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La 'app' que triunfa en China: "Hola, ¿estás muerto?"

La 'app' de moda entre jóvenes y mayores pregunta cada día al usuario para asegurarse que está bien y da la alerta a un familiar o amigo en caso de ausencia de respuesta durante dos días consecutivos

Una mujer usando un teléfono móvil.

Una mujer usando un teléfono móvil. / AFP PHOTO GREG BAKER

Adrián Foncillas

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“Paso el día en casa frente al ordenador, mi vida social es casi nula y apenas tengo tiempo para llamar a casa”, lamenta Chen, gestora inmobiliaria. Roza la treintena y años atrás se trasladó a Pekín desde su provincia natal de Anhui, en la otra punta del país. “Si un día me pasa algo, no sé cuánto tardará mi madre en enterarse”, continúa. La aplicación que ha recostado a China en el diván es una idea sencilla para un contexto social complejo. Pregunta cada mañana si estás muerto y ofrece un gran círculo verde para negarlo. La persona designada como contacto de emergencia recibirá una alarma si el usuario no lo pulsa durante dos días consecutivos. Es la depuración de lo tangencial, la desnudez más descarnada. Es también la aplicación del momento y el corolario de una sociedad atomizada e inquieta.

 “Solo pero no en soledad, la seguridad a tu lado”, se lee en la descripción de una aplicación sugerida por sus programadores para “los oficinistas que no trabajan en compañía, los estudiantes alejados de casa o cualquiera que ha elegido una vida solitaria”. La idea surgió tras descubrir en las redes sociales el creciente miedo a una muerte desapercibida. Salió en mayo y semanas atrás irrumpió como un tsunami en la lista de las más descargadas por la demanda de jóvenes urbanitas . Se llama silema (死了吗), algo parecido a “¿Estás muerto ya?”, y juega con la proximidad fonética a una popular aplicación de comida a domicilio.

Su éxito ha provocado cambios estratégicos. Era gratis en un principio y ahora cuesta ocho yuanes (un euro aproximadamente). El segundo es un debate nacional sobre el nombre. Xu Xijin, célebre columnista hipernacionalista, sugirió que preguntas más reconfortantes como “¿Estás vivo?” conservarían su utilidad. La compañía ha pedido alternativas a sus usuarios pero del proceso aún no hay veredicto. La aplicación sigue su expansión, con números muy respetables en Singapur, Estados Unidos o España, empujados probablemente por la diáspora china.

Tres jóvenes detrás

Poco se sabe de la compañía Moonscape Technologies. Son tres jóvenes de Zhengzhou, capital de la provincia de Henan, que invirtieron mil yuanes (122 euros) en la aplicación y ahora venden el 10 % de la empresa por un millón de yuanes (122.000 euros). En sus planes inmediatos, además de la conquista global, figura la lucha contra el alud de falsificaciones y una versión individualizada para los mayores de 60 años. “Queremos llamar la atención sobre los ancianos que viven solos para darles más atención y cariño. Tienen sueños, ganas de vivir y merecen ser vistos, respetados y protegidos”, aseguraba en un comunicado.

 Los psicólogos aluden estos días a la problemática sobre la que se asienta el fenómeno. La pretensión de la aplicación es más humilde que la de una línea de la esperanza. Sin una voz al otro lado, sólo busca acelerar el conocimiento del deceso y evitar un cuerpo en descomposición. Pero ese rutinario gesto matutino de pulsar el botón, señalan los expertos, ya mitiga el sentimiento de aislamiento.

 La deriva económica y social generada por el desarrollo ha ensanchado la clientela potencial. El porcentaje de viviendas habitadas por una sola persona ha pasado en dos décadas del 7,8% a rozar el 20%. La unidad de trabajo o 'danwei', el órgano socio-administrativo del maoísmo, fijaba el lugar en la comunidad: el empleo, la vivienda, en algunas ocasiones incluso el matrimonio. La globalización trajo el individualismo y el modelo productivo lo acentuó. La fábrica global necesitó del éxodo de cientos de millones de trabajadores del interior rural a la exuberante costa oriental. Atrás dejaron a la familia y en muchas ocasiones a sus hijos al cuidado de abuelos. El proceso sigue sin pausa: China, un país tradicionalmente agrario, concentra ahora casi un 70 % de su población en las ciudades, hostiles e impersonales para muchos de los llegados.

 Aquella mano de obra joven, tras el cambio de patrón económico de las manufacturas a sectores tecnológicos, sigue grapada a largas jornadas que boicotean las relaciones sociales. Son las llamadas 996 porque se alargan de las 9 AM a las 9 PM durante seis días a la semana. A la soledad juvenil también contribuye el relajamiento de los esquemas familiares. Hoy los chinos se casan más tarde o no se casan y muchas mujeres se rebelan contra el viejo estigma de la soltería. El número de matrimonios cayó el año pasado a sus niveles más bajos desde que empezaron los registros cuatro décadas atrás.

 Influye también el terco envejecimiento demográfico. Los mayores de 60 años suponen ya casi la cuarta parte de su población y diez años más tarde superarán los 400 millones. La soledad en la vejez es un problema conocido en todo el mundo; en China está agravado por la ya derogada política del hijo único. Y añadan la ansiedad, el estrés y la incertidumbre ante unas perspectivas económicas y geopolíticas más pesimistas de las que disfrutaron la pasada generación. Ese cuadro explica los efectos terapéuticos de la cita diaria con un gran círculo verde en el móvil.

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