Elecciones en la isla

Los chips, la "montaña sagrada" que protege a Taiwán

Taiwán decidirá en las urnas su relación con China

Taiwán, elecciones cruciales para la paz mundial

Trabajador de TSMC revisa una de las obleas producidas en la factoría taiwanesa.

Trabajador de TSMC revisa una de las obleas producidas en la factoría taiwanesa. / TSMC

Carles Planas Bou

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En 1987 la historia de Taiwán dio un vuelco. Fue entonces cuando el reputado empresario Morris Chang fundó la Taiwan Semiconductor Manufacturing Company (TSMC), que tenía como misión fabricar los chips —el cerebro de los ordenadores— que se diseñaban en otros países. La sencilla idea de separar el proceso de producción fue una revolución para la época. Convencido por Chang, el Gobierno taiwanés hizo del impulso del sector su prioridad nacional. La empresa alteró el curso de la industria electrónica mundial y puso a la isla asiática en el centro del mapa.

Casi cuatro décadas después, la estrategia nacional de Taiwán ha dado resultados. La especialización ha convertido a TSMC en el gran titán de los semiconductores. La isla produce más del 60% de estos aparatos del mundo y más del 90% de los más avanzados. Su compleja tecnología da vida a casi todos los teléfonos móviles —también los iPhone—, a sistemas de inteligencia artificial (IA), coches autónomos, electrodomésticos, computadoras cuánticas y aviones de combate. Ningún país ha logrado aún replicar su vanguardista y sofisticado proceso de fabricación. Eso hace que gigantes como Apple, Nvidia, Amazon, Microsoft, Google o Meta dependan, directa o indirectamente, de los minúsculos componentes que se ensamblan en las fábricas taiwanesas. Sin ellos, la cadena de producción global cortocircuita.

El de los microchips es un sector en el que los intereses comerciales y los geopolíticos se solapan. Así, Taiwán ha jugado a su favor la ventaja competitiva de TSMC —cuya valoración supera los 580.000 millones de dólares— para impulsar su economía, pero también para su seguridad nacional. Estados Unidos depende del fabricante para acceder a tecnología vital para su desarrollo económico y militar. Eso ha llevado a la Casa Blanca a comprometerse a garantizar la seguridad de la isla, una relación conocida como Silicon shield (escudo de silicona). Donald Trump primero y Joe Biden después han subido el tono de las advertencias contra China, que desde hace más de medio siglo reclama el territorio taiwanés como propio. A su vez, el alineamiento entre Taipéi y Washington inquieta al coloso asiático, llevando a ambos bandos a acelerar las maniobras de guerra en el estrecho de Formosa.

"TSMC es nuestra montaña sagrada que protege al país"

Hsiao Bi-khim

— candidata a la vicepresidencia del PDP

Elecciones en Taiwán

Este sábado, Taiwán celebra unas elecciones presidenciales que marcarán el rumbo político del país. El temor al régimen de Xi Jinping ha marcado la campaña electoral, pero las derivadas de una hipotética escalada militar también afectan a TSMC y, por ende, a la posición estratégica de la isla. "Es nuestra montaña sagrada que protege al país", aseguró Hsiao Bi-khim, candidata del gobernante Partido Democrático Progresista (PDP) a la vicepresidencia, en un debate reciente.

La trascendental importancia de los chips ha arrastrado a TSMC a la refriega electoral. El ejecutivo de Tsai Ing-wen ha apostado por reducir los vínculos comerciales con China para reforzar su alianza con EEUU y el resto de Asia. Sin embargo, el principal partido de la oposición, el Kuomintang (KMT), pide una mayor conciliación con su vecino para evitar que los tambores de guerra puedan debilitar la inversión extranjera en Taiwán. "La bifurcación tecnológica de Pekín que impulsa EEUU podría ser un problema si gana el KMT", explica Alicia García Herrero, profesora adjunta en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong.

"La bifurcación tecnológica de Pekín que impulsa EEUU podría ser un problema si gana la oposición"

Alicia García Herrero

— Profesora adjunta en la Universidad de Ciencia y Tecnología de Hong Kong

Hasta ahora, se creía que la economía mundial —China incluida— depende demasiado de los semiconductores taiwaneses como para arriesgarse a una acción que pueda paralizar su abastecimiento. Esa noción quedó dilapidada con la invasión rusa de Ucrania.

Chips y seguridad nacional

Las tensiones geopolíticas y la oxidación de la cadena de suministro que se evidenció con la pandemia del covid preocupan cada vez más a Occidente, que ha optado por un cambio de planteamiento. Ahora, la misión es traer parte de la producción a casa. TSMC ha tranquilizado a sus clientes construyendo fábricas en EEUU y Japón, además de planear otra en Alemania.

TSMC ha asegurado que los microchips más avanzados seguirán siendo ensamblados en Taiwán. Aun así, los partidos de la oposición reniegan de que la firma haya decidido externalizar una pequeña parte de su producción, pues temen que eso pueda reducir el compromiso militar de EEUU de defender la isla en un hipotético escenario bélico. Los sondeos apuntan a que la opinión del país sobre esa estrategia está dividida.

Sin embargo, los expertos apunta a que los lazos comerciales entre Taipei y Washington reforzarán esa protección militar. "EEUU no va a poder producir chips de dos nanómetros en 2025, así que Taiwán seguirá siendo clave para ellos", añade García Herrero, también economista jefe para Asia-Pacífico del banco de inversión francés Natixis. "No hay riesgo de que la deslocalización de las fábricas de TSMC perjudique su alianza".

¿Desequilibrio económico?

Para el Financial Times, el desequilibrio entre los chips y el resto de la economía taiwanesa "se ha convertido en un tema de debate más importante" que el peso de TSMC en la seguridad nacional. Algunos expertos apuntan a que el auge del sector podría ser un problema para el desarrollo de otros. El 10 de enero, el fabricante representaba el 37,15% de la capitalización bursátil de la Bolsa de Taiwán. En 2021 y 2022, además, los semiconductores representaron casi el 42% de las exportaciones del país. Aunque la isla cerró 2023 con un limitado crecimiento económico del 1,2%, este año apunta a un repunte de hasta el 3%.

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