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Los intereses de Estados Unidos en África

¿Por qué interviene EEUU en Nigeria? ¿Hay persecución de cristianos? Claves para entender el ataque de Trump

Estados Unidos alega una supuesta persecución de la comunidad cristiana, pero el origen del conflicto es más amplio y complejo

Trump ataca posiciones del Estado Islámico en el noroeste de Nigeria

Sara Fernández

Irene Benedicto

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Barcelona
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Nigeria es el último de los países en el que Estados Unidos ha decidido intervenir con fuerza. El presidente Donald Trump defendió los ataques lanzados el día de Navidad como una respuesta necesaria ante una supuesta “masacre de cristianos”, de la que no existe prueba alguna, perpetrada por grupos yihadistas que atacan a toda la población indiscriminadamente. 

Contraviniendo su propio principio de ‘América primero’ con este movimiento de intervencionismo violento exterior, el presidente estadounidense ha despertado fantasmas del pasado a pesar de su nuevo argumentario que vale para toda África: alega persecución de la minoría cristiana para justificar la intervención armada

Sin embargo, los conflictos internos en Nigeria responden a un conjunto de factores mucho más complejos, que si bien incluyen insurgencia islamista, también disputas territoriales y tensiones étnicas como herencia colonialista que dejó un continente fragmentado, donde las tribus quedaron partidas entre múltiples países, y países que agolpaban comunidades dispares dentro de fronteras artificiales dibujadas en despachos de Occidente.

A continuación, las claves para entender qué hay detrás del conflicto y por qué EEUU ha decidido intervenir ahora:

Los ataques se produjeron en el noroeste de Nigeria, en una zona fronteriza con Níger donde opera el Estado Islámico del Sahel, una filial del grupo yihadista que ha intensificado sus acciones contra fuerzas gubernamentales y civiles. Se trata de un territorio con escasa presencia estatal, algo por lo que el yihadismo se extiende. Trump presentó la ofensiva como un golpe a milicianos islamistas a los que acusa de asesinar cristianos, aunque sin concretar ataques específicos. 

No. Informes estadounidenses señalan que la violencia extremista afecta tanto a cristianos como a musulmanes. Un estudio de 2024 de la Comisión de EEUU para la Libertad Religiosa Internacional apunta que los ataques tienen un impacto transversal y no exclusivo. Muchos analistas subrayan que reducir el conflicto a una persecución religiosa simplifica una realidad marcada por el colapso de la seguridad, la pobreza rural y la debilidad del Estado.

El argumentario de EEUU replica el desplegado en Sudáfrica, donde Trump alega falsamente un genocidio y apartheid de la minoría blanca, a pesar de que estos, que representan un 15% de la población, aglutinan las tierras y la riqueza del país.

El Gobierno nigeriano ha negado que exista una persecución sistemática de cristianos, y que no se puede calificar de genocidio, señalando que la red de grupos armados violentos matan a musulmanes y cristianos de forma indiscriminada. Además, ha defendido que el país es religiosamente diverso y que el Estado combate la violencia “contra todas las comunidades”. 

Aun así, el Gobierno nigeriano ha confirmado que los ataques estadounidenses se realizaron en coordinación con las autoridades nigerianas, dentro de un marco de cooperación en seguridad que incluye intercambio de inteligencia y apoyo estratégico.

La operación culmina una escalada verbal iniciada a principios de noviembre, cuando Trump afirmó que si el Gobierno de Nigeria seguía “permitiendo el asesinato de cristianos, EEUU suspendería inmediatamente toda ayuda y asistencia a Nigeria, y entraría en el país deshonrado ‘con las armas en ristre’”. El presidente no citó ataques concretos ni presentó pruebas, pero contó con el respaldo público de aliados como el senador Ted Cruz, que acusó al Gobierno de Nigeria de tolerar asesinatos masivos por motivos religiosos.

En paralelo, la Casa Blanca volvió a designar a Nigeria como “país de especial preocupación” en materia de libertad religiosa, una etiqueta ya utilizada al final del primer mandato de Trump y retirada posteriormente por la Administración Biden.

El presidente de Nigeria, Bola Ahmed Tinubu, el 28 de noviembre de 2024 durante una visita de Estado a París

El presidente de Nigeria, Bola Ahmed Tinubu, el 28 de noviembre de 2024 durante una visita de Estado a París / SARAH MEYSSONNIER/ EFE

La respuesta prudente de Nigeria refleja una contradicción clave: niega el genocidio cristiano pero acepta el apoyo de EEUU para ataques antiterroristas a los que no puede hacer frente solo. 

La estrategia de Trump en África pasa por reducir la cooperación multilateral y empujar a los países del continente a renegociar acuerdos bilaterales en términos más favorables para EEUU. Ofrece menos ayuda directa y más exigencias a cambio, ya sea acceso a recursos naturales, concesiones económicas o presencia militar estadounidense. Nigeria, pese a ser un peso pesado en la economía africana, no es inmune a esa presión. Trump lo sabe, y se aprovecha.

Para Trump, Nigeria sirve para escenificar su discurso de mano dura contra el terrorismo y presentarse como defensor de los cristianos perseguidos, un relato con fuerte arraigo entre el electorado ultraconservador estadounidense.

Paradójicamente, a la vez que defendía este ataque en redes sociales, Trump felicitaba la Navidad en un tono atípicamente religioso para un presidente de EEUU. Con un lenguaje abiertamente confesional, elogiando a Cristo, la salvación y la vida eterna, el mensaje ha despertado voces críticas que exigen mantener la separación entre Iglesia y Estado. Nigeria, en ese contexto, funciona como una extensión exterior de una batalla cultural doméstica, anti-’woke’ y de supuesta vuelta a los valores tradicionales.

Nigeria, con unos 220 millones de habitantes, lleva años atrapada en conflictos superpuestos. En el noreste opera Boko Haram y su escisión, el Estado Islámico en África Occidental (ISWA), responsables de ataques indiscriminados contra cristianos y musulmanes. Más de 12.000 personas han muerto este año en Nigeria por la acción de grupos violentos, según datos de ACLED, una cifra que ilustra la magnitud del problema más allá de cualquier lectura confesional.

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