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Turbulencias en la Casa Blanca

"La presa se está rompiendo": el control de Trump sobre MAGA y el Partido Republicano se agrieta

La luna de miel del primer año de su mandato parece estar llegando a su fin, a medida que un número creciente de figuras clave en su movimiento cuestionan las políticas del presidente y dirigentes republicanos votan en contra de sus designios

Trump abre su discurso a la nación atacando a los migrantes y al sistema político anterior

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Ricardo Mir de Francia

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Barcelona
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Indianápolis está lejos de Washington. Unos 900 kilómetros en línea recta hacia el oeste. Una distancia que no ha bastado, sin embargo, para evitar en las últimas semanas que las presiones desde la capital abrasaran a sus congresistas estatales. Particularmente a los republicanos, que controlan las dos cámaras del Congreso de Indiana. Algunos recibieron amenazas de muerte anónimas. Otros fueron directamente señalados por el presidente, que amenazó con desbancarlos en las próximas primarias si no acataban su dictado. Les bastaba con apoyar una moción para redibujar el mapa de las circunscripciones electorales, lo que hubiera ayudado a perpetuar el dominio conservador en el estado. Pero no funcionó. Más de una veintena de republicanos se rebelaron y la ley apadrinada por Donald Trump fracasó. No solo era innecesaria, dijeron los apóstatas, sino que hubiera socavado la credibilidad de la ya maltrecha democracia.

El fiasco en Indiana sirvió para poner en evidencia las crecientes grietas en el trumpismo. Fugas de agua empiezan a emerger del que ha sido durante muchos meses un bloque monolítico, un Partido Republicano completamente entregado a Trump. Reverente, dócil y disciplinado. En muchos casos por convicción, en otros por conveniencia, a sabiendas del control que Trump ejerce sobre las bases y los grandes donantes del partido. El miedo a ser la diana de uno de los arrebatos de ira del neoyorkino ha servido de amalgama.

Pero algo está cambiando a medida que cae la popularidad del presidente y los sondeos predicen la derrota de los republicanos en las legislativas de noviembre de 2026. No solo se aprecia en el partido, sino en varios ámbitos del universo MAGA (Make America Great Again), incluidas sus cámaras de resonancia. "La presa se está rompiendo", dijo esta semana la excongresista Marjorie Taylor Greene, una de las primeras republicanas en romper con el magnate desde que regresó a la Casa Blanca.

Archivo - Donald Trump y Marjorie Taylor Greene (en el centro de la imagen)

La congresista republicana Marjorie Taylor Greene denuncia amenazas tras romper con Trump por el Caso Epstein., / Europa Press/Contacto/White House - Archivo

Rebeldía en el Congreso

En el Capitolio, varias señales. A finales del mes pasado todos los republicanos —menos uno— de la Cámara Baja votaron a favor de hacer pública la documentación del caso de Jeffrey Epstein, el financiero y pederasta con el que Trump tuvo relación. Y todo ello a pesar de que el presidente describió el asunto como un "timo demócrata" durante meses. Más recientemente, una veintena de republicanos se unieron a sus rivales para revocar un decreto de Trump que aspiraba a cercenar los derechos sindicales de los funcionarios públicos. Y esta semana otro puñado de conservadores permitió que se lleve a votación una iniciativa demócrata para extender los subsidios a la sanidad. De otro modo, el precio que pagan millones de estadounidenses por su seguro sanitario se disparará el año que viene.

Nada de eso significa que Trump haya perdido las riendas del partido o, menos todavía, del movimiento MAGA. Pero hay bolsas de descontento cada vez más evidentes, según los expertos. Por su desdén hacia la crisis del coste de la vida que ahoga a millones de estadounidenses, agravada ligeramente por su política de aranceles; por sus frecuentes viajes al extranjero y el descuido de la situación interna; por su proximidad a los oligarcas de Silicon Valley y otros multimillonarios; por su gestión del caso Epstein o su política reverente hacia Israel, país al que algunos conservadores empiezan a ver como una carga.

La comentarista conservadora Savannah Hernandez, afiliada a Turning Point USA (la organización que fundó el ultraconservador Charlie Kirk, asesinado en pasado septiembre), decía recientemente que sus bases le eligieron para "destruir la oligarquía, no para ser la oligarquía". También ha escocido su decisión de ayudar financieramente a gobiernos afines como el de Javier Milei en Argentina. O su decisión de incentivar las importaciones de carne latinoamericana para abaratar los precios, lo que ha enfurecido a los ganaderos estadounidenses. "Cuando los estadounidenses ven cómo miles de millones de dólares vuelan hacia otro país, lo sienten como una traición porque la gente en casa lo está pasando mal", le dijo Hernández a The Washington Post.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el multimillonario Elon Musk.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el multimillonario Elon Musk. / Europa Press/Contacto/Molly Riley/White House

Líderes mediáticos del mundo MAGA

Ese descontento se aprecia en el ecosistema mediático de MAGA. "¿Por qué están subiendo los precios de los medicamentos cuando prometió bajarlos?", le preguntó desde Fox News al presidente Laura Ingraham, una de sus defensoras más fervientes. "¿De qué manera están ayudando sus aranceles a aquellos que no llegan a fin de mes?". Otros como los podcasters Joe Rogan y Theo Von se han quejado abiertamente de la "crueldad" de su política de deportaciones. Y hasta Tucker Carlson, enormemente influyente en el universo MAGA, han cargado contra su director del FBI o la ayuda militar a Israel. "Lo más deprimente de este 2025 en EEUU no es solo que estamos liderados por mala gente, sino por gente mediocre, tonta y totalmente carente de creatividad", dijo Carlson en un programa reciente.

También dentro de su Administración empiezan a volar los cuchillos. La omertà flaquea. En una entrevista reciente con Vanity Fair, la todopoderosa jefa de gabinete de Trump, Susie Wiles, se despachó a gusto con las principales figuras de la Casa Blanca. Del vicepresidente J.D. Vance, dijo que es "un conspiranoico"; del jefe de Presupuestos, Russ Vought, "un absoluto fanático de derechas"; y de Elon Musk —ya fuera del Gobierno—, "un reconocido consumidor de ketamina". Del propio Trump dijo que "tiene la personalidad de un alcohólico", aunque no beba.

El presidente de EEUU, Donald Trump, y su jefa de gabinete, Susie Wiles, en una imagen de archivo.

El presidente de EEUU, Donald Trump, y su jefa de gabinete, Susie Wiles, en una imagen de archivo. / EVAN VUCCI / AP

Estrategia correctiva

En el entorno del presidente hay conciencia del malestar creciente. Este mismo miércoles Trump ofreció un inesperado discurso a la nación para tratar de vender con la hipérbole habitual sus logros de estos meses, y se espera que con el año nuevo recupere el contacto con sus bases en forma de mítines. Pero las señales para los suyos son preocupantes.

La última encuesta de Gallup, del mes pasado, lo sitúa a estas alturas de su segundo mandato como el presidente más impopular de la historia moderna después de Richard Nixon. Solo el 36% de los estadounidenses aprueba su gestión, frente al 60% que la reprueba. Su aceptación entre los votantes republicanos ha caído siete puntos (84%) y entre los independientes está solo en el 25%. Hay quien piensa que algunos dirigentes republicanos han empezado a imaginarse el futuro sin Trump y a actuar en consecuencia. "De algún modo, el mayor acontecimiento de la política estadounidenses en los últimos meses es que nadie le tiene ya miedo a Trump", dijo recientemente el columnista de The Daily Beast, David Rothkopf.

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