Asamblea General

António Guterres alerta en la ONU de la brecha norte-sur y pide reformas “profundas”

  • Vuelve el foco a la crisis de fertilizantes y a la guerra y a problemas estructurales como el sistema financiero global

  • Dice que “un torrente de crisis se retroalimentan” y avisa: “la agitación social es inevitable, el conflicto no estará lejos”

António Guterres, secretario general de la ONU, ante la Asamblea General

António Guterres, secretario general de la ONU, ante la Asamblea General / Europa Press

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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António Guterres, el secretario general de Naciones Unidas, ha querido abrir con un mensaje de esperanza su discurso este martes ante la Asamblea General por la iniciativa que está permitiendo exportar grano desde Ucrania a través del mar negro en medio de la guerra abierta por Rusia. No obstante, el retrato del mundo que el portugués ha trazado en esa intervención, que representa el pistoletazo de salida al debate plenario anual del organismo, coloca al mundo frente a un espejo que devuelve una oscura imagen de crisis, desastres, injusticias y peligros, profundamente interconectados, que no dejan demasiado espacio para el optimismo.

Guterres ha asegurado que vivimos “atascados en una disfunción global colosal”. Buena parte de su foco ha estado en la creciente y cada vez más agudizada brecha entre el norte y el sur, y en las divergencias entre países desarrollados y en desarrollo, “entre los privilegiados y el resto”.

Esa discrepancia, ha dicho, “está en la raíz de las tensiones geopolíticas y la desconfianza que envenenan todas las áreas de cooperación, de vacunas a sanciones y comercio”. Y ha advertido de que se vive un “torrente de crisis que se están retroalimentando” que debería hacer saltar las alarmas. “La agitación social es inevitable, el conflicto no estará lejos”, ha dicho el luso, que ha asegurado que “nuestro mundo está en peligro, y paralizado”.

El impacto de la guerra

Guterres vaticina “un invierno de descontento global en el horizonte” y uno de los problemas inmediatos que el mundo debe afrontar es la crisis global de fertilizantes, agravada como consecuencia de la guerra en Ucrania, las trabas para la exportación de esos fertilizantes o componentes como el amoniaco desde Rusia o Bielorrusia y el aumento de los precios energéticos que disparan el coste de la producción.

“Este año el mundo tiene suficiente comida, el problema es la distribución, pero si no estabiliza el mercado de fertilizante el problema del año que viene puede ser el propio suministro de alimentos”, ha destacado Guterres, que ha pedido que se eliminen todos los obstáculos para la exportación.

La brecha

Para el secretario general de la ONU, no obstante, las tensiones geopolíticas crecientes y crisis que se están combinando e interconectando, desde el impacto de guerra y cambio climático a las presiones inflacionarias, la injusticia estructural del sistema financiero global o el retroceso en la lucha por derechos y libertades o por las metas más básicas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible como eliminar pobreza y hambre y asegurar la educación, obligan a acciones conjuntas y decididas.

Parte de su foco ha estado en la “funesta situación financiera de países en desarrollo y el destino de los objetivos de desarrollo sostenible”. “94 países, 1.600 millones de personas, muchas en África, enfrentan la tormenta perfecta”, ha dicho, enumerando los “efectos económicos y sociales de la pandemia, desorbitados precios de alimentos y energía, las cargas de deuda, la inflación en espiral y la falta de acceso a financiación”.

Crisis climática

También ese foco en los países en desarrollo ha aparecido en el discurso de Guterres al referirse a la crisis climática. “Debe ser la primera prioridad de cada gobierno y organización multilateral pero se está dejando en segundo plano”, ha denunciado, urgiendo a “acabar la guerra suicida contra la naturaleza”.

El portugués ha asegurado, además, que esta crisis “es un caso de manual sobre injusticia moral y económica”. Ha recordado que “el G-20 es responsable del 80% de la emisiones de gases de efecto invernadero”. Y ha llamado a todos los países desarrollados a tasar los beneficios de las compañías de combustibles fósiles, y redirigir lo recaudado a países que sufren pérdidas y daños por la crisis climática y a las personas que tienen dificultades para afrontar los precios crecientes de alimentos y energía.

No es la única medida específica que ha propuesto Guterres. Y ha hecho también una llamada directa a una “profunda reforma estructural” del sistema financiero global, que ha denunciado sin ambages. “Fue creado por los países ricos para servir sus intereses. Amplía y atrinchera las desigualdades”, ha dicho.

Ha solicitado, asimismo, que se cree un fondo de estímulo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, liderado por G20, para que los países en desarrollo tengan más y más fácil acceso a financiación, aligeramiento deuda, expansión de liquidez y fondos especializados. “Más gente es pobre. Más gente pasa hambre. A más gente se le niega atención médica y educación. La igualdad de género retrocede y las vidas de las mujeres empeoran, de la pobreza a las opciones sobre salud sexual y reproductiva y su seguridad personal”, ha denunciado.

Tensiones geopolíticas y tecnología

Además de a la guerra en Ucrania, al “ruido de sables nucleares y amenazas a plantas nucleares que suman a la inestabilidad global”, Guterres ha mirado también a otras tensiones geopolíticas. Ha lamentado que el acuerdo con Irán para frenar su programa nuclear militar sigue siendo “esquivo”. Y ha vuelto la mirada a lugares como Afganistán, Congo, el Sahel, Etiopía, Haití, Libia, Irak, Israel y Palestina, Myanmar, Siria...

El secretario general de la ONU también ha tenido en su discurso espacio para alertar sobre la “falta de salvaguardas alrededor de prometedoras nuevas tecnologías” y la “falta de una arquitectura global para lidiar” con lo que ha definido como un “bosque de banderas rojas” en ese mundo tecnológico.

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Ha denunciado , por ejemplo, que “las plataformas de redes sociales basadas en un modelo de negocio que monetiza la furia, la rabia, y la negatividad están causando un daño incalculable a comunidades y sociedades”. Ha asegurado que “proliferan el discurso del odio, la desinformación y el abuso, que pone especialmente en la diana a mujeres y grupos vulnerables”. Ha criticado que “nuestros datos se compran y venden para influenciar nuestro comportamiento, mientras el spyware y la vigilancia se descontrolan, todo sin consideración por la privacidad”. Ha alertado de que “la inteligencia artificial está poniendo en riesgo la integración de los sistemas de información, los medios y la propia democracia” y de que la “computación cuántica podría destruir la ciberseguridad y elevar los riesgos de errores de funcionamiento en sistemas complejos”.

Guterres ha querido cerrar, como había abierto, con un mensaje mirando a “frágiles brotes de esperanza”, desde por acciones de jóvenes, activistas o mujeres hasta por las de la sociedad civil o la ciencia. Y ha urgido a “trabajar juntos, como una coalición del mundo, como naciones unidas”. Pero la estela que quedaba de su intervención era, como las realidades de las que ha hablado, un aire poco esperanzador.