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Los exrehenes israelíes se enfrentan al trauma: “Toca aprender todo de nuevo y no hay ningún libro que te lo explique”
Hamás libera a todos los rehenes vivos e Israel a 2.000 prisioneros palestinos

Cientos de personas aguardan en Tel Aviv el regreso de los rehenes liberados por Hamás / LA PRESSE / AP

Para Karina Engelbert, las cosas eran algo más fáciles cuando el cadáver de su marido Ronen seguía secuestrado en Gaza. "Entonces, no teníamos un cuerpo, no teníamos nada, solamente la noticia de que lo habían matado", dice entre lágrimas. Esa noticia le llegó apenas tres días después de haber sido liberada. Junto a ella, salieron sus dos hijas, Mika, de 18 años, y Yuval, de 10. "Había esa esperanza chiquitita de que tal vez se equivocaron", afirma esta argentina-israelí que vivía en el kibbutz Nir Oz, a menos de dos kilómetros de Gaza, hasta el fatal 7 de octubre de 2023. Pero, después de "esos dos largos años de espera", el cuerpo de Ronen fue entregado a las autoridades israelíes el pasado octubre y la noticia se convirtió en una realidad palpable. “Ahora que todo está más claro, y no hay secuestrados en Gaza, es el tiempo del duelo, del dolor, de extrañar y también de enojarte”, defiende con voz pausada.
El dolor de Karina se expande hacia el futuro. "Tengo mucho enojo no sólo por lo que pasó, sino por lo que no voy a tener: no vamos a tener más cumpleaños juntos, no más cenas, no más paseos, no más fotos…", reconoce a este diario en llamada telefónica desde Israel. Este sufrimiento es más real que nunca y se despliega sin freno, hasta alcanzar a sus tres hijos. El mayor, Tom, se salvó porque ese fin de semana no estaba en el kibbutz. "Me da mucha pena y me enfada que mis hijos no van a recibir nunca una palabra de su padre y nada ni nadie me va a devolver lo que tuve", añade. Han pasado casi cuatro meses desde que enterró a Ronen, y más de dos años desde que fue liberada tras 52 días de cautiverio. "Todavía me cuesta pensar que en algún momento vamos a sentir alegría como sentíamos antes", constata esta perito mercantil.
Sentimiento agridulce
La liberación de los últimos rehenes vivos y los cuerpos de aquellos muertos en octubre pasado como parte del alto el fuego en Gaza ha traído un sentimiento agridulce al pueblo israelí. Especialmente a quienes tenían a seres queridos secuestrados. El motor que les mantenía a flote, el motivo por el que levantarse cada mañana y salir a luchar ha desaparecido. Consiguieron lo que querían: que sus familiares volvieran a casa, por su propio pie o en un ataúd. Pero esa ansiada victoria no ha sido el consuelo que esperaban las familias de los rehenes. "El impacto de los dos años que tuvieron que luchar por la vida de sus hijos es extremadamente alto; el regreso es tremendamente difícil de sobrellevar para las familias", reconoce la doctora Ofrit Shapira-Berman, psicoanalista y profesora en la Universidad Hebrea de Jerusalén, a EL PERIÓDICO.
"Si bien hay un gran alivio, el camino hacia la recuperación es largo y difícil, y la familia inmediata es quien tiene que sostener gran parte del sufrimiento", añade. "Volver a la vida es muy complicado y, por supuesto, no hay vuelta atrás; todo está influenciado por lo sucedido, por lo que es necesario reconstruir la vida entera", constata. Engelbert confirma esta sensación. "Cada día es un nuevo día, hay que intentar vivir; no es que dejamos todo atrás, sino que ahora tenemos que vivir al lado del dolor, de la pena, de tus sentimientos que te tiran atrás y abajo", añade la exrehén. Pero vivir después del cautiverio parece casi misión imposible. Como muchas de las decenas de personas que fueron secuestradas, Engelbert confiesa sufrir problemas cognitivos y ataques de ansiedad. "Es aprender todo de nuevo y no hay ningún libro que te explique cómo ayudar a niños que estuvieron secuestrados", constata.
Unirse a la lucha tras el cautiverio
El 7 de octubre de 2023, milicianos de Hamás y otros grupos armados con presencia en la Franja de Gaza irrumpieron en el sur de Israel, arrasando con las comunidades fronterizas. Unas 1.139 personas fueron asesinadas y alrededor de 250, secuestradas, vivas y muertas. Sólo en el kibbutz Nir Oz, donde vivía la familia Engel, uno de cada cuatro habitantes sufrió la muerte o el secuestro aquel día. "No se puede expresar con palabras ni imaginarse lo que es estar encerrada, sin ninguna posibilidad de moverte, y saber que no tienes nada, porque no teníamos ninguna comunicación con el mundo exterior", reconoce Engelbert. Karina pasó los primeros 23 días de cautiverio sin saber que sus hijas también estaban en Gaza y que estaban malheridas. Los últimos 30 días de secuestro los pasaron juntas en un hospital en Gaza.
"Quienes regresaron en noviembre de 2023 dejaron atrás a familiares que aún permanecían retenidos en Gaza, y todos tuvieron que unirse a la lucha para rescatar a los rehenes restantes, lo que les impidió concentrarse en su propio sufrimiento"
Muchos pensarán que Engelbert y sus hijas son unas afortunadas, porque fueron las primeras en salir de la Franja, pero su liberación no trajo todo el alivio que imaginaban. "Quienes regresaron en noviembre de 2023 [durante el primer alto el fuego de los tres que ha habido] dejaron atrás a familiares que aún permanecían retenidos en Gaza, y todos tuvieron que unirse a la lucha para rescatar a los rehenes restantes, lo que les impidió concentrarse en su propio sufrimiento", cuenta la doctora Shapira-Berman. "Los rehenes que se quedaron sufrieron abusos extremos y torturas horribles, sin embargo, cuando finalmente regresaron, no tuvieron que unirse a la lucha y pudieron concentrarse en su salud", añade. El camino para la recuperación es largo y tortuoso, a medida que los exrehenes comparten más detalles sobre su cautiverio.
Manipulación psicológica
Durante su secuestro en Gaza sufrieron abusos sexuales, hambre, tortura física y mental y manipulación psicológica. Algunos excautivos afirman que las secuelas psicológicas son más graves por lo que sufrieron durante el ataque del 7 de octubre que por su cautiverio. "Nos encontramos con quiénes fueron secuestrados e intentamos hablar y ayudarnos el uno al otro, porque es lo único que tenemos", reconoce Karina. A principios de febrero, las autoridades israelíes informaron al medio Haaretz que decenas de exrehenes no reciben atención de salud mental ni un seguimiento regular por profesionales psicológicos. Algunos supervivientes rechazaron el tratamiento porque no querían revivir el trauma sufrido en cautiverio, mientras que otros llevan viviendo en el extranjero durante un período prolongado y no reciben un seguimiento completo del sistema de salud mental de Israel. Los psicólogos alertan de las graves consecuencias de la falta de atención en este colectivo de personas.

