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Degradación política

La crisis institucional de Perú allana el camino a la ultraderecha en las elecciones de abril

La destitución del presidente interino José Jerí es la séptima desde 2018 en un país donde todos los mandatarios elegidos democráticamente están presos

Manifestantes reclaman la salida del presidente interino de Perú: "No puede seguir más"

Manifestantes reclaman la salida del presidente interino de Perú: "No puede seguir más"

Abel Gilbert

Abel Gilbert

Buenos Aires
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Un sismo de magnitud 3,5 remeció a Lima y sus alrededores en la mañana de este miércoles. Los habitantes de la capital peruana se han acostumbrado a esos temblores tanto como los sucesivos ascensos y caídas de presidentes. José Jerí permaneció apenas cuatro meses en el poder y lo abandonó cuando sus furtivas relaciones con empresarios chinos comprometieron seriamente su continuidad. Que hubiera accedido al Ejecutivo con acusaciones de violación sexual es un indicio del mal funcionamiento de la política en el país andino. La práctica de la destitución por parte del Congreso se ha naturalizado a su vez a tal punto que la vida social y económica siquiera se altera por la debacle institucional permanente: siete mandatarios pasaron por el Palacio Pizarro desde 2018, la mayoría de ellos interinos e incapaces de resistir la embestida de la misma legislatura que los unge y luego descarta.

Este ciclo de degradación comenzó con Pedro Pablo Kuczynski Godard, quien prefirió dimitir antes que ser echado por una denuncia de corrupción. El economista es primo del reconocido cineasta francés Jean-Luc Godard. Su desbordante imaginación podría haberse puesto al servicio de una posible película sobre los descabezamientos presidenciales como si se tratara de un deporte nacional o un rito de expiación. A Kuczynski le siguió Martín Vizcarra, quien no pudo sostenerse en pie a pesar de sus ambiciones: fue a parar a la cárcel. Su reemplazante, Manuel Merino, duró un suspiro. Francisco Sagasti comandó la presidencia hasta las elecciones que llevaron al maestro rural Pedro Castillo a la jefatura de Estado, en 2021. Dina Boluarte le sustituyó en diciembre de 2022. Acumuló tantos escándalos que cuatro meses atrás le llegó el turno a Jerí quien, en una curiosa carrera de relevos, fue obligado a dejar su puesto a otro congresista que debería conducir a Perú a las presidenciales de abril, siempre y cuando no sea destituido en el camino.

El caso de Jeri ha provocado una catarata de lamentaciones en los editoriales de los principales diarios. "Acumuló escándalos que hicieron imposible su permanencia", señaló El Comercio. "El Congreso de la República optó por la censura cuando múltiples constitucionalistas advirtieron que el mecanismo correcto era la vacancia presidencial por incapacidad moral permanente, conforme al artículo 113 de la Constitución. La censura es una figura de control político diseñada para ministros o autoridades del Parlamento, no para un jefe de Estado en ejercicio". El proceso que desembocó en la salida del impopular Jerí se llevó a cabo "atropellando consideraciones constitucionales elementales. El resultado es un precedente pésimo que debilita la institucionalidad y genera incertidumbre jurídica". El récord de destituciones "es digno de vergüenza", pero es también una lección: "los peruanos debemos pensar muy bien nuestro voto en estas elecciones" de abril.

Desencanto y dispersión del voto

El tema central es la legitimidad del próximo mandatario surgido de las urnas en un país que tiene 36 postulantes. "En vísperas de una elección fragmentada, el control del Ejecutivo interino representa tanto una oportunidad como un riesgo. Administrar la transición ofrece capacidad de influencia, pero también expone a desgaste y a un eventual coste electoral", señaló La República. "La atomización del sistema político constituye uno de los principales factores de la crisis múltiple que sufre el país".

Según Perú 21, la "alarmante inestabilidad política" ofrece una paradoja: "Ya no afecta a los mercados de capitales, pues en estos últimos días no se han llegado a registrar mayores sobresaltos bursátiles ni corridas bancarias. Señal de que la economía peruana discurre por un carril distinto al de la política". La economía creció casi cuatro puntos en 2018, el año que se inició la deriva. La pandemia provocó efectos desastrosos. La recuperación se hizo sentir en los indicadores a partir de 2021. En 2024, el PIB aumentó 3,66%. Casi 10 millones de peruanos son pobres.

Avanza la ultraderecha

En este contexto se prepara el recambio electoral. "Lo peor de todo es que con la caída de Jerí la desafección por la política y la autoridad seguramente aumentará entre la ciudadanía", reconoce Perú 21. El alcalde de Lima, Rafael López Aliaga, aparece como el más beneficiado de ese rechazo ciudadano. Conocido como "Porky", por su parecido con el personaje de dibujos animados, tiene una preferencia de un 12% a nivel nacional. Aliaga es un ultraderechista y numerario del Opus Dei hace casi dos décadas. Keiko Fujimori, de Fuerza Popular, es su escolta en el sondeo de Ipsos, con el 8% en el total nacional. Cuatro aspirantes, entre ellos un hermano de Martín Vizcarra que compite en su nombre, alcanzan apenas un 4% de la intención de voto. Un 34% preferiría al alcalde capitalino de llegar al segundo turno, el 7 de junio. La escasa popularidad de los candidatos ya no sorprende. El maestro Castillo había ganado el primer turno con menos del 20% de los sufragios.

La institucionalidad peruana se ha devaluado. La salida del poder de Alberto Fujimori hace 26 años no logró la prometida superación de la experiencia autocrática. El primer presidente electo sin trampas, Alejandro Toledo, se encuentra preso por corrupción. Su sucesor, Alan García, se suicidó en 2019 cuando la policía había golpeado a su puerta por una causa similar. Ollanta Humala está también en la cárcel. Pedro Castillo es otro de los inquilinos de esa prisión. Lo mismo que Vizcarra.

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