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Tiendas de moda abiertas en Estambul de madrugda / Adrià Rocha Cutiller

Alguna vez puede pasar: verse, una noche cualquiera, entre semana o domingo, con la necesidad de comprarse unos zapatos nuevos, una nueva chaqueta. Además, le puedes añadir un bolso y de paso también algo de fruta y verdura.
En Estambul, la mayor urbe de Europa con cerca de 20 millones de habitantes, no solo es posible sino que es el pan de cada día, muy habitual en las zonas céntricas de la ciudad, regentadas tanto por turistas como por locales. Allí no hay normas. "¿Qué problema hay? De hecho, es algo que cuando viajamos con mi familia a Europa nos cuesta. Si estamos un fin de semana fuera, no es cómodo que las tiendas cierren el domingo. En cambio aquí es mucho más fácil. Salimos de compras cuando lo necesitamos, no cuando podemos", explica Sebnem, una turca que, domingo pasada la hora de cenar está mirando lavadoras. No las comprará hoy, dice, pero para hacerse una idea.
En Turquía, no existe una ley como tal que regule los horarios en los que las tiendas pueden abrir. Es un todos contra todos, con algunos matices: son los ayuntamientos locales los que marcan las horas, según las necesidades de cada región, barrio y ciudad.
En localidades de provincias turcas, esto significa horarios normales: de 10 de la mañana a 8 de la tarde, o incluso antes si es invierno y el frío de la noche rompe el día temprano. Estambul, sin embargo, va aparte: en las zonas más transitadas —porque la necesidad lo obliga— tiendas se mantienen abiertas hasta bien entrada la madrugada, sobre todo en los fines de semana. Incluso las peluquerías para hombres, sobre todo en verano, abren hasta altas horas, porque nunca se sabe cuándo hará falta repasar el afeitado.

Una calle de Estambu con las tiendas abiertas durante la noche. / Adrià Rocha Cutiller
"Lo bueno de trabajar los domingos es que me es fácil poder ir a clase entre semana, y luego trabajar los fines de semana", explica una joven dependienta, que no es de Estambul pero se mudó a la gran ciudad turca para ir a la universidad: "Pero las condiciones son muy difíciles. A veces hago jornadas de 12 horas. Todo el día en la tienda, y Estambul está carísima y los salarios apenas han subido".
Todo abierto
El secreto de todo, siempre, esté abierto es simple: una mezcla de salarios muy bajos —sobre todo si se compara con el coste de la vida en ciudades como Estambul— y una tasa de desempleo aún más baja, situada en apenas el 9%.
El salario mínimo, así, alcanza apenas los 500 euros al mes en Turquía. Pero hay más: casi nadie en el sector de los servicios trabaja asegurado: la economía en negro en el país anatolio alcanza el 40% del total del valor económico del país, y aquí los salarios se pagan en metálico y sin impuestos, lo que facilita las contrataciones, los despidos y, por supuesto, la falta de derechos laborales.
Por ello, Turquía se ha convertido, en los últimos años, en la capital europea de comida y servicios a domicilio. Estambul, a todas horas del día —noche incluida— está repleta de motoristas cargados con paquetes en todas direcciones. Varias aplicaciones de compras, de hecho, permiten hacer pedidos de madrugada en sus propios supermercados, tanto en fin de semana como un día laborable.
Protestas reprimidas
Todo ello, por supuesto, a expensas de los repartidores, que se pasan el día corriendo para realizar cuantos más envíos posibles. “Trabajamos por comisión, y la empresa nos obliga a un mínimo de envíos al día para poder cobrar. Si llegamos, entonces vamos sumando pequeños extras. Es una forma difícil, pero muchos no tenemos más opciones: nos compramos una moto y nos ponemos a trabajar. A veces hago jornadas de 16 ó 18 horas para poder conseguir un salario decente”, explicaba, hace unos meses, un repartidor de una de las grandes empresas turcas, que estuvo hace unos años probando suerte —y fracasando en el intento— en Europa.
Lo que en la Unión Europea (UE) ha sido declarado como ilegal, que los repartidores contratados por una empresa sean falsos autónomos, en Turquía no solo es legal sino que está tan permitido que cuando los repartidores han realizado huelgas en el pasado, sus protestas han sido reprimidas violentamente por la policía.
"Lo único que pedimos son mejores condiciones y un respeto a nuestros derechos laborales. No puede ser que nos veamos obligados a trabajar todo el día para conseguir un salario relativamente digno, y que cuando tengamos un accidente la empresa nos penalice y nos obligue también a pagar nosotros mismos las reparaciones nuestras motos", explicaba el repartidor. En Estambul, todo se puede comprar en cualquier hora; siempre, eso sí, con un precio a pagar.
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