Migraciones

Los desastres ligados a la crisis climática provocaron 24 millones de desplazamientos internos en 2021

Los fenómenos meteorológicos extremos obligan a millones de personas a emigrar sin que sean considerados refugiados

Los desastres ligados a la crisis climática provocaron 24 millones de desplazamientos internos en 2021

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María G. San Narciso

Inundaciones, incendios, olas de calor, sequías... Ningún rincón del mundo está a salvo de las consecuencias de la crisis climática. La ONU asegura que el aumento de las temperaturas es la causa directa de la degradación ambiental, los desastres naturales, las condiciones meteorológicas extremas, la inseguridad alimentaria e hídrica, la disrupción económica, los conflictos y el terrorismo. Y, por tanto, las migraciones. 

Millones de personas dejan cada año sus hogares y se ven obligadas a desplazarse debido a la degradación ambiental relacionada con el cambio climático. La mayoría lo hacen en sus propios países, sin cruzar fronteras internacionales. Según el informe ‘Huir del clima. Cómo influye la crisis climática en las migraciones humanas’, realizado por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR) y la ONG Greenpeace, más de 30 millones de desplazamientos internos en 2020 estuvieron relacionados con fenómenos relacionados con eventos meteorológicos, climáticos y geofísicos. Un número que podría llegar a multiplicarse casi por cinco para el 2050. Según vaticina el Banco Mundial en su informe 'Groundswell', en el peor de los escenarios habría 143 millones de desplazados climáticos. "Prepárense", advertía.

Sin embargo, a día de hoy, y con la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados adoptada en Ginebra en 1951 en la mano, las personas migrantes por razones climáticas no se reconocen como refugiadas. Paloma Favieres, directora de Políticas y Campañas de CEAR, explica que su organización busca avanzar en "interpretaciones más amplias de la definición de refugiados de Ginebra".

"Hay que flexibilizar y hacer una interpretación más inclusiva", explica. Si la propia directiva considera que huir de daños sirve para el reconocimiento de la condición del refugiado ¿por qué no incluir la degradación ambiental? 

Fórmulas alternativas

Alberto Casado, director de incidencia política de Ayuda en Acción, explica que uno de los temores de abrir el debate para incorporar a estos migrantes en la denominación de refugiado en el Convenio de Ginebra es que, en vez de mejorar su protección, se vuelva aún más restrictiva.

"A nivel regional, los países están arbitrando algunos sistemas de protección, que no son tan potentes como el de la condición de refugiados, pero sí que dan cierta seguridad o ayudas por cuestiones del cambio climático", explica Casado.

Entre las fórmulas que estudia CEAR para la protección figura la posibilidad de que se conviertan en apátridas. Serviría, por ejemplo, para aquellas personas que han perdido su hogar debido al cambio climático, como ocurrió con Vanuatu, un archipiélago situado a unos 200 kilómetros al oeste de Australia, en el Pacífico. Un estudio de la fundación británica New Economics lo llegó a llamar "el país de la felicidad" por sus playas desiertas, sus langostinos de agua dulce y su ritmo de vida lento. Ahora, su población ha tenido que migrar por la subida del nivel del mar, que se estima en unos 11 centímetros cada año. 

El Centro de Control de Desplazamientos Internos (IDMC, por sus siglas en inglés), cifra en 1.500 los desastres reportados en 2021, lo que provocó 24,2 millones de desplazamientos internos.

¿A qué zonas afectan?

"Los estados ricos del Norte global, junto con las grandes empresas contaminantes, son los responsables históricos de la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, las regiones del Sur global son las que están sufriendo las peores consecuencias del cambio climático", denuncia el informe 'Desplazamientos y migraciones climáticas: un reto que debemos afrontar', realizado por Ecodes, Ayuda en Acción y Entreculturas.

"De ahí que se hable de la justicia climática y de cómo los países con más recursos deberían apoyar a aquellos que no los tienen o que ya han tenido pérdidas", explica el director de Incidencia Política de Ayuda en Acción, que asegura que hay riesgo de que las migraciones climáticas se extiendan a más países. Señala que hace años era impensable que hubiera gente migrando en Centroamérica por el cambio climático. En los últimos 10 años ocurre sobre todo por las sequías. El Corredor Seco Centroamericano, el Cuerno de África y el Sahel son los grandes focos. En todos tienen problemas con el agua, los pastos y los cultivos, lo que empuja a centenares de miles de familias a moverse por la inseguridad alimentaria que trajo los cambios climáticos.

De este desastre tampoco se libra Europa. Algunos cultivos, como el de la uva, ya se mueven hacia el norte. España, por su situación geográfica y sus características socioeconómicas, es un país vulnerable a los efectos del cambio climático y el que más riesgo tiene de sufrir desertificación de todo el continente.

Mujeres y comunidades indígenas

En las migraciones climáticas también hay desigualdad de género, explica Casado. Las mujeres son más vulnerables porque son quienes mayoritariamente se dedican a las labores agrícolas y por lo tanto se ven privadas de su medio de vida cuando los fenómenos extremos arrasan las tierras. Además, corren más riesgos cuando se desplazan a otros territorios, al ser susceptibles de ser víctimas de trata y de sufrir violencia. "Son uno de los colectivos más desprotegidos", apunta el portavoz de Ayuda en Acción. Las personas mayores, los enfermos, los menores y las comunidades indígenas forman parte de los colectivos más indefensos ante las crisis climáticas.

En las migraciones climáticas también hay desigualdad de género porque las mujeres son más vulnerables

Hay numerosos casos documentados de mujeres afectadas por el cambio climático en Bangladesh que han migrado a la India y han sido vendidas como esposas o han sido víctimas del tráfico de personas para ser explotadas sexualmente. La OMS también ha evidenciado que hay mujeres y niñas refugiadas en el este del Congo y en Guinea obligadas a mantener relaciones sexuales a cambio de comida o refugio para ellas o para sus familias.

Todos estos casos los recoge Beatriz Felipe, autora del libro 'Las migraciones climáticas ante el Derecho internacional' (Aranzadi, 2019), en el informe de Ecodes 'Perspectiva de género en las migraciones climáticas', publicado en el 2019. El informe reclama que los organismos que recogen datos sobre movimientos humanos debido al cambio climático los disgreguen por sexo y edad.

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También invitan a los actores de la cooperación internacional a "impulsar proyectos y programas que promuevan la acción climática con perspectiva de género, con propuestas serias, ambiciosas y urgentes de mitigación y adaptación al cambio climático" y a "fomentar procesos hacia la transición ecológica".

Sobre todo porque los problemas no cesan en el lugar de destino. CEAR apunta que las mujeres migrantes y refugiadas sufren discriminación en las sociedades de acogida por múltiples motivos y que al componente de género se suma el de la nacionalidad y en muchos casos el racial o étnico. "Todo ello son factores de exclusión social -brecha salarial, dificultades de acceso a vivienda para mujeres solas, etc- que no podemos pasar por alto".