Cambio climático

"Si me ves, échate a llorar": el mensaje de las piedras del Rin que afloran con la sequía

  • Algunos ríos como el Po o el Rin registran sus niveles más bajos en casi un siglo y el Reino Unido impone restricciones de agua al menos hasta octubre

  • La altas temperaturas atizan los incendios, que ya han quemado más de 660.000 hectáreas desde enero

El río Rin cayó a un nuevo mínimo, restringiendo aún más el suministro de productos básicos vitales a partes del interior de Europa. / Alex Kraus/Bloomberg

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Begoña González
Begoña Arce
Begoña Arce

Periodista

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Andreu Jerez
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Europa se muere de sed. El inusual calor y la falta de precipitaciones están llevando a una gran parte de los países del continente a sufrir una peligrosa escasez hídrica. Según el informe 'Sequía en Europa-julio de 2022', publicado por la Comisión Europea, una "parte preocupante del territorio de la Unión Europea (UE) se encuentra en riesgo de sequía, algunas zonas en niveles de aviso (46%) y otras en alerta (11% de la UE)". El problema se ha agudizado durante las dos primeras semanas de agosto, con el termómetro registrando récords en países como el Reino Unido, poco acostumbrados a los 40 grados centígrados.

La consecuencia más directa se observa ya en los niveles de agua en los ríos, lagos y embalses de toda Europa occidental, que se están reduciendo alarmantemente e incluso secando. En Italia, la cuenca del río Po se enfrenta al nivel más bajo en 70 años a causa de la sequía y una situación similar seca el lecho de ríos como el Lek, en Países Bajos, dificultando la circulación de embarcaciones. En la misma línea, los niveles mínimos de agua en el Rin a su paso por Colonia amenazan a la industria de Alemania, ya que cada vez más barcos no pueden atravesar esta vía fluvial clave.

Se ha declarado emergencia por sequía en cinco regiones italianas y la disponibilidad insuficiente de agua ha llevado a múltiples restricciones de uso en los municipios. En Francia se han tomado medidas para restringir el uso del agua y las reservas españolas han caído esta semana al 39,2%, el nivel más bajo en estas fechas desde 1995.

Este lunes, por ejemplo, la afluencia de visitantes ha colapsado los accesos al Pantano de Sau, en Barcelona, donde la sequía acumulada ha dejado al descubierto el campanario de una iglesia que acostumbra a quedar siempre bajo el agua y ha obligado a regular los accesos al pantano para vehículos.

Récord de incendios

La falta de precipitaciones y las altas temperaturas tiene otra preocupante consecuencia: los incendios. El balance provisional de hectáreas quemadas en Europa ya supera las 660.000 desde enero, un récord a estas alturas del año desde que se empezaron a recabar datos por satélite en 2006. España, con 246.278 hectáreas calcinadas, ocupa la primera posición. Por detrás figuran Rumanía (150.528 hectáreas), Portugal (75.277 hectáreas) y Francia (61.289 hectáreas).

Reino Unido: Prohibidas las mangueras

"¡Just what the garden needs!" ("¡Justo lo que necesita el jardín!"). Esa es la frase típica de algunos ingleses cuando inesperadamente empieza a llover y se están calando hasta los huesos. Si el jardín está verde y la hierba reluce, todos contentos. Estos días millones de jardineros, orgullo de Inglaterra, libran un combate con la sequía que sufre buena parte del país. Compañías de suministro de agua, en Gales, Hampshire y en la isla de Wight han prohibido desde hace unos días el uso de mangueras para regar las plantas, lavar el coche o llenar la piscina. En Gales, Sussex y Kent lo hicieron a partir del viernes, cuando el Gobierno británico declaró el estado de sequía en buena parte de Inglaterra, golpeada por una ola de calor que azota igualmente a buena parte de Europa y del norte de África.

Una mujer hace ejercicio en un reseco Hyde Park en Londres

/ EFE/EPA/ANDY RAIN

La medida, declarada por primera vez desde 2018, incluye las áreas de Londres, el valle del Támesis y partes del sur, el centro y el este de Inglaterra. Las restricciones durarán al menos hasta octubre. Thames Water, que suministra agua a 15 millones de personas en el sureste de Inglaterra, incluida la población de Londres, adoptará una prohibición similar a lo largo de este mes, en una fecha aún por fijar. "Entre tanto le pedimos a nuestros clientes que sólo usen (el agua) que necesiten para cometidos esenciales", rogaban en un comunicado. Cathryn Ross, la directora de Asuntos Estratégicos y Regulatorios de la compañía reconoce que estas olas de calor y sequía pueden ser cada vez más habituales.

