Las claves de un revés

¿Por qué han rechazado los chilenos su nueva Constitución?

El resultado del referéndum ha supuesto un fuerte vuelco social en un país que hace apenas seis meses se entregó a la izquierda de Boric

¿Por qué han rechazado los chilenos su nueva Constitución?

EFE / Alberto Valdés (Efe)

5
Se lee en minutos
Abel Gilbert
Abel Gilbert

Corresponsal en Buenos Aires

Especialista en se ha especializado en temas políticos relacionados con la región pero también ha abordado cuestiones culturales y deportivas

Escribe desde se encuentra en la ciudad de Buenos Aires

ver +

La abrumadora victoria de 'no' en el referéndum constitucional de Chile abre un incierto y complejo escenario de diálogo entre el Gobierno de Gabriel Boric, las distintas fuerzas políticas y la sociedad civil sobre cómo debe proseguir el proceso constituyente iniciado tras el estallido social de 2018. En principio, le tocará a un Congreso, donde la izquierda no lo tiene fácil, diseñar la nueva hoja de ruta. Pero, ¿por qué los chilenos han optado por mantener la actual carta magna, redactada en 1980, durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), y reformada solo de forma parcial en democracia?

Estos serían algunos de los motivos que explican el vuelco social que se ha producido en cuatro años en la sociedad chilena.

Un país polarizado

A medida que se acercaba el plebiscito, el ambiente social se fue tensando y afloraron los discursos beligerantes. En el Congreso tuvo lugar una insólita escena de insultos y golpes entre parlamentarios y hasta el presidente Boric, cuyo hermano fue agredido por unos desconocidos, tuvo que llamar a la calma. Las vísperas de la consulta elevaron el tono del lenguaje en el espacio público y en los medios, volteando las tendencias demoscópicas. No es la primera vez que eso ocurre. En 1988, Pinochet vio frustradas en las urnas sus ambiciones de perpetuidad. El "no" obtuvo entonces un 55,99% de los votos, contra el 44% de los chilenos que querían la continuidad de la dictadura. En noviembre pasado, Boric derrotó al ultraderechista José Antonio Kast en un contexto también saturado de voces altisonantes y por una diferencia de votos muy similar. Las encuestas de cara al referéndum auguraban una victoria del 'rechazo' por un margen más estrecho, pero al final la diferencia ha sido de 24 puntos. No fue menor el papel que ha jugado en ese sentido que un sector del centro y la centroizquierda apostaran por esa opción, rompiendo los históricos bloques de las últimas décadas.

Nuevo estado de ánimo

El clima se ha enrarecido respecto a 2020, cuando un 78% de los chilenos aprobó cambiar la Carta Magna y le dio mayoría a la izquierda y el centroizquierda en la convención que redactó el texto. La derecha careció de poder de veto y concentró buena parte de su esfuerzo en desacreditar a la Asamblea. Con el paso de los meses, la desconfianza sobre los contenidos del texto fueron creciendo al compás de las 'fake news'. Ciertas situaciones al interior de la Asamblea, como el falso cáncer de un convencional, o las provocaciones de una representante de la derecha, subidas de tono, fueron reproducidas constantemente en los medios para dar una mala imagen de lo que ocurría al interior de la constituyente. El mapa del escrutinio muestra un 'no' rotundo transversal, en todas las regiones y en 338 de los 346 municipios de Chile. En la capital, Santiago, la diferencia ha sido de 9 puntos a favor del rechazo (54,5%).

Plebiscito a Boric

Aunque el proceso de reforma no se inició bajo su mandato, el referéndum sobre la nueva Constitución se convirtió en un plebiscito sobre el Gobierno de Boric, que apenas lleva seis meses en el poder. El presidente era consciente de que se jugaba gran parte de su capital político al haber hecho una fuerte campaña a favor del 'sí'. Sin embargo, en su gestión también pesan problema como la creciente inseguridad, la falta de orden público en algunas regiones y la crisis migratoria que afecta sobre todo al norte del país. Y por supuesto, el problema global de la inflación, que en Chile alcanza el 13%, récord en tres décadas.

Las 'fake news' de la derecha

Bajo los efectos de la multitudinaria protesta de 2020, se realizó entonces lo que se llamó un "plebiscito de entrada" a la reforma constitucional: el 79% apoyó que se hiciera a través de una convención. La asamblea que redactó la Carta Magna tuvo un predominio de la izquierda y un fuerte enfoque de género. La derecha careció de poder de veto y comenzó una sistemática campaña de desprestigio de su contenido. Las 'fake news' auguraban expropiaciones, tribunales indígenas, un aborto a los nueve meses de embarazo. Una parte de la población las tomó como verdad. Un 50% de los chilenos ha reconocido saber en rigor poco o nada sobre el texto en juego. Además, los sectores conservadores montaron en cólera, por ejemplo, por la participación de la expresidenta Michelle Bachelet, exalta comisionada de Derechos Humanos de la ONU, en la publicidad a favor del 'sí'.

¿Se diluyó el estallido social?

La redacción de la nueva Carta Magna fue un modo de darle solución al estallido social de noviembre de 2019. Los enfrentamientos de aquel año en las calles tuvieron una clara línea divisoria entre el pueblo y la elite que diluyó algunas diferencias entre izquierda y derecha. Según algunos analistas, estás volvieron a aflorar durante el proceso constituyente. Otros conocedores de la realidad interpretan que, así como la élite económica y comunicativa pasó a la defensiva tres años atrás y aceptó las condiciones de elaboración de otro texto fundamental, a partir de 2021 pudo retomar sus posiciones dominantes e influir decididamente en el resultado de la consulta.

La necesidad de equilibrio

Otra interpretación que prevalece por estas horas tiene que ver con una búsqueda de mayor equilibrio por una parte importante de la sociedad. La actual Constitución de Pinochet fue promulgada en 1981 y, a pesar de haber sido sometida a algunas reformas, se sitúa “a la derecha” de las expectativas de muchos chilenos. Con la Carta Magna recientemente derrotada sucedía lo contrario: conceptos como “plurinacionalidad” no parecieron encontrar consenso, entre otras razones, por las constantes tergiversaciones a los que eran sometidos en las redes sociales.