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Guerra comercial

China, reforzada por el varapalo del Supremo a los aranceles de Trump en vísperas de la cumbre de abril en Pekín

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El presidente de EEUU, Donald Trump, y el presidente chino, Xi Jinping, son recibidos por niños que ondean banderas durante la ceremonia formal de llegada el 9 de noviembre de 2017, en Beijing, China.

El presidente de EEUU, Donald Trump, y el presidente chino, Xi Jinping, son recibidos por niños que ondean banderas durante la ceremonia formal de llegada el 9 de noviembre de 2017, en Beijing, China. / Shealah Cr / Europa Press

Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Barcelona
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Ha reaccionado China con sordina y elegancia, como si no fuera con ella, al sopapo judicial recibido por Donald Trump, a pesar de que el Tribunal Supremo le ha privado de su principal arma en las dos guerras comerciales con Pekín. Llegará debilitado a la cumbre del 31 de marzo y 1 y 2 de abril con Xi Jinping en Pekín y ya existen dudas razonables de qué ocurrirá con la soja estadounidense. La buena noticia es que parece China más interesada en preservar la tregua que en dinamitarla.

No ha pasado de un acuse de recibo. El Ministerio de Comercio chino ha dicho este lunes que "está estudiando" la noticia que desde el viernes ha convulsionado la economía global. Estalló en las vacaciones de año nuevo chino y apenas ha sido mencionada en la prensa oficial. El comunicado ha seguido con la cantinela al uso: que China se opone a los aranceles, que no hay ganadores en las guerras comerciales y que el proteccionismo conduce a un callejón sin salida. "También sabemos que Estados Unidos está preparando alternativas, como investigaciones comerciales, para mantener las tarifas. Las monitorizaremos y defenderemos con firmeza nuestros intereses", ha concluido.

Sin aranceles a la cumbre

China ha quedado sujeta a la misma tarifa global del 15% que aprobó Trump en plena rabieta tras la ilegalización de los "aranceles recíprocos". Es muy asumible para un país que meses atrás la sufría de tres cifras y que, además, caducará en 150 días. Aterrizará Trump en Pekín el 30 de marzo en una situación opuesta a la deseada. En los últimos días había sugerido otra salva inminente de aranceles. "China tiene cientos de billones de dólares gracias a su superávit con Estados Unidos. Han reconstruido China, han reconstruido su Ejército. Hemos construido su ejército al permitir que eso ocurriera", dijo la semana pasada.

China respondió con timidez a los castigos de Trump en la primera guerra comercial y acabó firmando en 2020 la compra de 200.000 millones de dólares en bienes y servicios estadounidenses. La pandemia impidió cumplirla. En la segunda estaba blindada tras años diversificando su comercio y acentuando la autosuficiencia. No se arrugó, empató los aranceles estadounidenses hasta el 145% y dictó otros castigos. Trump pidió tablas cuando le alertaron de la inminente tragedia si no regresaban las tierras raras chinas. Xi y Trump firmaron la tregua a finales del año pasado en Corea del Sur y Washington sólo conservó aranceles del 10%, ahora anulados por el Tribunal Supremo, por la presunta falta de brío chino en la lucha contra el fentanilo.

El presidente chino, Xi Jinping

El presidente chino, Xi Jinping / Europa Press/Contacto/Li Xiang

Soja, palancas de presión y Brasil

El presidente aterrizará en Pekín con el recuerdo de esa derrota clamorosa y la certeza de que Pekín puede bajarle la persiana a su industria. La cortesía pública china sugiere el deseo de no arruinar el clima en las vísperas. Pero ni Trump ni los chinos son conocidos por desaprovechar una posición de fuerza y ambos sabrán quién la disfruta. Los asuntos en los que puede presionar China no son escasos, desde Taiwán a las exportaciones de chips y semiconductores.

Sin la amenaza de los aranceles, aseguran los expertos, es probable que mengüe su interés por la soja estadounidense. El sector agrario, caladero de votos de Trump, sufrió cuando Pekín interrumpió las compras durante la guerra comercial, y respiró cuando las retomó. China ha importado 12 millones de toneladas métricas tras la tregua y Trump ha alardeado durante semanas que de Pekín regresará con más compromisos. Pero el mercado, sin el palo tarifario, beneficia a Brasil: su soja es mucho más barata y la cosecha presente es exuberante. Desde Washington se esfuerzan estos días en tranquilizar a sus agricultores. "Queremos dejar claro que China sigue cumpliendo con su parte del trato, que siguen comprando lo que dijeron que comprarían", dijo el representante de Comercio, Jamieson Greer.

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