Conflicto en Oriente Próximo
Dos días de enero que cambiaron Irán: "Fue un infierno, con la muerte en cada esquina"
Iraníes que salen de su país en dirección a Turquía relatan lo que vivieron el jueves y viernes de la semana pasada, cuando el régimen iraní desató una ola de muertes que alcanza ya las 3.000 personas, según oenegés

Vista aérea de la manifestación progubernamental en la plaza Enghelab de Teherán, este sábado. / Europa Press

Alí lo vio con sus propios ojos. Esa tarde, jueves 8 de enero, el hombre subió a la terraza de su edificio para tener una buena visión: en su calle, en Teherán, se apelotonaban cientos, miles de manifestantes. Algunos gritaban en favor del hijo del antiguo Shah; otros, clamaban contra el líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí. Todos buscaban un cambio de régimen: la caída de la República Islámica.
Pero entonces, Alí lo vio todo, y esa imagen, dice, no se le olvidará jamás. "Nunca vi nada así. Jueves y viernes de la semana pasada fueron un infierno, con la muerte en cada esquina. Nunca había visto tanta muerte junta, en tantos lugares. Esa primera noche, mientras estaba en la terraza, vi cómo llegó la policía en moto. Sacaron las escopetas y empezaron a disparar a bocajarro", relata ahora Alí, que esta semana ha conseguido cruzar la frontera con Turquía en dirección a Europa, donde estará unas semanas antes de volver a Irán.
El hombre, de mediana edad, mira hacia los lados cuando habla y recuerda. "Disparaban hacia todos lados, en todas direcciones. Vi mucha gente caer. Fue una absoluta masacre. Desde entonces, desde ese viernes, apenas ha ocurrido nada en Teherán. La gente ya no ha salido más de casa. Los contrarios a este gobierno somos el 90% de la población, y nos han masacrado. Ahora estamos aterrorizados", dice Alí.
Los números se apilan. Según datos de oenegés iraníes en el extranjero, más de 3.000 personas han muerto durante esta última ola de protestas, que empezó el pasado 28 de diciembre. Poco se sabe de estas muertes a causa del bloqueo informativo desde el jueves 8 de enero, cuando la República Islámica cerró toda conexión al internet en el país.
A penas nada entra ni sale: tan solo vídeos cortos y de mala calidad de algunas protestas, y imágenes de las morgues de Teherán llenas hasta la bandera. Algo, sin embargo, sí parece claro: la gran mayoría de las 3.000 muertes de esta ola de protestas —el número definitivo podría ser mucho mayor— ocurrió en tan solo dos noches, jueves y viernes de la semana pasada.
Masacres sin rastro
"Es obvio que fue a propósito, ¿no?", se pregunta Foziyeh, otra iraní que acaba de abandonar Teherán y su país para pasar un tiempo fuera; en este caso en Turquía. "El gobierno cortó internet para que nadie, ni dentro de Irán ni fuera, se enterase de todas las muertes, de la brutalidad de este régimen que ha decidido declarar la guerra a la población", dice la mujer, que estaba en casa con unos amigos en la noche del jueves.
Sus recuerdos de esa tarde —probablemente influenciados por lo que la mujer vivió horas más tarde— son fatales. "Estaba en casa, y sobre las cinco de la tarde, justo antes de que anocheciera, recuerdo un silencio atronador. No se oía ni un alma en la calle. Pero a las seis cayó el sol y todo estalló: cánticos, gritos, explosiones, incendios…. Desde la ventana lo veíamos todo. La sucursal bancaria de enfrente de casa quemó. Entonces vimos que internet estaba cortado, y ahí es cuando empezó la masacre. Una absoluta masacre", dice la mujer, que vivió —de niña, eso sí— la revolución islámica de 1979.
Entre esa y la de ahora, dice Foziyeh, hubo muchas similitudes, como el hecho de que la comunicación entre protestantes era analógica y que "en ambas ocasiones cada vez que en alguna protesta había muertes, al día siguiente los números de manifestantes se multiplicaban. Esta vez fue igual, hasta el 8 de enero. El régimen, ese día, fue a matar a todos para acabar con las manifestaciones. Lo consiguieron…".
Irán, sin embargo, niega ninguna responsabilidad en todo lo ocurrido. Según la versión oficial de Teherán, los miles de muertos ocurridos durante las protestas fueron a manos de "grupos terroristas" que se infiltraron en las multitudes, y empezaron a disparar tanto contra fuerzas del Estado como contra manifestantes. La República Islámica no ha aportado ni una prueba al respecto.
Jameneí, este sábado, ha ahondado en la política de apuntar hacia los demás. "Consideramos al presidente de Estados Unidos como el criminal responsable de las muertes, el daño y los insultos infligidos contra la nación iraní. Nosotros no queremos ir a la guerra. Pero aviso que no dejaremos que los criminales, tanto domésticos como internacionales, salgan impunes de esta", ha dicho este sábado el líder supremo iraní.
Cadáveres y heridos
Casi ninguno de los iraníes con los que EL PERIÓDICO ha podido hablar estos días en la frontera entre Irán y Turquía, no así, señala a otro responsable que no sea el propio gobierno iraní, cuya campaña de masacre contra las protestas desembocó en lo que probablemente fueron los dos días más mortíferos en Irán —jueves 8 de enero y viernes 9 de enero— desde la revolución islámica y la guerra contra Irak (1980-1988).
"En las anteriores olas de manifestaciones, durante los últimos años, siempre han habido muertos, pero siempre eran lejanos. Los había, pero yo por ejemplo no tenía nadie en mi entorno que conociese a un muerto. Eran conocidos de conocidos de conocidos", dice Fatima, una iraní que, a diferencia de los demás, vuelve a su país después de unos días fuera. "Pero esta vez no. Esta vez ha sido distinto. No conozco a nadie en Teherán que no conozca a un asesinado. Todos tenemos amigos, familiares, compañeros de trabajo que han muerto. Nuestro propio gobierno nos ha matado", dice la joven.
"Mira —dice Foziyeh—, mi hermana trabaja en un hospital de Teherán. Anteayer me dijo que muchos de los muertos que les llegaban tenían agujeros limpios de bala en la frente ¿Cómo muere un manifestante de un disparo en la frente si no es que ha sido ejecutado? Al hospital les llegaban más muertos que heridos".
La mujer se interrumpe mientras habla; intenta cortar unas lágrimas que, más que de tristeza, son de rabia y enfado. Foziyeh se las aparta de la cara, las expulsa hacia afuera con los dedos. Le molestan:
"Lo consiguieron. De verdad que lo consiguieron. Mataron a tantos y tan rápido que desde ese viernes las protestas han casi parado. Desde fuera la gente no se ha podido enterar por el bloqueo de internet, pero han matado al movimiento de protesta. Ha sido una auténtica carnicería, y no hemos podido hacer nada al respecto. Los iraníes estamos solos. Ahora nos ha quedado claro".
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