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Primera vuelta

¿Qué ha pasado en Chile? La comunista Jara contra el ultraderechista Kast: 5 claves del resultado de las elecciones

Elecciones en Chile: Jeannette Jara y José Antonio Kast pasarían al segundo turno según los primeros cómputos del escrutinio

Chile celebrará una segunda vuelta entre izquierdista Jara y ultraderechista Kast.

Chile celebrará una segunda vuelta entre izquierdista Jara y ultraderechista Kast.

Abel Gilbert

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Buenos Aires
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Durante 35 años ha tenido lugar en Chile una suerte de alternancia asimétrica: seis Gobiernos de centroizquierda, dos de ellos de Michelle Bachelet, y dos de una derecha que bajo el liderazgo de Sebastián Piñera se apegó a las reglas de la transición democrática. El resultado de las elecciones de este domingo, y la posibilidad grande de que la ultraderecha acceda al Palacio de La Moneda con José Antonio Kast, dan paso a un nuevo momento político que se conecta con las agrias disputas del pasado. Augusto Pinochet fue derrotado en 1988 en un plebiscito sobre su continuidad en el poder. El 'no' clausuró las aspiraciones del dictador. Aquel 'sí' a los valores del régimen retorna cuatro décadas después. Tiene la revancha al alcance de la mano. Jeannette Jara, la exministra de Gabriel Boric y dirigente del Partido Comunista, ha obtenido en la primera vuelta el 26,85% de los votos. José Antonio Kast, del Partido Republicano, será el contrincante en el balotaje al obtener el 23,93% de las adhesiones. A continuación, cinco claves para entender los resultados de la primera vuelta de las elecciones en Chile.

Jeannette Jara, la exministra de Trabajo de Gabriel Boric, fue menos valorada en las urnas que el actual presidente, cuya gestión es apoyada por el 33% de los chilenos según una última encuesta. Ella, en cambio, no llegó a los 27 puntos el domingo. A su alrededor consideraban que debía obtener al menos un 30% para esperar la segunda vuelta del 14 de diciembre con una expectativa mínimamente razonable. Jara pertenece al Partido Comunista (PC), pero intentó despegarse de su formación. También tomó distancia de Boric.

La táctica no alcanzó el efecto buscado. La fuga de votos en el oficialismo no pasó inadvertida. A pesar de la voluntad de la centroizquierda, derrotada en la primaria de julio, de acompañar a la exministra, ese compromiso no se reflejó en las urnas. El tradicional votante de la Democracia Cristiana (DC) también desoyó el llamamiento partidario de apoyo a Jara. La pregunta que se formulaban los analistas tenía que ver con la capacidad de la candidata de convencer a la sociedad que le ha dado la espalda y aquellos que dimensionan los peligros que se asoman en el horizonte.

Franco Aldo Parisi fue otra vez la sorpresa de los comicios: casi el 20% de las adhesiones. El economista no se privó de ajustar cuentas y calificó de "terroristas" a los encuestadores por subestimarlo: "Qué vergüenza, decían que éramos un voto perdido". Parisi es el exponente del desencanto de parte de los chilenos con la política tradicional. En 2013, el "economista del pueblo" saltó de las clases universitarias y los estudios televisivos a la arena electoral como candidato independiente.

La justicia electoral cuestionó que apuntara como gastos de campaña ropa interior, calcetines y corbatas. Su actitud causó gracia. En 2021 alcanzó el 12,8% de los votos. Más de un 60% de esos ciudadanos optaron por Boric en aquel segundo turno frente a Kast. La situación vuelve a repetirse: Parisi irrumpe como el árbitro más inesperado. "Chile no es facho ni comunacho", reiteró durante su campaña. Parisi votó 'no' a Pinochet en 1988. Lo que diga sobre la disputa del 14 de diciembre puede sellar definitivamente la suerte de Jara o alimentar una pequeña llama de esperanza.