"El nivel tan bajo de agua almacenada que estamos viendo no tiene precedentes. Hablamos de menos de un 75% de nuestras reservas con respecto a lo que deberíamos esperar. Hemos tenido menos del 75% de la lluvia que contábamos tener en diciembre para llenar los ríos, los pantanos y los acuíferos". Las suministradoras observan continuamente los niveles de uso y almacenamiento de agua disponible, así como la predicción de lluvia, por el momento inexistente, aunque la situación puede cambiar rápidamente a principios del otoño.

Julio más seco desde 1836

La sequía y el bajo caudal de los ríos tendrá consecuencias en la agricultura, advierten desde el Centro de Ecología e Hidrología del Reino Unido. Con la tierra demasiado seca será muy difícil sembrar en octubre las cosechas del próximo año. Tampoco hay pasto para los animales, que están tomando el pienso almacenado para el invierno. En el sureste de Inglaterra, una de las zonas más afectadas, hace casi 150 días que apenas ha llovido. En esa región, el periodo que va desde el pasado mes de noviembre hasta julio ha sido el tercero más seco registrado por los hidrógrafos desde 1836. La situación empeoró hace un mes cuando se sobrepasaron por primera vez en la historia del país los 40 grados. La hierba seca provocó varios incendios destruyendo 41 casas en la periferia de Londres. La semana pasada las temperaturas alcanzaron los 37 grados. La Oficina de Meteorología puso en marcha hasta el sábado el alerta ámbar, en uno de los veranos más tórridos y largos que se recuerdan.

Desde los medios de comunicación se hacen llamamientos y recomendaciones al público para mejorar el uso del agua. Cada británico consume al día 150 litros, frente a 120 de los alemanes y 100 de los daneses. Se sugiere no utilizar la bañera o el jacuzzi y ducharse lo más rápidamente posible teniendo en cuenta que al lavarse el pelo y frotarse la piel se van por el desagüe 10 litros cada minuto. Hay que asegurarse que los grifos no goteen y se aconseja hacer la colada en programas de corta duración con la máquina bien llena.

El escándalo de las fugas

A los ciudadanos se les pide responsabilidad, pero el sector del agua, privatizado desde la época de Margaret Thatcher, ha sido acusado de buscar los mayores beneficios sin invertir lo necesario en el mantenimiento. Una quinta parte de todo el suministro de agua se pierde por la rotura de cañerías y la mala conservación de la red. Casi 3.000 millones de litros se desperdician de esa forma cada día. Este mes dos adultos y dos niños tuvieron que ser rescatados por los bomberos, después de que una tubería reventara en el barrio londinense de Islington. La inundación dañó medio centenar de viviendas. Es "inaceptable que las compañías de suministro de agua impongan restricciones a sus clientes cuando no logran contener las fugas" ha declarado el conservador Rishi Sunak, en campaña por la sucesión de Boris Johnson. 

Alemania: "Si me ves, échate a llorar"

"Si me ves, échate a llorar". Este tipo de frases aparecen escritas en las llamadas "piedras del hambre" en ríos centroeuropeos como el Rin o el Elba. Marineros o habitantes de sus riberas las grabaron en siglos pasados cuando las sequías fueron tan severas que el nivel de los ríos bajaba hasta hacerlos innavegables en algunos de sus tramos. Las sequías no sólo eran demoledoras para las cosechas de esos años, sino también para el transporte fluvial de mercancías –fundamental para países como Alemania, con una salida la mar limitada al norte– lo que generaba desabastecimiento y hambrunas.

La parte más seca del río Rin permite el paseo a pie mientras los barcos turísticos todavía pueden navegar en Bingen, Alemania

/ REUTERS/Wolfgang Rattay

La sequía que azota este verano algunas regiones de Alemania, sumada a las altas temperaturas, están haciendo aparecer de nuevo esas piedras del hambre en algunos tramos del Rin, como informa el General Anzeiger Bonn. "Se pueden ver desde hace aproximadamente un mes", declaró recientemente al diario regional Udo Scholl, director general de una de las compañías de ferris que operan en uno de los mayores ríos de Alemania.

Seguirá bajando

Un vistazo a las estadísticas de la Administración Federal de Vías Fluviales y Navegación no deja lugar a dudas: en algunos tramos del Rin, como en la ciudad de Coblenza, el nivel del agua ya está por debajo de los 50 centímetros. Ello ya genera limitaciones para la navegación y que los buques de transporte tengan que reducir su carga. Las autoridades alemanas dan por hecho que ese nivel seguirá reduciéndose al menos hasta finales de la esta semana, cuando podría volver a llover si se cumplen las previsiones meteorológicas.


