Las claves de la nueva PAC y las protestas agrícolas

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Representantes de los agricultores tiran naranjas en protesta por la entrada de fruta de Egipto, en febrero en Castelló.

Representantes de los agricultores tiran naranjas en protesta por la entrada de fruta de Egipto, en febrero en Castelló. / / EFE

Neus Suñer (Verificat)

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Varias organizaciones agrarias, entre las cuales se encuentra la catalana Revolta Pagesa, han convocado para este lunes 3 de junio cortes en las fronteras entre Francia y España. Reclaman, entre otras cosas, la eliminación de los impuestos a los carburantes, la aplicación de cláusulas espejo a productos de terceros países para que las condiciones de producción sean las mismas que en la Unión Europea o que las leyes prioricen el producto local.

Es, dicen, una continuación de las protestas del pasado febrero a raíz de la activación de las medidas de emergencia por la sequía y de la nueva Política Agraria Común (PAC) que prevén “histórica”. El Consejo Europeo dio, en mayo, el visto bueno a la reforma de esta normativa, que incluye la eliminación o modificación de los artículos más polémicos, esencialmente aquellos relacionados con las propuestas para reducir el impacto medioambiental, que se flexibilizan. Estos cambios tendrán efectos retroactivos a 1 de enero del 2024.

Pero, ¿en qué consiste la PAC y por qué lleva desde principios de año levantando polvareda? Básicamente, porque los criterios establecidos hasta el momento modificaban los requisitos para acceder a las ayudas europeas, fundamentales para la subsistencia de agricultores y ganaderos, y los ligaban a varios criterios medioambientales.

Un tercio del presupuesto europeo

La PAC es la herramienta comunitaria que agrupa las políticas agrarias de la Unión Europea y que tiene como principales objetivos, entre otros, asegurar un suministro estable de alimentos a precios asequibles, garantizar un nivel de vida razonable fijando unos precios a los productores y contribuir en la lucha contra el cambio climático y la gestión sostenible de los recursos naturales.

Las ayudas que se derivan llegan a ser el principal sustento para la supervivencia de muchas explotaciones agrarias de la Unión Europea, tal y como reconoce la misma Unión en su página web. De hecho, ponen datos: las ayudas benefician a unos seis millones de explotaciones de la UE y, de media, esta ayuda ha representado casi la mitad de los ingresos de los agricultores en la última década.

La Unión Europea destina más de un tercio de su presupuesto a las ayudas agrícolas que se distribuyen después a través de los estados miembros. Para el periodo entre 2023 y 2027, se destinarán 336.000 millones de euros (32.549 en España). Las ayudas se concentran sobre todo en grandes beneficiarios, de acuerdo con los datos publicados por la Unión Europea para el último ciclo de la PAC (2014-2020). Concretamente, se estima que el 80% de las ayudas se las quedan un 20% de los solicitantes, que son aquellos que agrupan más tierras.

El debate sobre la nueva PAC, pero, no es tanto sobre la distribución presupuestaria, como sobre algunos de los requisitos, sobre todo medioambientales, que se exigían para poder acceder a las ayudas. Concretamente, los que han causado mayor rechazo entre las principales organizaciones agrarias son:

La exigencia de diferentes certificados para obtener las ayudas y del cuaderno de campo y libro de explotación digitales. Las principales organizaciones de agricultores están en desacuerdo con esta medida, al creer que no cuentan con el suficiente apoyo desde las administraciones para implementarla. Esta medida, que tenía que empezar a aplicarse de forma progresiva desde septiembre de 2024, finalmente se ha eliminado porque depende de España.

El cumplimiento, en su totalidad, de las Buenas Condiciones Agrarias y Medioambientales (BCAM) para obtener ayudas de la PAC que proponía, entre otros, la obligatoriedad de dejar en barbecho un mínimo del 4% de las tierras cultivables de la explotación agraria.Esta es una de las medidas que más críticas ha recibido, por lo cual, ya a finales de enero, la Comisión la dejó como voluntaria a discreción de los agricultores. Como alternativa, es posible sembrar cultivos que fijan el nitrógeno – como las lentejas o los guisantes – o cultivos intermedios en un 7% de las tierras cultivables. En otras palabras, que entre los dos cultivos principales se introduzca la siembra de forraje por los animales o que sirva para abono verde.

El establecimiento, también, de una nueva modalidad para recibir ayudas directas, los ecoregímenes. Son, esencialmente, prácticas relacionadas con la agricultura de carbono o la agroecología, es decir, aquellas que buscan mejorar la estructura de los suelos y reducir la desertificación; y favorecer la biodiversidad o la conservación de los recursos naturales, entre otros.

A pesar de ser prácticas aplicables de forma voluntaria, estas ayudas directas suponen un 25% del total que se otorgan por lo cual, a la práctica, es necesario aplicar alguna de ellas.

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