Crisis entre Washington y Caracas
El desembarco de EEUU en Venezuela deja en el limbo los créditos chinos al país caribeño
Pekín, leal apoyo de Maduro, ofreció a Caracas ayudas que rondaron los 50.000 millones de dólares en los primeros 15 años del milenio, convirtiéndose en el cuarto receptor de préstamos chinos del mundo

El presidente chino, Xi Jinping, junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. / Europa Press

Nicolás Maduro describió en sus redes sociales la visita de Qiu Xiaoqi, enviado chino para Asuntos Latinoamericanos, como "una fraternal reunión que reafirma los potentes lazos de hermandad y amistad entre China y Venezuela". Pocas horas después volaba esposado a Manhattan. En la Venezuela tutelada por Donald Trump quedan en peligro no solo la quincena de acuerdos de cooperación firmados en aquella tarde en el Palacio de Miraflores sino unos vínculos económicos de décadas. Nadie duda en Pekín de que, a largo plazo, estos embates atrabiliarios estadounidenses reforzarán la influencia global china, pero la prioridad inmediata es proteger sus inversiones.
No son escasas: estaciones satelitales terrestres, redes de telecomunicaciones, inversiones petrolíferas... El eje Caracas-Pekín-Moscú se fortaleció en 1999 con la llegada al poder de Hugo Chávez y el compartido anhelo de un mundo multipolar. Ni China ni Rusia reconocieron dos décadas después como presidente a Juan Guaidó y siguieron fieles a Maduro. China permitió que Caracas respirase cuando apretaban las sanciones internacionales.
En 2023, durante una visita de Maduro a Pekín, elevaron sus relaciones bilaterales a "sociedad estratégica integral". El grado más alto en la escala diplomática china apenas lo disfrutan un puñado de países de acrisolada confianza y compartidos intereses. En Latinoamérica, solo Venezuela. "China siempre apoyará con firmeza a Venezuela en su defensa de la soberanía estatal, la dignidad nacional y la estabilidad social", prometió Xi a Maduro en Moscú meses atrás.
Combustible y dinero
Tanto combustible necesita China como dinero Venezuela. Sobre esas bases se ha asentado su relación. Su comercio bilateral alcanzó en 2024 los 6.400 millones de dólares tras un espectacular aumento del 52% anual. También ha invertido en infraestructuras variadas y minerías bajo la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda. Es China su principal acreedor y máximo comprador de crudo: el 80% de las exportaciones venezolanas acaban en el país asiático. Los temores son comprensibles: ¿Podrá comprar crudo venezolano? ¿Cobrará lo que se le debe? Lo segundo inquieta más a Pekín más porque el petróleo venezolano sólo supone el 4% de sus importaciones globales.
China ofreció a Venezuela créditos que rondaron los 50.000 millones de dólares en los primeros 15 años del milenio, según el Consejo de Relaciones Exteriores. Suponen el 40% de todos los préstamos chinos a Latinoamérica. Es el cuarto receptor de préstamos chinos del mundo, según el Instituto de investigación AidData.
Su precaria economía y las penurias del sector petrolero han aconsejado en los últimos años reducir los nuevos créditos y esforzarse en cobrar los antiguos, pero la deuda aún alcanzaba los 10.000 millones de dólares en 2024, según cálculos internacionales. Ahora están en el limbo y sin garantías de pago. El máximo regulador bancario chino pidió este lunes a todas las entidades crediticias un informe sobre sus riesgos contraídos en Venezuela, desveló el medio Bloomberg.
Venezuela debe mucho y a muchos: si Washington empuja a los acreedores chinos a la cola, las pérdidas serán seguras y cuantiosas. En el utópico escenario descrito por Trump, el inminente esplendor del sector petrolero venezolano surtirá a todos los clientes y pagará viejas deudas. Son más verosímiles las tensiones y China ya ha advertido a Caracas de que tendrá que honrar los compromisos firmados por Maduro o se encontrarán en los tribunales internacionales.
Recurrir a la deuda odiosa
"Para asegurar la asistencia del Fondo Monetario Internacional y de Estados Unidos, es probable que el nuevo régimen invoque la doctrina de la deuda odiosa contemplada en los sistemas legales occidentales como pretexto para repudiar sus obligaciones", señala Cui Shoujun, director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Renmin, en el diario hongkonés 'South China Morning Post'.
La teoría jurídica describe la deuda odiosa como la contraída por un régimen dictatorial con desprecio a los intereses del pueblo, considerada por ello ilegítima y no exigible para el Gobierno democrático siguiente. Irak tras Saddam Hussein o la Sudáfrica post-apartheid son referentes históricos. Es más dudoso que funcione con Venezuela porque ningún gobierno sensato, autónomo o tutelado, quiere enemistarse con China. Y esta ya ha aclarado que dirigirá sus acciones contra Venezuela, firmante de los acuerdos, y no contra Estados Unidos.
Venezuela sólo será la primera jaqueca para China si Trump persevera en el secuestro presidencial como estrategia geopolítica. En las dos últimas décadas ha multiplicado Pekín sus esfuerzos diplomáticos e inversiones en Latinoamérica y negado su condición de patio trasero estadounidense. El pasado año, en una cumbre en Pekín, China anunció que el comercio con Latinoamérica había alcanzado el récord de 519.000 millones de dólares. Una parte relevante fueron a Cuba y Colombia, ahora señaladas por la furia democratizadora de Trump.
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