Fin de una era

Una multitud presenta sus respetos a Isabel II en Edimburgo: "Yo amaba a la reina"

El rey Carlos y sus hermanos acompañan en procesión al féretro de Isabel II hasta la catedral de Saint Giles de la capital escocesa

El templo acoge la capilla ardiente de la soberana durante 24 horas, antes de que el cuerpo sea trasladado a Londres para el funeral de Estado

OLI SCARFF/AFP

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Laura Puig
Laura Puig

Periodista

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En los últimos días se ha repetido hasta la saciedad la estrecha relación de la reina Isabel II con Escocia. Y por lo que se puede ver desde el viernes en las calles de Edimburgo -solo se pudieron oír el domingo algunos abucheos de menos de una decena de personas- se deduce que el sentimiento era mutuo, a pesar de que este territorio es el que menos aprecio (aunque sigue siendo mayoritario) tiene por la corona. Según el último sondeo de YouGov, el 42% de los escoceses creen que la monarquía es buena para Gran Bretaña frente al 22% que consideran lo contrario. Es la opinión más crítica del resto de territorios. En el conjunto de la isla, estos porcentajes se sitúan en el 54% y el 13%, respectivamente.

"Que haya muerto en Balmoral nos ha brindado la oportunidad de estar más involucrados en todos los actos para despedir a la reina", aseguraba a EL PERIÓDICO Michael Andrews, edimburgués y monárquico hasta la médula, durante la ceremonia de proclamación en la ciudad este domingo. En su opinión, Escocia es diferente del resto del Reino Unido, "pero hay más simpatía por la casa real de lo que la gente cree".

La multitud para seguir la procesión que ha llevado el féretro desde el palacio de Holyrood, la residencia oficial de la corona en Escocia, hasta la catedral de Saint Giles de Edimburgo y las colas kilométricas para acceder a la capilla ardiente parecen dar la razón a Michael. Miles de personas se han concentrado a lo largo de la Royal Mile, la avenida que une Holyrood con Saint Giles, muchas de ellas para no poder ver más que una masa de cabezas. Pero daba igual, lo importante era estar allí para "presentar sus respetos" a la fallecida soberana. Es lo que piensa Audrey Allan, una mujer que se declara 100% monárquica y residente en Bo’ness, una localidad a una hora en coche de Edimburgo.

Los cuatro hijos de la reina

En la procesión, que ha salido del palacio pasadas las 14.30 hora local, han participado los cuatro hijos de la soberana, el rey Carlos, la princesa Ana y los príncipes Andrés y Eduardo, así como el marido de Ana, el vicealmirante Tim Laurence. Detrás, en un vehículo, iban la reina consorte, Camila, y Sophie, la esposa de Eduardo.

Isla, una chica de 15 años vecina de Edimburgo, se ha saltado algunas clases -con el permiso de su madre, dice- para poder presenciar este pedazo de historia. "Es un momento triste, ha sido la cabeza del Estado durante mucho tiempo", señala. Mucho más emocionada está Fiona, una mujer de 53 años de East Ayrshire, a dos horas de la capital escocesa. "Yo amaba a Isabel, ha sido reina durante toda mi vida", señala, intentando, sin éxito, contener las lágrimas. A Fiona le hubiera gustado acudir a la capilla ardiente que tendrá lugar en la catedral, pero lo da por descartado viendo la multitud que rodea el templo.

Miembros de la Guardia Real entran el féretro de la reina Isabel en la catedral de Saint Giles de Edimburgo.

/ NUNO VEIGA

A Alan Chalmers le pasa lo mismo. Originario de Glasgow pero residente en Suiza por motivos de trabajo, tiene que coger un tren esta tarde para acudir a otro funeral, el de su cuñada. Por este motivo está estos días en Escocia. Este lunes ha decidido acercarse a la Royal Mile para rendir tributo a una monarca "que hizo un buen trabajo durante todo su reinado y estuvo al pie del cañón hasta el último momento". En su opinión, la simpatía de Escocia por la monarquía es fácil de explicar: "Un rey es mejor que un presidente porque está al margen de la política". Además, pone énfasis en el hecho de que muriera en Balmoral. "No se movió de allí porque estaba en casa", señala tras recordar los lazos familiares que unían a la soberana con esta tierra.

Oficio religioso y capilla ardiente

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Entre los que han acudido a ver la procesión también había muchos turistas. Leonardo García, mexicano pero residente en Londres, se muestra contrariado por el "caos" que ha generado en la ciudad el acontecimiento, con calles cortadas y rutas de autobús canceladas o modificadas, a pesar de que el dispositivo estaba "planeado desde hace tiempo". "Es un momento histórico, pero no es a lo que yo venía", afirma, resignado, antes de destacar que entiende que para los ciudadanos británicos ha sido un "golpe muy fuerte". Sobre el nuevo rey, Leonardo destaca que ya ha dejado entrever cómo va a ser su reinado con gestos como el que tuvo el día de la proclamación, al pedir a un ayudante de un modo despectivo que le retirara unos tinteros.

Una multitud despide a la reina Isabel en Edimburgo.

Tras la procesión, los miembros de la familia real, junto con las autoridades de Escocia y del Reino Unido, entre ellas la ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, y la primera ministra británica, Liz Truss, han participado en un servicio religioso antes de la apertura de la capilla ardiente, a las 17 horas. Después, el monarca ha regresado al palacio de Holyrood para mantener una audiencia con Sturgeon, y recibir una moción de condolencias del Parlamento escocés. Por la noche, el soberano y el resto de miembros de la familia real presentes en Edimburgo tienen previsto asistir a una vigilia en la catedral junto al féretro de la reina fallecida. Este martes por la tarde, el féretro será trasladado en avión a Londres para el funeral de Estado, que tendrá lugar el próximo lunes.