 días inauguraba en Washington su Junta de la Paz, juega un papel determinante su ansia de hacer historia, su afán de grandiosidad. Lo ha dejado claro él mismo en el vídeo mensaje, cuando tras hacer el repaso de 47 años de agravios se ha dirigido directamente a los iraníes para instarles a que aprovechen su acción para un cambio de régimen.
“Durante muchos años han pedido la ayuda de EEUU pero nunca se la dieron”, les ha dicho . “Ningún presidente estaba dispuesto a hacer lo que yo estoy dispuesto a hacer. Ahora tienen a un presidente que les da lo que quieren, así que veamos cómo responden”.
Problemas internos
Para Trump, además. el ataque a Irán juega un importante papel de cara a la política nacional, aunque es una apuesta que entraña peligros para él y para los republicanos, especialmente en un año con elecciones legislativas, en noviembre.
Si Trump logra sus objetivos puede salir reforzado en un momento en que le conviene. Acaba de sufrir el golpe más fuerte a su agenda con la anulación por parte del Tribunal Supremo de la mayoría de sus aranceles; tiene los índices de aprobación más bajos de sus dos mandatos, sufre una desconexión con la ciudadanía sobre la situación económica y el desencanto por la agresividad desmedida de su campaña contra los inmigrantes. AAdemásle consumen a diario noticias y escándalos sobre el 'caso Epstein'.
Si fracasa, la guerra se prolonga y extiende o se producen y suben los muertos estadounidenses que ya ha admitido que puede haber, él y los republicanos pueden pagar el precio. Aunque la mayoría de votantes conservadores, según los sondeos, apoyan al presidente en su decisión de usar fuerza militar, hay muestras de brechas generacionales, con los jóvenes republicanos mucho más opuestos a la intervención militar.
Además hay una parte del movimiento MAGA, la base más fiel a Trump, que recuerda que había hecho campaña prometiendo acabar con las “guerras eternas” y que fue un candidato que criticó duramente los esfuerzos por cambiar regímenes fuera. Incluso ya como presidente el año pasado, en un discurso ante inversores en Arabia Saudí, atacó a “los que se llaman constructores de naciones” que, dijo, “han destrozado muchas más de las que han creado”. Allí desdeñó también a “los intervencionistas que se meten en sociedades complejas que ni siquiera entienden”.
Que su llamada a un alzamiento popular en Irán vaya a poder producirse, además, es algo que ven con escepticismo expertos como Ali Vaez, analista de Irán en el International Crisis Group. “No hay precedente moderno de un cambio de régimen que se logre solo desde el aire. Las bombas pueden degradar la infraestructura, debilitar capacidades, pero no producen alternativas políticas organizadas”, ha dicho Vaez a ‘The Wall Street Journal’.
¿Por qué no Corea del Norte?
Hay otras preguntas, además de la fundamental de por qué, que tampoco tienen respuestas sencillas. Ni Trump ni nadie del gobierno han explicado, por ejemplo, por qué se ataca Irán y no Corea del Norte. El régimen de Pyongyang ya tiene armas nucleares y misiles balísticos que están diseñados para alcanzar Los Ángeles o Chicago, aunque esa capacidad no haya sido puesta a prueba aún.
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