Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Asia

El partido gobernante en Japón opta por primera vez por una mujer como aspirante a liderar el país

La nacionalista Sanae Takaichi ha obtenido 185 de los 342 votos en juego en la segunda vuelta de su partido, frente a los 156 logrados por su rival, el ministro de Agricultura, Shinjiro Koizumi

Sanae Takaichi.

Sanae Takaichi. / EFE

Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Tokio
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Japón dará por primera vez el timón a una mujer. En las primarias del Partido Liberal Democrático (PLD), que funcionan como unas presidenciales por el secular dominio de los conservadores, se ha impuesto Sanae Takaichi, una figura a contrapelo en uno de los países con mayor desigualdad de género del mundo. Será la quinta dirigente en cinco años, un síntoma de la fugacidad del cargo y de las turbulencias en la formación hegemónica.

Takaichi se ha impuesto por 185 a 156 votos en la segunda ronda al otro favorito, Shinjiro Koizumi, quien también suponía otra revolución en el paisaje político japonés: con 44 años hubiera sido el primer ministro más joven de su Historia. Koizumi representaba la opción más reformista, siempre en los estrechos márgenes del PLD, mientras Takaichi ocupa la trinchera más inmovilista. Relevará a Shigeru Ishiba, dimitido tras perder la mayoría del partido en ambas cámaras con apenas unos meses de diferencia. Está prevista la votación de investidura parlamentaria este mes porque no parece recomendable alargar el vacío de poder en víspera de una probable visita de Donald Trump. Takaichi ha defendido la renegociación del oneroso pacto de inversión firmado recientemente a cambio de la bajada de los aranceles.

Antigua ministra de Interior

La antigua ministra del Interior ya ha aludido en su discurso de agradecimiento al pedregoso camino que le espera a un partido muy castigado por los escándalos de financiación. “Más que felicidad, siento que tenemos un gran reto por delante. Estoy segura de que nos espera una montaña de trabajo que tenemos que afrontar juntos. La unión debe extenderse a todas las generaciones y trabajar como uno solo. Hemos de trabajar como caballos”, ha dicho entre los aplausos de sus colegas. En el voto de hoy, donde se ventilaba el nuevo líder del Gobierno, participaban los 295 parlamentarios del PLD y un millón de miembros. Son apenas el 1 % de la población japonesa.

A Takaichi no se le conoce una acentuada sensibilidad por la igualdad de género en un país donde la mujer es discriminada en el mercad laboral y empujada a los deberes familiares. Sus inquietudes coinciden con las de sus cuatro contendientes varones: embridar la inflación, aumentar los salarios, estimular la economía y poner en cintura a los extranjeros. La cuestión de la inmigración ha irrumpido con brío en el debate político japonés y catalizado el auge de la extrema derecha xenófoba. El país, ha advertido Takaichi, tiene que “replantearse las políticas que han permitido la entrada de gente con culturas completamente diferentes”. El envejecimiento ha aceitado la llegada de inmigrantes de la misma forma que la devaluación del yen ha atraído a los turistas. El aluvión de extranjeros en una sociedad tan homogénea y orgullosa de su mismidad genera una creciente ansiedad que ha sido aprovechada por formaciones populistas. Sanseito, la más exitosa, alerta de una “invasión silenciosa”.

Más gasto en Defensa

Takaicho, de 64 años, sigue la senda de Shinzo Abe, exprimer ministro asesinado y aún referente ideológico del partido. En estos tiempos inciertos y movedizos, los conservadores han confiado en la última receta razonablemente exitosa. Takaichi apoyó las célebres Abenomics, caracterizadas por el gasto agresivo, y ha criticado la timidez del banco central. También defiende la reescritura de la constitución pacifista, un legado de la postguerra, y más gasto en Defensa.

Takaicho, al igual que su mentor, ha frecuentado el templo sintoísta de Yasukuni, símbolo del imperialismo japonés, donde se honra la memoria de varios criminales de guerra. Su elección promete fricciones con el vecindario, especialmente con China y Corea del Sur, las principales víctimas de un pasado que sigue sin cauterizar. A Pekín también le inquieta su coqueteo con Taiwán y, más en concreto, la alianza de seguridad con la isla que ha aireado. No se ha demorado su presidente, Lai Ching-te, en felicitar a “la firme amiga de Taiwán”. “Esperamos que bajo el liderazgo de la nueva presidenta Takaichi, Taiwán y Japón profundicen su relación en áreas como el comercio, la seguridad y la tecnología”, ha afirmado Lai.

Le espera un mandato agitado a Takaichi sin las tranquilizadoras mayorías conservadoras en ambas cámaras, con el auge de la extrema derecha y las habituales corrientes subterráneas en su formación. En ese contexto lidiará con asuntos enquistados como las sensibles relaciones con China, la inflación, el imparable envejecimiento demográfico y una economía gripada que dejó su esplendor décadas atrás.

Suscríbete para seguir leyendo