Actividad económica en declive

Rusia potencia el turismo nacional para compensar la falta de viajeros extranjeros debido de la guerra de Ucrania

El Gobierno contempla ampliar la infraestructura turística en zonas del sur e incluye regiones del país eslavo anexionadas unilateralmente

Directo | Última hora de la invasión rusa de Ucrania

Un grupo de turistas visita la Plaza Roja de Moscú, este jueves.

Un grupo de turistas visita la Plaza Roja de Moscú, este jueves. / MAXIM SHEMETOV / REUTERS

Àlex Bustos

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Rusia, como país más grande del mundo, tiene muchos alicientes para diferentes tipos de turismo. De montaña, cultural, de fiesta, étnográfico, de esquí... A pesar de la variada oferta, del pastel global del turismo transfronterizo, el país euroasiático se lleva una tajada más bien pequeña. Y es que la mala reputación, la dificultad para llegar hasta él y el alto coste de hacerlo, han hecho que prácticamente todos los extranjeros que venían a conocer de cerca el país de Pushkin hayan cambiado de parecer, una tendencia que se ha acentuado desde el inicio de la guerra en Ucrania, en febrero de 2022. Solo 670.000 extranjeros se aventuraron a viajar al país en 2023 como turistas, según datos del servicio fronterizo del FSB (el servicio secreto ruso), nada que ver con los 5,1 millones que lo hicieron en 2019.

El gremio turístico es consciente de ello y sabiendo la pasión de los rusos por el sol, la playa y los climas calurosos, ha decidido potenciar el turismo interno y atraer a compatriotas que habitualmente elegían las costas de Antalya (Turquía), Israel o Dubái para poder gozar del mar y el calor. Algunas partes de Rusia en el mar Negro ya son, a día de hoy, un sustituto de Italia, España, Grecia o cualquier otro país mediterráneo. Concretamente Sochi, Anapa y Crimea (región ucraniana anexionada por Rusia en 2014) son el destino de los que buscan un verano de playa. Mismo idioma y la no tener que pedir visado ni de cambiar divisa son los grandes alicientes. Sin embargo, estas regiones no cuentan con suficiente infraestructura para la demanda existente. Es por ello que las autoridades rusas, según cuenta 'Komsomolskaya Pravda', quieren desarrollar resorts turísticos para convertir el mar de Azov en el pequeño Mediterráneo para uso y disfrute de los rusos. Dentro del proyecto se incluirían cerca de 20 complejos turísticos, además de campamentos para niños (algunos se conservan de la época soviética) y balnearios. El artículo mencionado subraya la idea de que el mar de Azov es totalmente ruso, pero la costa oeste es ucraniana a ojos de la comunidad internacional.

Según estimaciones del mencionado plan, en 2040 el mar de Azov recibiría más de 15 millones de turistas anuales que podrían llegar en tren o en coche. En el futuro los rusos podrían vivir como lo hacían sus abuelos: los ciudadanos de a pie no podían abandonar el país fácilmente y por ello solían hacer turismo dentro de sus fronteras. Según datos publicados por otro medio ruso, 'Vedomosti', en 2023 ya se alcanzó una cifra récord de visitantes nacionales en el conjunto del país, llegando hasta los 75 millones de turistas, y las autoridades competentes buscan que en 2030 sean 140 millones de viajeros. Las regiones más beneficiadas, con permiso de Moscú y San Petersburgo, que son las joyas de la corona, han sido Daguestán, en el Cáucaso, y las regiones norteñas y siberianas, donde se pueden ver auroras boreales o hacer deportes de aventuras.

Cambio de eje

Una de estas ciudadanas que ha optado por dar una oportunidad a regiones de su propio país es María. Su elección fue el norte, en el Ártico. "Además de paisajes extraordinarios, aquí también viven muchas culturas distintas, de las que se puede aprender", explica a EL PERIÓDICO. En esta región habitan los saami o los nenets, que son muy diferentes a los rusos étnicos. "Antes siempre que podía me dejaba caer por alguna capital europea, ahora prefiero viajar dentro de Rusia porque es mucho más fácil", apunta.  

Algo parecido le pasa a Maksim, que ha decidido pasar calor en el Cáucaso Norte. "Antes solía ir al sur de Francia, pero ahora es demasiado caro. No me apetece gastar tanto dinero en eso y he preferido buscar el sol y la comida de calidad en el sur de nuestro propio país".

En la capital también se nota que la mayoría de turistas que llegan son ciudadanos de provincias. En los aledaños de la Plaza Roja, donde antes era muy común escuchar diferentes idiomas, ahora abunda el ruso. La falta de extranjeros es algo que también se percibe en la calle Arbat, una de las principales arterias peatonales de la ciudad. En ella múltiples tiendas de souvenires se encuentran en una larga travesía por el desierto. "Esta situación está matando nuestros negocios", cuenta Eldar, un dependiente. "Antes teníamos a millones de turistas extranjeros al año, ahora no llegamos ni al millón. Venían de todas partes y ahora muchos de ellos son rusos, y ellos compran menos que los occidentales porque hay menos cosas exóticas para ellos", añade mientras mira el estante de las matrioshkas, las famosas muñecas rusas.

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