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El pepino de mar

El pepino de mar / Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

Adrián Foncillas

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Cuando llegaba el cuenco de porcelana más delicada ya sabías lo que escondía sin destaparlo. El carísimo pepino de mar era innegociable en los banquetes oficiales, un deber elemental del buen anfitrión ofrecerlo y un honor para el huésped acabárselo con placenteros suspiros. Ese bicho gelatinoso de sabor anodino y aspecto desagradable fue una tortura durante años. Uno de los mayores y más desconocidos logros del presidente, Xi Jinping, fue erradicarlo del menú. Tan pronto llegó al poder condenó el despilfarro y abrazó la austeridad confuciana.

La crisis de imagen del partido ponía en riesgo su supervivencia doce años atrás. La población lo veía como un nido de arribistas y nadie era más odiado que el político local. Sangraba las arcas con banquetes y concubinas, exploraba cualquier vía corrupta, despreciaba al pueblo que había jurado servir y concentraba sus esfuerzos en los superiores que gestionaban los ascensos, todo con olímpica impunidad.

Nuevos aires

En cualquier villorrio recóndito despuntaba entre lodazales la mansión versallesca del dirigente local. Xi recordó que las dinastías cayeron cuando su diligencia y frugalidad mudaron en vagancia y rapiña y los nuevos aires ya se notaron en la siguiente Asamblea Nacional Popular. La arrogante flota de berlinas negras con cristales tintados que cubría la inmensidad cementera de la Plaza de Tiananmén fue relevada por autocares que cargaban a los delegados como colegiales de excursión. Tampoco disfrutaron de los servicios gratuitos de peluquería, sastrería y cuidados faciales en el hotel y un bufé de comida tradicional sustituyó las bandejas atiborradas de langostinos.

En aquello pensaba el mes pasado durante una cena de prensa extranjera con mandos del partido de una provincia sureña. Ahí estaba otra vez el pepino de mar. Fue un viaje al pasado: también estaban ahí las rondas de brindis con todos los oficiales y otras muestras de la secular generosidad china que Xi había arrasado. La prensa ya había revelado en los meses previos el menguado brío de aquella campaña. A un Departamento de Desarrollo Rural de Mongolia Interior se le hizo ver que las decenas de pantallas de televisión en su sede no sacarían a nadie de la pobreza. Un funcionario de la provincia central de Henan murió por coma etílico tras almorzar con nueve colegas. Muertes como esas recomendaban años atrás delegar las labores representativas en tipos de acrisolada resistencia al 'baijiu', el temible aguardiente nacional. Era tal el desenfreno al que la casuística obligaba que muchos funcionarios aplaudieron una tregua para sus hígados.

Apretarse el cinturón

 Así que no sorprendió la reciente portada del Diario del Pueblo ordenando apretarse el cinturón al partido y las organizaciones gubernamentales. "El despilfarro es oprobioso y la frugalidad es honorable", recordaba. La contención, continuaba, integra “la gloriosa tradición y el estilo refinado de nuestro partido”. Y terminaba con la versión actualizada y ampliada de aquel viejo decálogo que exigía sobriedad al centenar de millones de miembros del partido.

Quedan desterrados de los ágapes oficiales los cigarrillos, el alcohol y los platos extravagantes. Las reuniones oficiales serán en sedes espartanas, sin adornos florales, plantas ornamentales ni decorados recargados, y nunca en instalaciones turísticas. Serán castigados los proyectos elefantiásicos que priorizan la vanidad sobre los resultados y cualquier despilfarro en general. También el uso para fines personales del vehículo oficial y las adiciones lujosas en su interior.

Ni regalos ni dinero

Los funcionarios no podrán aceptar regalos ni dinero, ese sobre rojo o 'hongbao' que felicita los cumpleaños o unta a la autoridad. Los funcionarios no podrán usar vuelos privados en sus viajes al extranjero ni alargarlos más allá de su agenda oficial sin autorización previa. El presupuesto del Gobierno central para recepciones, vehículos y viajes al extranjero ha sido recortado en 322 millones de yuanes (40 millones de euros). Irán destinados a proyectos de desarrollo y bienestar social.

 Las medidas han sido recibidas en las redes sociales con gozo y ya se amontonan indicios de que el mensaje ha calado. La reciente reunión de accionistas de Kweichow Moutai, el productor del 'baijiu' más elitista, resume el cuadro. La jornada anticipaba mucho alcohol para ahogar las penas después de que su cotización cayera con la publicación de las normas pero sólo trasegaron zumo de arándanos. “Apruebo las nuevas regulaciones desde el fondo de mi corazón”, afirmó su presidente. 

 A la organizadora de aquella cena le sugerí un cambio de menú en las recepciones con extranjeros porque aquella exquisitez se desperdiciaba con nuestros asilvestrados paladares. Juraría que me escuchó con atención. Xi y yo, hombro con hombro, sacaremos de nuevo de los manteles oficiales al pepino de mar.

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