Luto en el Reino Unido

Kilómetros de cola junto al Támesis para despedirse de la reina Isabel II

Carlos III, sus hermanos y sus hijos, siguieron a pie el cortejo fúnebre desde el Palacio de Buckingham

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Begoña Arce
Begoña Arce

Periodista

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La capilla ardiente de la reina Isabel II se halla desde la tarde del miércoles instalada en el Hall del Parlamento británico, por donde miembros del público circulan lentamente rindiendo homenaje a la que fue su soberana durante siete décadas. El féretro quedó instalado en un catafalco iluminado por cuatro cirios, cubierto con el estandarte real. Sobre un cojín reposa la Corona imperial de Estado, con 2.869 diamantes. una de las joyas más importantes de la Corona. Las colas de los que esperan para decir adiós a la reina se extienden a lo largo del orilla del Támesis y podrían llegar a alcanzar los 10 kilómetros y hasta 35 horas de espera.

Los restos de la reina habían partido por última vez del palacio de Buckingham. El ataúd de roble colocado sobre un armón del cuerpo de caballería tirado por caballos recorrió la gran avenida del Mall, adornada para la ocasión con gigantescas banderas de la Unión Jack. Miles de personas se agolpaba a lo largo del recorrido, en silencio, sólo roto en algunos momentos por un estallido de aplausos.  

Procesión a pie

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Carlos III y sus hermanos, Ana, Eduardo y Andrés caminaron detrás del féretro seguidos de Guillermo y Enrique reunidos de nuevo y otros miembros de la familia real. Camila, Catalina y Meghan alcanzaron el cortejo en automóvil poco antes de que la llegada al Palacio de Westminster. Dos bandas de música, la de la Guardia Escocesa y la de la Guardia de Granaderos interpretaron las marchas fúnebres de Beethoven, Chopin y Mendelson. Las melancólicas notas se mezclaron con las salvas de honor disparadas por los cañones en Hyde Park.

El arzobispo de Canterbury, Justin Welby, recibió el féretro con palabras del evangelio según San Juan, en un breve oficio religioso, mientras sonaban las voces de los miembros del Coro Real y el de la Abadía de Westminster.  A la ceremonia asistió la primera ministra, Liz Truss, el jefe de la oposición, Keir Starmer y otros líderes políticos. El aeropuerto de Heathrow suspendió los vuelos durante la procesión para “asegurar el silencio en el centro de Londres”.