La familia Engelbert: Mika, Karina, Tom y Yuval. / Cortesía de la familia.
Pese a que hace más de dos años que fue liberada, Karina aún no ha podido retornar a una vida normal. Hasta octubre, estaba en las calles exigiendo el retorno del cuerpo de su marido, aferrada a esa esperanza chiquita de que siguiera con vida. Su casa en el kibbutz Nir Oz, que fue escenario de una batalla el 7 de octubre de 2023, fue destruida hace un mes. Volver al kibbutz no es una posibilidad. Trabajar tampoco, de momento. "Hace unos meses tuve que dejar de trabajar porque no tengo la suficiente fuerza", afirma. Yuval, la pequeña, va al colegio, "porque es el lugar donde, a su edad, tiene que ir, un lugar seguro, aunque eso no significa que pueda estudiar", apunta. "Pero poco a poco, yo tengo la esperanza de que al final vamos a estar bien", dice, con una sonrisa que se intuye a la otra línea del teléfono.
"En las guerras no hay ganador; en las guerras, todos pierden. Es solamente que unos pierden más y otros pierden menos, pero, en esta guerra, todos perdemos, y espero que en algún momento esto se acabe para empezar una época mejor para todos"
Antes de colgar, Karina desea compartir un mensaje. "En las guerras no hay ganador; en las guerras, todos pierden. Es solamente que unos pierden más y otros pierden menos, pero, en esta guerra, todos perdemos, y espero que en algún momento esto se acabe para empezar una época mejor para todos", afirma, antes de un largo suspiro. Después del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, el Ejército israelí lanzó la ofensiva militar más brutal de los últimos tiempos, que ha arrasado con casi 72.000 vidas palestinas. Cientos de gazatíes fueron detenidos sin cargos durante meses en prisiones israelíes. "Nadie debería vivir lo que hemos vivido, ni aquí, pero allí tampoco", concluye Karina Engelbert.
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