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Fuera de órbita

De la captura de Noriega al acoso a Maduro

Manuel Antonio Noriega en su esplendor antes de ser derrocado en 1989 y en su ocaso, en el 2011.

Manuel Antonio Noriega en su esplendor antes de ser derrocado en 1989 y en su ocaso, en el 2011.

Kim Amor

Kim Amor

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La operación militar descrita por Donald Trump como lucha contra el narcotráfico y dirigida contra el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela invita a recordar la que hace más de tres décadas llevó a cabo el también mandatario republicano, George Bush padre. Entonces el enemigo eran los cárteles de la droga colombianos, productores y distribuidores de la cocaína que entraba a destajo en EEUU. En el punto de mira estaba además el general Manuel Antonio Noriega, dictador entonces de Panamá.

Noriega era un militar que se había hecho con el poder absoluto del país centroamericano tras la muerte en un misterioso accidente de aviación del también militar y dictador Omar Torrijos. Antiguo informante de la CIA y, a la vez, de la Cuba de Fidel Castro, Noriega era un personaje gris y poco de fiar. En la cúspide del poder acumuló una enorme fortuna gracias a la alianza que estableció con el cartel de Medellín, liderado por Pablo Escobar, y el de Cali, comandado por los hermanos Orejuela. Noriega cobraba de las dos organizaciones criminales, entonces en guerra por el control del mercado, a cambio de facilitarles los envíos de droga a EEUU desde territorio panameño.

Bush no tardó en deshacerse de Noriega. A finales de 1989, 25.000 soldados estadounidenses invadieron Panamá. Noriega se refugió en la embajada del Vaticano. Se rindió tras sufrir un duro acoso psicológico con música atronadora de grupos de rock como Gun’s N’ Roses o The Clash. El dictador panameño fue trasladado a EEUU y condenado a 40 años de cárcel. Murió en prisión en 2017.

Cumbre antinarcotráfico

Tras el éxito de la operación, Bush participó en febrero de 1990 en una cumbre antinarcotráfico en Colombia, en la que participaron los presidentes de Bolivia, Paz Zamora, Perú, Alan García, y el anfitrión, Virgilio Barco. El objetivo era coordinar acciones para combatir lo que el propio Bush definió como la "mayor amenaza interna de Estados Unidos". Los tres países sudamericanos ya eran entonces los mayores productores de coca. Los campesinos bolivianos y peruanos cultivaban la materia prima, la hoja de coca que, en grandes sacas, vendían a los narcos. El pago era inmediato y en dólares.

La hoja de coca era transformada en pasta básica en laboratorios clandestinos en la selva, conocidos como 'cocinas', y enviada en avionetas a Colombia donde se convertía en el polvo blanco y se distribuía a EEUU. Cocaína para los ricos y para los pobres el crack, un derivado muy adictivo que hizo estragos entre los consumidores. Los acuerdos de Cartagena cayeron en saco roto y dejaron de ser atención mediática tras la invasión de Kuwait por parte de Irak meses después.

En todos estos años el negocio del narcotráfico no ha hecho más que crecer, con más productos en el mercado, como los derivados de opiáceos, y con nuevos y poderosos cárteles, como los mexicanos. En realidad se ha extendido por todo el continente, en países como Costa Rica y, sobre todo, Ecuador, hoy el mayor distribuidor de cocaína del mundo, con destino a EEUU y Europa.

Controvertido indulto de Trump

Así que el problema no es solo Venezuela, si es que realmente Maduro y su entorno más cercano capitanean el Cartel de Los Soles, como afirma Trump. En todo caso, llama la atención que el presidente estadounidense señale a Maduro sin pruebas, se dedique a liquidar a tripulantes de embarcaciones cargadas supuestamente con fardos de drogas y, al mismo tiempo, indulte al expresidente de Honduras, Juan Carlos Hernández, condenado el año pasado a 45 años de prisión en EEUU por cargos similares a los que llevaron a la captura de Noriega.

Así las cosas, no es descabellado pensar que el narcotráfico es la excusa de Trump para acabar con el régimen de Maduro y, de paso, hundir aún más si cabe a Cuba, objeto de deseo del secretario de Estado y asesor de Seguridad Nacional de Trump, el poderoso Marco Rubio, hijo de la diáspora cubana.

En todo caso, lo que falta por venir estos días es una gran incógnita, dado lo imprevisible que es Trump. No parece probable una intervención militar, como ocurrió en Panamá, aunque sí una de esas acciones encubiertas en las que Washington se especializó en el pasado en su "patio trasero".

O por qué no, un pacto de esos típicos del magnate neoyorkino. Aflojo a cambio de grandes beneficios. A China le ha bajado los aranceles a cambio de tierras raras; a la Hungría de su amigo Viktor Orbán, le ha permitido seguir comprando petróleo ruso a cambio de millonarias inversiones en EEUU; el gasto militar a Ucrania se lo cobra también con minerales estratégicos minerales para la industria tecnológica y de defensa. Probablemente el crudo del petrolero venezolano asaltado el miércoles lo utilizará para pagar parte de la factura del despliegue militar en el Caribe. Al parecer, el mercante se dirigía a Cuba.

Venezuela es una pieza de las más codiciables económicamente hablando. Posee las mayores reservas de petróleo del mundo y esconde enormes riquezas mineras en el conocido como "Arco Minero del Orinoco". Trump mantiene una "excelente relación" con el dictador norcoreano Kim Jong-un y con el presidente sirio y exdirigente de Al Qaeda, Mohamed Al Sharaa. No parece que vaya a ser el caso de Maduro, pero quién sabe.

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