Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Entender más

Crónica desde Estambul, donde las noches de verano se pasan en el museo

Crónica desde Estambul: la ciudad con miedo al moco marino

Crónica desde Estambul, la peor ciudad del mundo para desplazarse en coche

Crónica desde Estambul, donde el maratón se corre entre continentes

Turistas por la noche en la cisterna de Estambul.

Turistas por la noche en la cisterna de Estambul. / Adrià Rocha Cutiller

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google
Adrià Rocha Cutiller

Adrià Rocha Cutiller

Estambul
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Svetlana, turista rusa de mediana edad, no deja el teléfono tranquilo. Lo pasea por esas paredes, por la columna, esa escultura de ahí al fondo. “¡Mira, hija! Mira la sombra en la pared”, dice la madre, mientras su hija presta también toda su atención a su propia pantalla, en este caso para hundirse en ella. 

La mujer, parece, está acostumbrada, y sigue a lo suyo: capta con su teléfono todo lo que puede y, asombrada, le va diciendo a su hija que qué suerte, que la cola ha merecido la pena. La hija asiente, claro, mamá, sin apenas escuchar.

“Al entrar ha sido un poco raro, porque han cerrado antes de la puesta de sol, y nos han hecho esperar un buen rato hasta que han abierto de nuevo. Pero qué suerte. Imagínate venir aquí a pleno día, con el calor”, dice Svetlana. 

Ante ella y varias decenas de turistas más, las cámaras, jardines, patios, baños y fuentes —todas iluminadas, con juegos de luces, con destellos nocturnos— del palacio imperial de Topkapi, residencia de los sultanes del Imperio Otomano, en Estambul, desde 1465 hasta 1853. 

Este verano, por segundo año consecutivo, Turquía ha decretado la apertura de gran parte de sus museos hasta las 22 o 23 horas, dependiendo del lugar. En Estambul, la gran metrópolis del país y donde la primavera dura menos de un suspiro, Svetlana y los demás turistas lo agradecen. 

“Me gusta porque se puede ver todo desde una perspectiva algo diferente, ¿no? Se nota que han querido jugar con la iluminación, que buscan hacer formas y reflejos con las luces”, afirma la mujer, que está feliz porque, durante el día, ha estado también en un par de recintos —todos llenos y abarrotados de turistas, dice—, pero que ahora está bien tranquila. “Será que mucha gente aún no lo sabe”, ríe Svetlana.

Foto nocturna de turistas en el Palacio de Topkapi.

Foto nocturna de turistas en la cisterna de Estambul. / Adrià Rocha Cutiller

El mejor museo para visitar nocturnamente, sin embargo, no está en Estambul sino algo más al sur, en la ciudad de Esmirna. Allí, hasta las 23.00 de la noche, se puede visitar lo que antes era la ciudad medieval griega de Éfeso, patrimonio de la humanidad desde 2015 y habitada desde la antigüedad hasta el siglo X d.C. Sus ruinas, ahora, son una de las destinaciones más visitadas de toda Turquía y, de hecho, se encuentran muy cerca de la —muy, muy— supuesta casa, en la localidad de Selçuk, donde vivió sus últimos años y murió la Virgen María

Bajo el manto de la noche

De vuelta a Estambul, un grupo de jóvenes se prepara. Uno de ellos, con una pequeña cámara en mano, dispone el plano, contra esa escultura iluminada, y con su pequeño foco en mano llama a la acción. 

Ante él, una chica vestida de forma extravagante se pone a bailar, sola, ante las miradas de los presentes. La chica, mientras baila, pone caras, sonríe, se enfada y cruza los ojos. El cámara busca que en el plano salga también las reacciones extrañadas de los presentes, que ven el raro espectáculo en directo. Las redes sociales en su máximo esplendor. 

“Me parece una gran iniciativa, la verdad. He venido con mi esposa unos días de vacaciones, y durante el día hemos podido descansar del calor. Nuestro plan era ya venir al anochecer, y después bajaremos a los depósitos de agua bizantinos”, dice Furkan, un turista turco, mientras los 'tiktokers' ya han terminado su espectáculo y se marchan.

“Creo que hemos tenido algo de suerte, porque tengo la sensación que cada año vendrá más gente por la noche, porque se está mucho mejor que durante el día. Ahora aún está todo casi vacío. Pero cuando lo sepa más gente…”, dice el hombre, que se marcha hacia su siguiente destino, el punto álgido de la visita de cualquier turista al centro de Estambul.

Los depósitos de agua bizantinos, soterrados, fueron probablemente los primigenios a la hora de crear un museo a oscuras: allí, sobre una plataforma encima del agua, los focos y las luces buscan crear sombras y claroscuros. La iluminación, cada tanto, va cambiando, y donde antes había un fondo negro ahora hay un pasillo casi infinito de agua, colores, columnas y paredes humedecidas y comidas por siglos y siglos de agua. 

El lugar está bajo tierra, y no hay diferencia alguna entre el día y la noche. Pero a los turistas del lugar les da igual. “Si te soy sincero, no me hace muy feliz tener que estar aquí hasta las 23.00. Por suerte nos doblan los turnos, y ahora, en verano, entro a trabajar a mediodía. Pero igualmente prefiero el horario de invierno y llegar a casa a las 19…”, dice el guardia de seguridad del depósito subterráneo. La suerte no sonríe a todos por igual.

Suscríbete para seguir leyendo