Guerra en el Cáucaso

Límites fronterizos, guerra y protestas: la difícil paz entre Armenia y Azerbaiyán

Después de la victoria azerí en el conflicto del Alto Karabaj, Ereván vive una ola de protestas ante las múltiples concesiones del Gobierno armenio ante Bakú

Armenia ratifica el Estatuto de Roma, que permite detener a Putin, y Rusia califica la medida de "hostil"

El incierto futuro para una Armenia derrotada tras la guerra del Alto Karabaj

Armenios protestan contra la transferencia de tierras al vecino Azerbaiyán, en Ereván, el 15 de mayo de 2024.

Armenios protestan contra la transferencia de tierras al vecino Azerbaiyán, en Ereván, el 15 de mayo de 2024. / KAREN MINASYAN

Adrià Rocha Cutiller

Adrià Rocha Cutiller

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

En Armenia, la historia no se repite, pero rima: un hombre en sus cincuenta, barba blanca y vestido de caqui empieza a marchar para reclamar un cambio de Gobierno en el pequeño país caucásico. El movimiento, al principio, es periférico y reúne a pocos: pero crece, crece, y al final, llega a Ereván, la capital, para tomarlo todo. 

Ocurrió en 2018, cuando el actual primer ministro armenio, Nikol Pashinyán, lideró una revuelta democrática que acabó con el régimen anterior, un sistema cleptocrático basado en la corrupción y la proximidad con Rusia. Ahora, otra ola de protestas se ha encendido contra el que ganó el poder en el último movimiento de manifestación masivo. Pero donde Pashinyán triunfó hace seis años, la ola actual no ha conseguido acercarse al poder.

Armenia, tras su derrota en septiembre del año pasado en la guerra del Karabaj frente Azerbaiyán, vive inmersa en semanas de marchas y protestas en Ereván. Cerca de 200 personas han sido detenidas por la policía, que ha cargado violentamente contra los manifestantes. "Hemos definido cuál es el problema y cuál es nuestro objetivo, hemos decidido que necesitamos un nuevo Gobierno, un gobierno de la gente, un gobierno del dolor, del sufrimiento, de reconciliación”, ha dicho esta semana el líder de esta ola de protestas, el arzobispo Bagran Galstanyán.

Hombre controvertido en el pasado y de mucha ambición, Galstanyán ha dicho que no se opone a ser el jefe de Gobierno si así lo quieren los suyos. Sin embargo, no todo es tan fácil: Pashinyán tiene aún mayoría en el Parlamento y aún la confianza de su partido, a pesar de que Galstanyán ha pedido a la oposición que presente una moción de censura contra el primer ministro.

Mover la línea

Esta ola de protestas empezó en la región de Tavush, en la tensa frontera entre Armenia y Azerbaiyán. Pashinyán, unilateralmente y como gesto ante las estancadas negociaciones de paz con el enemigo, decidió entregar tres pueblos abandonados en la frontera a Bakú, y empezar a negociar los límites fronterizos a partir de los mapas de la extinguida Unión Soviética

Fue entonces cuando los habitantes de la región se revelaron, al oponerse a que la frontera con Azerbaiyán estuviese más cerca. Los locales, sumados a sectores más nacionalistas armenios, así, acusan a Pashinyán de ser demasiado débil en las negociaciones, de entregarse a la derrota militar ante Bakú, y de no ser capaz de enfrentarse a Ilham Aliyev, el presidente azerí. 

La realidad, sin embargo, es que Armenia, derrotada y muy débil militarmente ante Azerbaiyán, tiene poca elección. "La estrategia de Armenia, hasta la fecha, ha sido la de intentar disuadir [mediante concesiones en las negociaciones] a Azerbaiyán para que no tome más medidas por la fuerza. Bakú hace justo lo contrario: extorsiona con amenazas militares a Armenia para que Ereván se doblegue a las demandas azerbaiyanas", explica Nerses Kopalyán, profesor de la Universidad de Nevada

Así, se llega a un punto casi muerto, en el que Azerbaiyán amenaza constantemente con atacar de nuevo a Armenia para evitar que Armenia se rearme, reconstruya su Ejército y pueda fortalecer de esta forma su posición negociadora en el proceso de paz. 

"El riesgo de que Azerbaiyán pruebe con una invasión total de Armenia porque Armenia ejerce su derecho nacional de rearmarse es muy bajo, a pesar de todas las amenazas. Pero la probabilidad de que Bakú utilice incursiones locales, conquistas por la fuerza de territorio fronterizo como un mecanismo de presión diplomática es muy alta”, continúa Kopalyán. Pashinyán y su Gobierno están entre la espada y la pared, y la tensión dentro del país aumenta.

Dedos hacia Moscú

Desde la derrota en el Alto Karabaj —tanto en la guerra de 2020 como en la invasión azerí de setiembre de 2023, que en tan solo un día derrotó por completo las fuerzas armenias de la región—, la sociedad armenia vive traumatizada y amenazada por las palabras maximalistas del Gobierno azerí. Y en los pueblos fronterizos es, precisamente, donde este miedo es más real. El movimiento de protesta sigue,a pesar de que no se espera por el momento que el Gobierno de Pashinyán caiga ante la presión ciudadana. 

De hecho, el primer ministro armenio asegura sin pruebas que las protestas, que han aglutinado a los sectores más conservadores y nacionalistas armenios, tienen detrás a Rusia. Durante estos años de derrotas militares, ante el abandono militar de Rusia a Armenia, Pashinyán ha eliminado paulatinamente los vínculos con Moscú y ha estado intentando hacer pasos para acercarse definitivamente a Occidente.

Suscríbete para seguir leyendo