Territorio estratégico
Marzio Mian: "El Ártico se ha convertido en el epicentro de un terremoto geopolítico"
Más allá de Groenlandia, China y Rusia se disputan el acceso a minerales raros y rutas comerciales abiertas por el deshielo, según el autor y periodista especializado en esta región del planeta

Marzio Mian, este miércoles, durante su conferencia en el CIDOB. / CIDOB

Reducir la geopolítica del Ártico a la idea de que Donald Trump quiera comprar Groenlandiaes, según el periodista y ensayista italiano Marzio Mian, un error de enfoque. La isla danesa es una pieza codiciada, pero el pulso por el Alto Norte no enfrenta solo a Washington con Copenhague o Bruselas: Rusia y China llevan años consolidando posiciones en una región que concentra recursos estratégicos y ventajas militares decisivas.
Según las estimaciones científicas, "el Ártico alberga cerca del 30% de los recursos no descubiertos del planeta", recordó este miércoles Mian, autor de 'La guerra blanca: en el frente ártico del conflicto mundial', durante una conferencia en el Barcelona Centre for International Affairs (CIDOB). Ese potencial —hidrocarburos, tierras raras, minerales críticos para la transición energética— ha transformado una zona que durante décadas funcionó como espacio de cooperación relativamente estable en la frontera colonial del siglo XXI, donde convergen la crisis climática, la rivalidad militar y la reconfiguración del orden internacional. La consecuencia, advirtió, es que esta región se ha convertido "en el epicentro de un terremoto geopolítico", donde incluso la cohesión de la OTAN empieza a ponerse en cuestión.
Más allá de Trump
El presidente del CIDOB, Josep Borrell, hizo énfasis en la importancia de abrir las miras para entender la geopolítica del Ártico. "No se trata de Trump enfrentándose a Europa", afirmó. A su juicio, el foco no debe limitarse al choque transatlántico, sino a una dinámica estructural en la que confluyen ambiciones territoriales y competición estratégica. "Está claro que hay un componente colonialista en las demandas de Trump", señaló. "Es como si España tratara de disputar su soberanía a México", añadió, en alusión a Groenlandia.
Para Mian, el interés estadounidense es solo una parte del cuadro. Rusia considera el Ártico su "seguro de vida" económico y estratégico: aproximadamente la mitad de su PIB y de sus exportaciones dependen de actividades situadas al norte del Círculo Polar. Moscú ha reactivado bases militares, desplegado rompehielos nucleares y concentrado submarinos estratégicos en la península de Kola. El deshielo abre nuevas rutas, como la Ruta Marítima del Norte, y la refuerza como potencia energética.
China, por su parte, se define como "Estado cercano al Ártico", recuerda Mian, y actúa en consecuencia. Participa como observador en el Arctic Council y ha impulsado la llamada Polar Silk Road, vinculada a su estrategia global de infraestructuras. Ha invertido miles de millones en proyectos de gas natural licuado en la península rusa de Yamal y ha mostrado interés en minería e infraestructuras en Groenlandia e Islandia. La cooperación sino-rusa en el norte combina capital, tecnología y acceso a recursos.
El equilibrio del archipiélago de Svalbard
Uno de los puntos más sensibles es Svalbard, archipiélago bajo soberanía noruega en el océano Ártico, regido por un tratado de 1920 que reconoce la administración de Oslo pero garantiza igualdad de acceso a los recursos para los Estados firmantes, entre los que se cuenta España, que adquirió así derechos formales de explotación.
Si bien el uso militar está limitado, el equilibrio se vuelve frágil, alertó Mian, en un contexto de creciente militarización y disputa por minerales estratégicos en el suelo marino.
Rusia mantiene presencia civil en el archipiélago y cuestiona determinadas interpretaciones noruegas sobre zonas económicas exclusivas y explotación de recursos. La ambigüedad jurídica convierte a Svalbard en un potencial foco de fricción en un momento en que el régimen de control de armamentos nucleares se debilita y la desconfianza entre bloques aumenta.
El Norte canadiense y la fractura atlántica
El frente ártico no se limita a Europa. En el norte canadiense, las tensiones entre Ottawa y Washington giran en torno al control del paso del noroeste y la delimitación de soberanías marítimas. El retroceso del hielo transforma rutas históricamente impracticables en corredores comerciales y estratégicos, con implicaciones directas para la seguridad continental.
Según Mian, la llamada "excepcionalidad ártica" —la idea de que la región quedaba al margen de las grandes confrontaciones— ha quedado superada. La invasión rusa de Ucrania en 2022 aceleró la división entre un bloque occidental ampliado y una Rusia cada vez más alineada con China. El Ártico actúa hoy como un condensador de tensiones globales: energía, clima, tecnología y disuasión nuclear confluyen en un mismo espacio.
El resultado es un escenario en el que el deshielo no solo modifica mapas físicos, sino también equilibrios estratégicos. Groenlandia simboliza la disputa, pero el conflicto es más amplio: se trata de quién fija las reglas en la última gran frontera del planeta.
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