Desde 2009 en adelante, las campañas electorales no pudieron eludir un tema medular de la sociedad: la notoria desigualdad entre los más ricos y pobres. La cuestión gravitante de esta contienda, sin embargo, fue la inseguridad. Durante el primer semestre de 2025 se computaron 511 asesinatos, un 10% de la cifra total de Ecuador en el mismo período y un 13,8% menos que en 2024 en Chile. Los ciudadanos se sienten no obstante acosados por el delito. Solo los habitantes de Zimbawe, Chad, Myanmar y Eswatini perciben una zozobra mayor. De acuerdo con indicadores internacionales, Chile se encuentra en el puesto 62 sobre 163 en los que se ha medido el tema de la seguridad. Los medios no son ajenos a brecha entre los temores imaginarios y la realidad que Kast, al igual que los otros aspirantes de la derecha que quedaron en el camino, ha sabido aprovechar muy bien.

Hasta el Gobierno tuvo que reconocer la validez del tema. La oposición siempre fue más vehemente en sus planteamientos. La necesidad de una "mano dura" y un orden regido por la implacabilidad de los carabineros, la policía militarizada, se convirtió en la propuesta medular del abanderado republicano. El giro represivo tiene también un componente antiinmigrante, en especial venezolano. La nacionalidad ha quedado asociada a la banda trasnacional Tren de Aragua. El sustrato xenófobo de los votos hacia Kast no ha pasado inadvertido. La petición de orden apunta también contra la comunidad originaria mapuche, los colectivos feministas y los estudiantes.

"La elección del 14 de diciembre, no es cualquier elección. Será la elección más importante de nuestra generación", dijo Kast el domingo por la noche. En octubre de 1988 fue uno de los rostros publicitarios del 'sí' a Pinochet. "Hemos tenido un punto de inflexión que va a marcar la diferencia en la historia de Chile", se permitió decir 37 años después. Sin que necesariamente se comparta el entusiasmo del candidato republicano, flota en el aire chileno la sensación de que se han cerrado dos etapas de la política desde que en 1990 el país recuperó su senda institucional. De un lado, las fuerzas que gravitaron en cada contienda, socialdemócratas, democristianos, la derecha tradicional, se han convertido en actores de reparto.

Este declive coincide con otro período de clausura que se había inaugurado con el estallido social de hace seis años. "Lo que la revuelta de 2019 destituyó, la nueva derecha lo capitalizó. Las izquierdas terminaron por expulsar a la multitud que había llegado a la instancia de redactar una nueva Carta Fundamental", señaló el filósofo Rodrigo Karmy. Esa energía se agotó tras la derrota de aquella Constitución. Desde las páginas del diario 'La Tercera', Gonzalo Cordero celebró el fin de ciclo. Los chilenos, al votar mayoritariamente por las derechas, dieron "una señal clara de haber salido del delirio que los hizo pensar que era posible una transformación radical, manteniendo las ventajas de la modernización capitalista, sin pagar sus costes".

Si bien Kast es un producto genuino de la política chilena, las oportunidades ciertas de ser esta vez presidente no están disociados de un contexto regional y global. Por un lado, la presencia, cordillera de los Andes de por medio, de una experiencia ultraderechista como la de Javier Milei que los homólogos chilenos miran con simpatía. Por el otro, la presidencia de Donald Trump y su voluntad de reordenar lo que los norteamericanos han llamado con desdén su "patrio trasero". Kast tiene además muy buenas relaciones con el bolsonarismo y Santiago Abascal. Es suscriptor de la Carta de Madrid que tiene a Vox como una de las principales firmas. Álvaro Ramis señaló en un artículo publicado en 'Le Monde Diplomatique' que "el laboratorio internacional es aleccionador" y "haber creído que Chile es inmune a este virus es una ilusión suicida".

La derecha radical chilena comparte con sus pares globales "un mismo ADN ideológico" de hostilidad visceral hacia lo público, desprecio por los derechos sociales y una fe dogmática en el mercado como único mecanismo de asignación. Esta corriente encuentra por la combinación de las condiciones internas y externas el espacio para proponer un rescate simbólico y práctico de Pinochet. El general retirado Cristián Vial, conocido por su desafío a Boric durante una parada militar, se ha ganado una banca en el Senado por el partido de Kast en la región del Maule, en el centro del país. Había sido jefe de la guarnición del Ejército en Santiago. Nunca antes en estos años un militar había manifestado con tanta transparencia sus simpatías políticas.

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