Bronca en el Partido Republicano
"Traidora", "lunática": Trump rompe con la congresista ultra Marjorie Taylor Greene por el caso Epstein
El presidente da un giro de 180 grados y aboga ahora porque la Cámara Baja desclasifique todos los archivos sobre el financiero y depredador sexual en una votación prevista para este martes

Archivo - Donald Trump y Marjorie Taylor Greene (en el centro de la imagen) / Europa Press/Contacto/White House - Archivo

Cuando Marjorie Taylor Greene llegó al Congreso como representante de Georgia en 2021, pocos políticos representaban mejor que ella a una parte fundamental del movimiento MAGA: los discípulos de la iglesia de Donald Trump que ya empezaban a ser dominantes en el Partido Republicano. Taylor Greene mostraba adoración y lealtad absoluta al entonces derrotado Trump, defendía la “gran mentira” sobre un inexistente robo electoral en la victoria de Joe Biden, encarnaba el ultraconservadurismo social abrazando la retórica de violencia política y propagaba desinformación y teorías conspiratorias.
Ni por entonces ni cuando Trump regresó a la presidencia podía pensar que Trump acabaría 'excomulgándola', pero ha sucedido. El caso Epstein ha sido la puntilla en esa muy pública y traumática ruptura entre el presidente y la congresista, tras la que laten otras brechas de Trump con sus bases.
Las fisuras
La semana pasada Trump dijo que Taylor Greene era “una buena mujer” pero también dijo que se le estaba “yendo” la cabeza. Era la forma de insultar a una política que, como otros en el movimiento conservador, ha cuestionado acciones del presidente en este segundo mandato.
En política exterior, por ejemplo, Taylor Greene y otros han recelado del ataque a Irán y del apoyo inquebrantable a Israel o de la ayuda económica a Javier Milei en Argentina por considerar que rompen con la promesa del “América primero”. En términos de política nacional, mientras, se ha advertido al presidente de que la crisis del coste de la vida se está recrudeciendo, de que aumenta el descontento económico, y de que recortes en subsidios para los seguros que han estado en el corazón del cierre del Gobierno o en programas públicos de sanidad incluidos en su Gran Bella Ley castigan a una parte importante de sus votantes de ingresos medios y bajos.
Epstein, la mecha
La mecha que ha prendido la bomba para Trump, no obstante, ha sido el caso Epstein, la pesadilla que le lleva persiguiendo todo su segundo mandato (porque él prometió en campaña hacer públicos todos los documentos que tiene Justicia y no ha cumplido) y que resucitó la semana pasada con la publicación de nuevos documentos. Aunque no hay indicios ni constatación de actividad delictiva en ese material, que no es de la investigación sino que estaba en poder de los herederos, la publicidad devolvió el foco a la relación de Trump con el financiero y depredador sexual, que ordenó abrir una investigación pero solo de la relación con Epstein de figuras demócratas.
Taylor Greene es una de las voces que ha clamado por desclasificar todos los archivos y que ha hablado a favor de las víctimas. Y, con su firma, ayudó a garantizar que un proyecto de ley bipartidista avanzara la semana pasada y llegara a una votación que se celebrará este martes.
El voto este martes
Trump, en un giro de 180 grados respecto a su posición de hace solo unos días, el domingo pidió a todos los republicanos que apoyen esa propuesta la ley. “No tenemos nada que esconder y es hora de dejar atrás esta patraña demócrata perpetrada por lunáticos de izquierda radical para desviar la atención del gran éxito del Partido Republicano”, escribía en un mensaje en Truth Social.
Eso no quita que Trump haya declarado la guerra a Taylor Greene. Ya el viernes por la noche anunció con otro mensaje en Truth que retiraba el apoyo político que había dado anteriormente a la congresista y dijo que respaldará a cualquiera que se mida a ella en primarias.
La ira del presidente
El presidente ha vuelto toda su ira contra su antigua aliada. Ha cambiado sus apellidos para, en dos juegos de palabras, llamarle “traidora” y decir que está “podrida”. La ha tildado de “lunática” y de “pirada”, ha dicho que lo único que hace es “quejarse”, la ha denostado como una política “peso pluma” y ha afirmado que es una “deshonra para el Partido Republicano”. También ha sugerido que las posiciones de Taylor Greene en su contra se deben a que él no le daría el apoyo para presentarse a senadora o gobernadora, algo que ha insinuado igualmente la congresista progresista Alexandria Ocasio-Cortez.
La que fue leal trumpista ahora sufre en sus carnes el peso de los ataques del presidente. Ha estado en los últimos días denunciando amenazas crecientes contra su familia y su empresa de construcción. En X (una plataforma que cuando era Twiter suspendió su cuenta varias veces y la acabó expulsando, aunque fue readmitida tras la compra de la plataforma por Elon Musk) escribió que los ataques “injustificados y “feroces" del presidente eran “un silbato de perro para radicales peligrosos”. Y en CNN alertó el domingo del potencial dañino del lenguaje del presidente. “Me ha llamado traidora y eso es extremadamente equivocado”, dijo. “Es el tipo de palabras que pueden radicalizar a la gente contra mí y poner mi vida en peligro”.
En esa aparición en televisión Taylor Greene trató también de tender una rama de olivo. Se mostró convencida de que “el país tiene que unirse y poner fin a toda la retórica tóxica y peligrosa”, se disculpó “humildemente por haber tomado parte en políticas de toxicidad” y se mostró “esperanzada” de que Trump rebaje su retórica. Unas horas después, a bordo del Air Force One, el presidente le llevó de nuevo la contraria. “No creo que su vida esté en peligro”, dijo a los periodistas. “No creo, francamente, que ella le importe a nadie”.
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