El nuevo Golfo Pérsico
Omán se lanza a por el turismo internacional para reducir su dependencia de los combustibles fósiles
El país árabe ha puesto en marcha importantes inversiones para diversificar su economía y prepararse para un futuro con baja demanda de gas y petróleo

Imagen promocional de la Oficina de Turismo de Omán. / Visit Omán.

Omán se ha sumado a la estrategia de diversificación de la economía impulsada por los países del Golfo en un intento de dejar de depender de los ingresos de los combustibles fósiles. El país está tratando de aprovechar la estabilidad política y los incentivos fiscales para captar inversiones en varios sectores y desarrollar proyectos en el sector privado que permitan mantener a flote su economía en un escenario global cada vez menos dependiente de la extracción de gas y petróleo. Parte de esta estrategia pasa por la captación de visitantes extranjeros, un objetivo que pretende lograr con un importante gasto en infraestructuras en zonas hasta ahora poco explotadas.
El peso del sector de los hidrocarburos sobre el Producto Interior Bruto (PIB) de Omán ha pasado de más del 41% en 2016 al 32% en 2025, según datos oficiales. Unas cifras que ponen de relieve la estrategia del país de apostar por sectores no vinculados a los combustibles fósiles. En el caso del turismo, el volumen total de ingresos ha recuperado los valores anteriores a la pandemia y las estimaciones apuntan a que esta actividad representará más del 8% del PIB en 2025.
Turismo patrimonial
El país ha puesto en marcha una importante campaña para poner en valor sus elementos más característicos, en un intento de captar la atención de los turistas extranjeros y de diferenciarse de otros rivales en la región, como Emiratos Árabes Unidos o Arabia Saudí. “El turismo patrimonial es una prioridad nacional: converge hacia la preservación de las tradiciones y la cultura ancestral de Omán”, señala la profesora Kristel Kessler, experta en turismo y patrimonio omaní, en un reciente artículo publicado en el ‘Journal of Arabian Studies’. El sultanato ha lanzado una imagen basada en fuertes elementos del orientalismo que contrasta con la apuesta por la modernidad de los países vecinos.
Eduardo Carrascosa, un turista malagueño, ha elegido Omán y Dubái para pasar las vacaciones con su familia. “La gente es muy simpática y generosa, y el paisaje es una maravilla”, explica en las callejuelas del zoco de Mutrah, en la parte antigua de Mascate, adonde ha llegado tras pasar unos días en el desierto. “Omán me gusta porque es salvaje. Se nota que es un país que tiene ganas de decirle a todo el mundo que venga aquí”, añade, aunque reconoce que los precios son elevados.
Nuevas inversiones
Un ejemplo de los esfuerzos del Gobierno omaní por captar nuevos visitantes es el desarrollo de infraestructuras en la gobernación de Musandam, situada en el extremo más septentrional del país. Las autoridades locales están presentando este enclave de 55.000 habitantes, separado del resto del país por los Emiratos Árabes Unidos, como un destino ideal para las actividades marinas y el montañismo, aunque el turismo en esta zona todavía es incipiente. “El total de turistas que recibimos el año pasado fue de 66.700, una cifra que no habíamos registrado hasta ahora. Nuestro objetivo es mejorar estos datos”, explica Nasser Al Hosni, un portavoz de la gobernación.
El Gobierno de Omán ha destinado cerca de 152 millones de riales omaníes (más de 340 millones de euros) a la construcción de carreteras en Musandam y tiene previsto realizar fuertes inversiones para mejorar los puertos y construir un nuevo aeropuerto que permita una mayor conectividad con destinos internacionales. Un plan que forma parte del programa Vision 2040, diseñado por el sultán Qaboos (fallecido en 2020) para diversificar la economía del país y que el actual sultán, Haitham bin Tariq, está implementando con la colaboración de inversores internacionales, incluidas empresas españolas. El propio sultán estuvo en España a principios de noviembre en una visita de Estado de dos días con el objetivo de reforzar los vínculos empresariales entre los dos países.
Omán se ha presentado como un oasis de estabilidad política en Oriente Medio y se ha mantenido neutral en las disputas internacionales, ejerciendo en ocasiones de mediador. El país ha hecho gala de su hospitalidad y de sus bajos índices de criminalidad, así como del desarrollo de sus infraestructuras, para atraer a los visitantes extranjeros. Pero la delicada situación geopolítica en la región, sumada a las reticencias que generan la falta de libertades y la ausencia de sistemas democráticos en los países del Golfo, amenaza con dificultar los ambiciosos planes de crecimiento del sector turístico impulsados por el sultanato.
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