EL PERIÓDICO, en la frontera de Irán
Iraníes que huyen de su país tras la brutal represión de las protestas: "El régimen ha demostrado estar dispuesto a todo para sobrevivir"
EL PERIÓDICO viaja a la frontera de Turquía e Irán y recaba testimonios de ciudadanos que abandonan el país persa: "Hoy ha sido el primer día en el que hemos salido de casa desde la semana pasada; hemos pasado mucho miedo", explica una joven

Los restos de un vehículo incendiado durante las protestas contra el régimen iraní en Teherán / ABEDIN TAHERKENAREH / EFE

Solo cuando cruzó por primera vez la frontera entre Turquía e Irán por el paso de Kapiköy, hace tres días, Pouria pudo entender la magnitud de lo que ocurría en su país.
Pouria, que vive y trabaja en Europa y estaba en casa de sus padres, en la ciudad noroccidental de Joy, cuando estalló la ola de protestas, necesitaba trabajar, enviar un correo electrónico a sus jefes explicándoles que estaba bien, pero incomunicado, y que tardaría unos días en volver a contactarles. Fue entonces cuando pudo leer las noticias por primera vez, y a Pouria —no es su nombre real— le costó creer todo lo que veía: miles de muertos apilándose, imágenes de morgues y calles llenas, y disparos y muerte y persecuciones, y edificios en llamas.
En Joy, apenas habían tenido lugar manifestaciones. Pero tras una semana entera sin conexión a internet, él lo tenía claro: algo estaba pasando. "Al venir el otro día pude contactar con un familiar y me contó todo. En televisión vimos algunas cosas, cómo el Gobierno mostraba sus protestas en favor de la República Islámica, pero poco más", explica Pouria, con su pareja al lado, esta vez ya habiendo cruzado hacia Turquía por el paso de Kapiköy para no volver.
Ambos viajan de vuelta a Francia, lejos de las balas y del ataque que, supuestamente, puede realizar Estados Unidos en cualquier momento contra Irán para "ayudar a los manifestantes".
"Bueno, la verdad es que ya es algo tarde, no sé... —explica Donya, la pareja de Pouria— las protestas han sido destruidas. El viernes de la semana pasada fue el último gran día. Después, han ocurrido más pequeñas, pero nada comparable. Ya no hay casi nada. El país ha vuelto a la normalidad. A una nueva normalidad, diría yo".
Esta nueva normalidad, dicen varios iraníes que acaban de cruzar la frontera con Turquía, es de todo menos normal: las tiendas y restaurantes están abiertos durante el día, pero por las noches reina un toque de queda informal solo quebrantado por los insensatos.
Cualquier negocio que requiera internet para funcionar —como bancos, mercados online o cualquier empresa que dependa de ello para su negocio— está cerrada hasta nuevo aviso. Y el aviso no llega: este jueves Irán llegó al hito de estar una semana entera sin conexión. El Gobierno no ha anunciado cuándo restablecerá el sistema.
Miedo a salir de casa
Amal, otra iraní —de nombre ficticio— que también ha cruzado la frontera hacia Turquía este jueves, llega a suelo turco nerviosa, en busca del vehículo que la lleve lejos de la puerta lo más rápido posible.
La joven viaja con su padre. Ambos van poco cargados: van a casa de una tía que reside en Estambul. "Hoy ha sido el primer día en el que hemos salido de casa desde la semana pasada. Hemos pasado mucho miedo", dice Amal, habitante de Tabriz, la mayor ciudad iraní cerca de la frontera.
Tabriz —y su mercado de comerciantes de productos electrónicos— fue uno de los puntos de estallido de esta última ola de protestas en Irán, arrancada el 28 de diciembre ante la enorme caída del rial, la moneda iraní. "Por suerte cerca de casa no hubo manifestaciones. Pero hemos pasado mucho miedo. Mucho. Durante el jueves y viernes de la semana pasada escuchamos muchos tiros, durante casi toda la noche. Ahí decidí que nos marchábamos en cuanto la situación se calmase", explica el padre de Amal, y que lo siente, que tienen prisa.
Ambos saltan con sus maletas dentro de una furgoneta cargada con iraníes en dirección a la ciudad turca más cercana. De allí podrán volar hacia Estambul. La ruta es ardua: con el espacio aéreo cerrado en Irán durante estos días, muchos se han visto obligados a salir por tierra.
Cambio de paradigma
Pouria y Donya también se preparan para partir. Ellos dos, eso sí, con más tiempo de espera. "Me da la sensación que todo seguirá igual a partir de ahora. El régimen es muy poderoso, y no creo que ya ningún tipo de protesta sea capaz de derrocarle. Han demostrado ser capaces de destruir todo lo que los iraníes intenten", dice el joven, para quien lo único que podría funcionar podría ser una intervención desde el extranjero.
Pero y si ocurre... ¿cómo y para quién? "Tampoco lo veo fácil, no sé... —explica el joven— El Gobierno ha demostrado que está dispuesto a todo para sobrevivir. No hay nada que hacer. Pero sí creo que estas protestas están creando un cambio en la población. Un cambio de mentalidad. A cada ola de protestas, la gente entiende más de este régimen, se distancia más. Puede que lo que haya ocurrido estas semanas no acabe con la República Islámica hoy, pero sí servirá para que esta caiga en una, dos décadas".
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