/ Krisztian Bocsi/Bloomberg

Esta situación tiene un impacto directo en la economía alemana, para la que el transporte de mercancías fluvial es muy importante. Las centrales de energía alimentadas por carbón que siguen funcionando podrían tener, por ejemplo, que reducir su producción. Las empresas que dependen de los buques fluviales para dar salida a sus productos ya están pagando más por ese transporte. Todo esto, sumado a la crisis energética y la inflación generada por la guerra en Ucrania, alimentan las proyecciones de economistas que colocan a la economía alemana ya en la recesión a finales de este 2022.

Portugal: Aldeas que resurgen de los pantanos

Portugal atraviesa el segundo año más seco desde 1931, año en que comenzó a haber registros. La falta de precipitaciones durante el invierno obligó al Gobierno a limitar la producción de energía hidroeléctrica en algunos embalses del país a principios de año, algo a lo que se han sumado recientes restricciones en las regiones más afectadas. En el Algarve, el Gobierno acordó a finales de julio limitar el uso de agua para regar zonas verdes y campos de golf en alojamientos turísticos, mientras que los ayuntamientos de la región decidieron cerrar las piscinas públicas durante todo el verano.

La sequía también es especialmente grave en el norte y noreste del país, donde decenas de localidades están recibiendo agua a través de camiones cisterna. Una situación que podría empeorar en los próximos días, según los alcaldes de la región. "Por ahora hemos conseguido dar una respuesta, aunque todavía es posible que tengamos que implementar medidas más graves", aseguró la semana pasada el presidente de la Comunidad Intermunicipal de Alto Minho, Manoel Batista, en referencia a posibles limitaciones al consumo humano este mismo mes.

Sequía severa

La dramática situación que se vive en todo el país ha provocado fenómenos insólitos, como la aparición de aldeas que fueron inundadas por los embalses hace décadas. Según el último informe del Instituto Portugués del Mar y de la Atmósfera (IPMA), en las últimas dos décadas tan solo ha llovido en los niveles esperados en seis ocasiones. La última actualización de la organización señala que un 55% del territorio se encuentra en situación de sequía severa, mientras que el 45% restante está en sequía extrema, los dos niveles más altos de alerta.

Una vaca bebe agua en la ribera de un embalse en Portugal

/ Efe /Nuno Veiga

La sequía también está afectando a la producción agrícola, que en muchos casos se ha visto perjudicada por el escaso acceso al agua. El Gobierno luso ha anunciado un apoyo excepcional para los agricultores por valor de 500 millones de euros, así como un paquete de 25 millones de euros destinado a mejorar la eficiencia hidrológica de las plantaciones.

Francia: Los Campos Elíseos se tiñen de amarillo

Caen las hojas de los árboles de los Campos Elíseos en pleno agosto. Cualquier turista que se pasee con los ojos mínimamente abiertos, en lugar de petrificados en su teléfono móvil, se dará cuenta de una de las principales novedades de este verano en la famosísima avenida parisina: las hojas de sus árboles se han teñido de amarillo. Y se desprenden de sus ramas. Si no fuera por las temperaturas superiores a 35 grados, cualquiera pensaría que el otoño ha llegado con dos meses de antelación a París. Un trastorno en el tradicional cambio de follaje otoñal que ejemplifica la sequía histórica que sacude Francia.

Tras un mes de julio históricamente caluroso y seco, agosto sigue la misma tendencia. El conjunto de los departamentos (provincias) de la Francia continental se encuentra en una situación de vigilancia por sequía. 22 de ellos están en un estado de alerta reforzada y 68 (de un total de 96) en crisis hídrica, el más elevado de los distintos niveles por falta de agua. Según Météo-France, en julio solo cayeron 9,7 milímetros de lluvia, lo que representa el séptimo mes del año más seco desde que empezaron a medirse las precipitaciones en 1959. Desde marzo de 1961, no se observaba un periodo con tanta poca lluvia en el país vecino.

Restricciones de uso

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Esta sequía ha provocado ya restricciones en el uso de agua, tanto en agricultores como en particulares. En más de dos tercios del territorio galo —en los 68 departamentos en una situación de crisis—, está prohibido regar el césped y solo se autoriza el regadío de huertos y cultivos. Tampoco se permite cambiar el agua de la piscina, lavar el vehículo en el domicilio o limpiar la fachada de una vivienda con agua.

Pese a estas restricciones, este año tan caluroso ha desembocado en situaciones surrealistas en Francia, como una proliferación de la construcción de piscinas en casas de particulares en el norte del país, donde estas infraestructuras resultaban muy poco habituales por el mal tiempo y las bajas temperaturas, incluido el verano. Sin duda, un ejemplo paradigmático de las contradicciones de las sociedades humanas en su adaptación al calentamiento global.