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Clausura silenciosa

Trump cierra DOGE, el departamento que puso en marcha Elon Musk para recortar la burocracia y el gasto presupuestario

La agencia que lideró en sus inicios el dueño de Tesla y X, considerada pieza central del actual Gobierno estadounidense, "deja de existir" sin anuncio oficial, explicación o informe del trabajo realizado

Elon Musk asiste al Foro de Inversión Saudí en el Kennedy Center, el miércoles 19 de noviembre de 2025.

Elon Musk asiste al Foro de Inversión Saudí en el Kennedy Center, el miércoles 19 de noviembre de 2025. / AP Photo/Evan Vucci

Irene Benedicto

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Barcelona
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La salida de Elon Musk de la Casa Blanca marcó un cambio de rumbo en la Administración de Donald Trump. Ahora, el cierre del proyecto insignia del que estuvo al cargo, pone fin a su legado en el Gobierno: el Gobierno de EEUU ha cerrado el Departamento para la Eficiencia del Gobierno de Estados Unidos (DOGE, por sus siglas en inglés), que se convirtió en uno de los proyectos estrella del retorno del magnate al poder.

Menos de un año desde que se creara y ocho meses antes de que, sobre el papel, terminara su mandato (julio de 2026), DOGE que fue presentada como el mayor símbolo de la promesa presidencial de reducir el tamaño del Estado federal, se ha disuelto sin anuncio oficial y con un balance difícil de verificar.

"Ya no existe", confirmó el director de la Oficina de Gestión de Personal (OPM), Scott Kupor, a Reuters, al ser preguntado por la situación de DOGE. La oficina, añadió, ya no actúa como un "ente centralizado". Sus funciones han sido absorbidas en gran parte por la OPM, según el propio Kupor y documentos internos consultados por esta agencia de noticias.

Esta desaparición tan silenciosa contrasta con los meses de intensa promoción que acompañaron el nacimiento de DOGE. Desde principios de año, la oficina realizó intervenciones fulgurantes en distintas agencias para recortar estructuras, presupuestos y programas que consideraba alejados de las prioridades de Trump. Elon Musk, que lideró el proyecto en su fase inicial, llegó a blandir una motosierra en el gran encuentro conservador CPAC para ilustrar su misión de "cortar la cinta roja de la burocracia".

A pesar de que DOGE presumía de haber recortado decenas de miles de millones de dólares en gasto público, nunca publicó un desglose detallado que permitiera comprobar esas cifras. La Casa Blanca sigue defendiendo el espíritu de la iniciativa. "El presidente Trump recibió un mandato claro para reducir el despilfarro, el fraude y el abuso en el Gobierno federal, y continúa cumpliéndolo", aseguró la portavoz de la Casa Blanca Liz Huston.

El magnate Elon Musk (i) durante una comparecencia ante la prensa en la Casa Blanca junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump (d)

El magnate Elon Musk (i) durante una comparecencia ante la prensa en la Casa Blanca junto al presidente de Estados Unidos, Donald Trump (d) / Europa Press/Contacto/Francis Chung - Pool via CNP

Cierre silencioso

Ningún alto cargo había reconocido oficialmente el final de DOGE, incluso después del enfrentamiento público entre Trump y Musk en mayo, cuando el empresario abandonó Washington. Sin embargo, desde verano la propia Administración ya hablaba del programa en pasado, pese a que un decreto firmado por el presidente fijaba su vigencia hasta julio de 2026.

Al inicio del mandato, Trump había ordenado contratar solo un trabajador por cada cuatro que dejaran su puesto, con excepciones para inmigración y seguridad pública. No obstante, en lugar de despedir al personal de DOGE al cerrar esta institución, estos funcionarios han sido recolocados dentro de la Administración, desde la Oficina de Presupuestos de la Casa Blanca hasta el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos.

El legado de Musk

Mientras tanto, Musk ha vuelto a aparecer en Washington. La semana pasada asistió a una cena en la Casa Blanca ofrecida al príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salmán, su primera presencia pública en la capital desde su enfrentamiento con Trump.

La desaparición de DOGE, sin explicación formal y con el personal integrado en otros órganos, marca el fin de una de las apuestas más mediáticas del presidente para demostrar que podía remodelar el funcionamiento del Gobierno federal. Su legado real, más allá de las promesas de ahorro, queda ahora en manos de las agencias que han asumido sus tareas.

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